Nokton Magazine - Revista cultural

‘Un cine arde…’ y todos salimos ardiendo

¿Qué harías si te quedaran 5 minutos de vida? Puede que decidieras decirle a la persona que quieres que la amas, una vez más. O quizás preferirías pasar tus últimos instantes lamentándote de lo que no has hecho en vida. Ya sabes, eso de “arrepiéntete de lo que no haces, y no de lo que sí haces”. O a lo mejor, simplemente, te vendrían pensamientos absurdos a la cabeza sobre la forma tan tonta de morir que te ha tocado. Porque algunas cosas, como la vida y la muerte, son sólo “porque sí” o “porque no”.

En Un cine arde y diez personas arden, accésit de los premios Marqués de Bradomín INJUVE 2011 de Pablo Gisbert, nos enfrentamos a la absurda (o no tan absurda) realidad de que la vida no tiene ningún sentido. Descubrir que lo que nos sucede tiene causas, pero no razones, es lo que nos hará definitivamente libres.

Los actores de Un cine arde y diez personas arden en una de las escenas del Via Crucis.

Pero pongámonos en situación. Nueve personas (diez, si contamos al espectador invisible, el personaje número diez, que nunca vemos pero que actúa como narrador omnisciente de la escena) están en un cine de reestreno viendo Guillermo Tell. Y mientras ven los trailerrrrrrssss antes de la película (entendiendo trailers como los anuncios previos, y no como un camión enorme) vemos escenas cotidianas de la vida de todos ellos. Escenas difíciles, pero en las que los jóvenes actores del Proyecto Anual de Montaje de la compañía Grumelot se desenvuelven sin problemas. En palabras de Adela Bértolo, una de las actrices, «el éxito de la representación se debe, sobre todo, a sus directores: Carlota Gaviño e Íñigo Rodríguez-Claro».

Y es que comparar una infidelidad con “la solución final” de Hitler en Auschwitz, o hacer explotar un huevo dentro de un microondas, sólo es posible en una obra como Un cine arde y diez personas arden. Es difícil quedarse sólo con una escena (por eso, mejor ir a verla) pero, si hubiera que hacerlo, la coreografía cómica al ritmo de la Obertura de Guillermo Tell es, seguramente, la que más risas arrancó en la sala.

Un cine arde y diez personas arden se estrenó en Nave73 en septiembre de 2015.

Uno de los momentos más íntimos entre el público y la propia obra es aquel en el que, en una pantalla colgada del techo, se van proyectando «cromos» con los problemas familiares más habituales: suicidio, alcoholismo, violencia de género… Y, como si los espectadores fueran un actor más, pueden levantarse de su asiento cada vez que aparezca en la pantalla el «cromo» que le ha tocado vivir. Al final, como los propios actores indican, quien consigue todos los cromos «gana la partida».

En definitiva, una obra mordaz que, a pesar de no haber sido representada hasta el pasado año (su propio autor dijo que era “irrepresentable”) cautiva a un público que, desde el principio, se encuentra con un escenario atípico: los actores están en la grada, y los asistentes, en el escenario. ¿Es posible encontrarle lógica a esta representación? En Nokton Magazine creemos que no hace falta. El buen teatro, como el amor, es “porque sí” o “porque no”.

Puedes ver Un cine arde y diez personas arden los domingos de febrero en El Umbral de Primavera (Calle Primavera, 11, Madrid) a las 20h. Entradas: 12€ anticipada, 14€ en taquilla.

Fotos: Bentor Albelo.

Patricia Muñoz de la Llave

Soy periodista y comunicadora social. Me debato entre escribir e intentar cambiar el mundo. Un día, unas buenas amigas crearon una revista digital, Nokton, y desde entonces, cada vez que puedo y que me dejan, colaboro. Y yo, encantada.

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