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Tsundoku y otras palabras japonesas que te representan

El lenguaje nos define. Tanto que los millennials usan el suyo como un código que les separa de otras generaciones y, antes que ellos, cada generación usó el suyo y cada ciudad, país y sociedad lo hizo con sus particularidades. Al final, entenderse solo es cuestión de voluntad y las palabras seguirán fluctuando y esperando a que les saquemos el máximo rendimiento.

En todo este marco sociológico del lenguaje, si hay una comunidad que lidera el ranking de la precisión y la contundencia, esa es la japonesa. Las palabras en Japón suenan mejor, exóticas y, además, lo dicen todo y abarcan ideas que el pensamiento occidental no ha sabido expresar con la misma puntería. Los japoneses, rodeados de sus cerezos y de sus gatos gordos, se han pasado siglos pensando en las cosas y en cómo expresarlas y joder si lo han conseguido…

Hemos recopilado algunas de las palabras/expresiones japonesas que sintetizan las ideas más esenciales y elevadas de la humanidad. Si leyéndolas alguien no se siente identificado con al menos una de ellas, prometemos devolver el dinero. Vamos.

Tsundoku: acumular compulsivamente libros que luego no vas a leerte

La palabra japonesa tsundoku está de moda porque se adelanta unos pasitos de geisha a la bibliomanía. En su sofisticación parece añadir que, no solo te gustan los libros y los almacenas sin control, sino que eres consciente y hasta encuentras cierto placer en ello.

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Itadakimasu: humildemente recibo estos alimentos

Es como bendecir la mesa en versión japonesa, lo que quiere decir que no hay un dios invitado a comer sino que los comensales se acuerdan de los animales y las plantas que sufrieron para que ellos se den el festín. Ah, con el itadakimasu también dan las gracias a las personas que participaron en el proceso de producción de esos alimentos. BOOM!

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Shoganai: que no se puede evitar

¿Recuerdas esa vez que la cagaste muchísimo sin querer y te atormentaste pensando en el infierno? Pues eso en Japón es menos probable que ocurra porque ellos practican el shoganai, la aceptación de aquello que no podemos cambiar y, además, sin malos rollos de por medio. Lo más aproximado en nuestra cultura sería lo de «si no hay solución, el problema no existe».

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Koi No Yokan: cuando al conocer a alguien los dos sabéis que os vais a enamorar

Y con esto los japoneses superan cualquier expectativa: resumir en tres palabras uno de los sentimientos más especiales en la vida de una persona es nivel poesía. La expresión koi no yokan es mucho más intensa que el aburrido «amor a primera vista» porque denota complicidad, reciprocidad, serenidad y te deja flotando.

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Yuugen: lo profundo y misterioso del universo

Y hasta aquí podemos leer porque, en realidad y como muchas otras palabras japonesas, esta tampoco tiene una traducción literal a otros idiomas. En cambio, la sensación que expresa este término es común a la humanidad. Con yuugen los japoneses hablan de esas veces en las que, haciendo la compra un martes a las 7pm, de pronto te haces super consciente de la inmensidad del universo y de lo pequeña y vulnerable que eres en el cosmos. Típico.

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Komorebi: la luz del sol filtrándose por las hojas de los árboles

¿Lo oyes? Es tu mente dándote las gracias.

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Otsukare sama (desu): para saludar en la oficina

En la cultura japonesa existe una variedad de saludos comparable al catálogo de asos. En concreto Otsukare sama (desu) suele usarse en el ambiente laboral y literalmente significa algo así como «Gracias por tu duro trabajo, seguramente debes estar cansado». Pero esta traducción solo se aproxima a la idea original y lo que de verdad se pretende con ella es decirle a la otra persona que valoras su esfuerzo y su dedicación.

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Nota de la redactora: el uso de dos gifs en los que aparece el actor Jake Gyllenhaal es puramente accidental. ¡Un beso, Jake!

Foto portada (cc): Flickr

Nerea Basterra González

En el periodismo de baldosas amarillas he conocido al hombre de hojalata, al espantapájaros, al león cobarde y al Mago de Oz. Al final del camino estaba Nokton Magazine: ya estoy en casa. *Socia, fundadora y, durante seis años, codirectora feliz. Ahora, escribo.*

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