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Los lienzos negros de Marina Kaysen

Ahora que empezamos a escuchar a los artistas renegar de un arte social, cuestionar de alguna forma la naturaleza comprometida de su trabajo para que lo aceptemos como la mera expresión plástica de sus ideas y sentimientos (sin tintes de ONG ni pretensiones de salvar el mundo), la fotografía de Marina Kaysen cobra aún más sentido.

Madrileña, en la veintena, la artista no es desconocida para una nutrida lista de seguidores que comentan su trabajo en redes sociales y llenan de corazones las fotografías que publica. Muchos, seguro, incluso van más allá y se adentran en su universo artístico, pasando del primer vistazo y llegando al núcleo de su trabajo: allí tampoco hay sitio para sus problemas, Marina y sus sombras ocupan absolutamente todo.

‘Night after Studio 54’, fotografía de Marina Kaysen.

«Si no hiciera fotos, me habría vuelto completamente loca hace mucho tiempo», responde Marina en una entrevista cuando le preguntamos si la fotografía le resulta terapéutica. Ella es muy consciente de que lo que retrata no es una película de Disney y que habrá quien se lo piense dos veces antes de profundizar en sus ideas: «Hago pensar en cosas que duelen y las evoco»,  nos cuenta.

Mujeres jóvenes e imperfectas son el objetivo de su cámara. No están tristes, pero transmiten tristeza; no saldrían en la portada de Vogue, pero su belleza es incomparable. Esta bipolaridad es lo que da valor a las fotografías de Marina: «Todo cuerpo femenino es delicado y, a la vez, duro como un diamante. Puede parecer frágil, pero su naturaleza le impide llegar a romperse», explica.

‘Lights in Miami begin to gleam’, Marina Kaysen.

Por ello, sus modelos deben estar preparadas para todo. Es requisito indispensable «que no les importe que les haga fotos con el rímel corrido, con sangre por el cuerpo o en pleno invierno sin apenas ropa en un bosque». Una puesta en escena que responde al ideal estético de la artista: «En lo que más encuentro belleza es en la tristeza, en la melancolía, en la muerte…» dice, y añade: «pero mentiría si no dijera que encuentro belleza en absolutamente todo cuanto existe».

Esto es lo que hace especial a Marina Kaysen, su capacidad para traspasar la herida, más aún cuando es la suya propia: «Podría decirse que la oscuridad es solo un lienzo negro porque es lo que nos han enseñado, pero si fotografías la oscuridad, es entonces cuando la ves, y ves que es algo más».

También ella ve algo más en mujeres como Lana Del Rey o Sylvia Plath, en quienes se inspira «porque hacen arte de su tristeza, de recuerdos viscerales. Todo lo que cuentan (tanto Lana en sus canciones y vídeos, como Sylvia hizo hasta el día de su muerte en sus poemas) simplemente late, sangra, está vivo y respira, aunque estén hablando de la nada más profunda».

La soledad del ‘Mermaid motel’.

Reconocer los sentimientos que necesita expresar mediante el arte (sus fotografías, sus vídeos o los poemas que escribe) no es siempre fácil. A veces, como nos confiesa, «meses después de haberlo sentido con demasiada intensidad, soy capaz de comprenderlo, algo en mi cerebro hace click y de repente crea una serie de imágenes que no existen, entonces es cuando tengo que crearlas yo misma».

El proceso culmina en series fotográficas muy personales, aunque reconocibles para las mujeres que se aproximen a sus vivencias. Marina dice que no pretende abanderar a ninguna generación, «pero si algunas se sienten identificadas con mis trabajos, bienvenidas sean». Como nos cuenta, estos van «más allá de la famosa sad girl culture y del revival de la misma causado por Tumblr», por lo que no cualquier chica de 20 años se identificará con ellos.

En su opinión «a las chicas de mi generación les asusta el no ser aceptadas – por la sociedad, por sus amigas, por su pareja, por sus padres, por su propio reflejo». Si consiguen superar ese miedo y asomarse sin él a las fotografías de Marina Kaysen, puede que acaben descubriéndose de otra manera.

Más fotografías y vídeos en la página web de Marina Kaysen, su canal de vimeo y su página de Facebook.
Nerea Basterra González

En el periodismo de baldosas amarillas he conocido al hombre de hojalata, al espantapájaros, al león cobarde y al Mago de Oz. Al final del camino estaba Nokton Magazine: ya estoy en casa. *Socia, fundadora y, durante seis años, codirectora feliz. Ahora, escribo.*

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