Nokton Magazine - Revista cultural
Para esa afirmación, últimamente tan recurrente, que dice que en tiempos de crisis siempre se buscan soluciones creativas, Paco Arcos tiene una puntualización: “no debería ser así solo en tiempos de crisis”. Este arquitecto ha ideado una estructura para la exposición de fotografías La otra cara del Caribe, de la ONG Justalegría (del 8 al 19 de abril en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga), cuyo coste no excede los 150 euros y que, además, puede ser montada por una sola persona. Y tiene muchas otras ventajas.
Arcos recuerda todas las posibilidades que existen a la hora de montar una exposición a partir de materiales reciclados: ladrillos, cajas de refrescos, palets de madera, cartón… “Debemos borrar esa creencia de que las exposiciones de calidad no pueden valerse de materiales reciclados porque son basura. Eso lleva a que, por ejemplo, las grandes instituciones no quieran saber nada de este tipo de montajes”.
El arquitecto cree que “hay que apostar por jugar, y educar al público, enseñarle que no todo tiene que ser perfecto”, además de demostrar que “el potencial de un espacio no se limita a sus cuatro paredes”. “Tenemos que olvidarnos de la cuadratura y aprender a reconocer la versatilidad de cualquier lugar”.
De los tubos de PVC cuelga, gracias al hilo de pescar, de cáñamo o de acero, la obra expuesta, en este caso, fotografías de Alfonso Cano y Manuel Herrera que retratan la vida en los bateyes, las plantaciones donde se recoge la caña de azúcar que servirá para elaborar el ron que exporta la República Dominicana, un país que, en muchas de nuestras cabezas, sigue sonando solo a resort y a playa.
La presidenta de Justalegría, Lucía Vázquez, enumera las intenciones de esta exposición y de la ONG que la organiza. “Que la gente sepa dónde está República Dominicana, y no solo Punta Cana. Que conozcan la situación de las plantaciones de caña, cuyos habitantes subsisten bajo un régimen de semiesclavitud, ideado por quienes controlan los cultivos para que no puedan salir de ahí: infraviviendas, ausencia de saneamiento, carencia de derechos para los inmigrantes haitianos…”
Todo esto sucede, detalla Vázquez, “a cinco minutos” de las mansiones de celebridades como Shakira, y en un país en el que están instaladas muchas empresas españolas, que, sin embargo, no contribuyen a generar la riqueza local necesaria para acabar con ese sistema feudal que convive con las pulseritas de todo incluido.
A esa labor hay que sumar la que Justalegría realiza a este lado del Atlántico: la de sensibilización. “Hay que saber qué pasa en todos lados”, afirma su presidenta, que añade que el objetivo es “que estas fotografías despierten un gusanillo en la gente, para que, como ciudadanos, reclamen a sus gobernantes un cambio mundial en este sistema que se resquebraja”.
La exposición forma parte de una ”gira” con la que Justalegría ya ha pasado por dos facultades de la Universidad de Málaga (la de Trabajo Social y la de Ciencias de la Información, donde se encuentra esta semana) y planea visitar otra, la de Económicas, del 13 al 24 de mayo.
El motivo de escoger, precisamente, a esta comunidad, a la universitaria, es que son los estudiantes, subraya Vázquez, “quienes heredarán nuestra sociedad y de quienes, con toda probabilidad, surgirá nuestra nueva clase dirigente”. “Queremos que los ingenieros, los maestros y los médicos del futuro tengan conciencia social. Es un objetivo ambicioso, y a largo plazo, pero es que ninguna acción debe estar pensada a corto plazo. Queremos plantar una semilla en la conciencia de la gente”.
Fotos: Alfonso Cano/ Manuel Herrera/ Paco Arcos/ Justalegría
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