Nokton Magazine - Revista cultural
Claire de Montlicavault dibujando en el metro.
Una barra a la que agarrarse o un asiento de plástico que ejerce de sofá, un teléfono o un libro en la mano de atrezo, un pasajero inadvertido de modelo, y las miradas de auténticas protagonistas; elementos que unidos componen retratos de cotidianidad. El metro se transforma así en taller de pintura a través de la mano de Claire de Montlivault, una artista que ha captado esas Miradas de Metro que componen el lienzo de lo diario.
Entre Argüelles y Pinar de Chamartín (línea 4 de Metro Madrid) cargada con un cuaderno y una paleta de colores primarios has podido encontrar, sentada en un rincón del vagón, a esta dibujante que en diferentes trayectos durante 2013 y 2014 ha mirado a los ojos a sus compañeros de travesía. Un ejercicio transformado en pintura que desarrolla ese antiquísimo juego de imaginar la historia de una persona que encuentras al azar. Claire recoge el instante en retratos crudos, cargados de expresividad a través de la línea, y completos en medida de las paradas recorridas. Como si se tratase de una pintura en exteriores, donde la luz perfecta solo dura unos minutos, la artista ha de captar la esencia del que podríamos llamar ‘no modelo’ en un tiempo incierto, el que tarde en bajarse del vagón.
La colección de dibujos que componen Miradas de Metro se encuentra actualmente expuesta en la sala Expo Metro, tras dos años cerrada, convirtiendo el espacio en que se ubica al pie del andén en un completo itinerario del interior del tren. Un compendio de edades, colores y maneras que corroboran que el espacio urbano es espacio de diversidad. En las descripciones de la artista que acompañan a cada uno de los dibujos excava en las sensaciones emanadas, en los sentimientos compartidos entre quien mira y quien se deja mirar. Cada texto transporta al momento de la creación a través de aquellos detalles que en ocasiones se obvian precisamente por ser compartidos; poner la mirada en un libro o en el móvil, desabrocharse el abrigo, intentar no ser observado. Colores; los de la mirada, la ropa y el cabello, y actitudes; de cansancio, de prisa o de excitación, se comparten entre la imagen y el texto con frases como «me gustaron sus ojos azules gélidos, pero a ella no la gustó que la mirara», “tenía la boca comida por las arrugas y se aplicaba tal como una niña en escribir su mensaje”, o “leía en kindel, despeinado, engullido por su camisa, los muslos desnudos, casi sin vello”.
La inmediatez, la falta de comodidad, los gestos innatos y muy especialmente las miradas se materializan en retratos urbanos en los que el protagonista solo busca una parada de destino.
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