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El verdadero motivo para hacer las cosas

 

Cuando una mañana te levantas y no tienes buenas sensaciones te dan ganas de envolverte de nuevo en las sábanas y esperar a que todo pase lo más rápido posible. Que la claridad sea vencida por lo oscuro y que, en un último intento de lucha, en la última batalla de lo que parece una guerra eterna, finalmente el sol traiga la siguiente oportunidad. Un nuevo día. Quizás en ese tiempo todo tenga más sentido. Pero la fuerza y decisión de la oportunidad idónea no depende solamente de la manera en la que se levante el día ni en los sueños que han coloreado tu cabeza la noche anterior. Al final todo queda en tu mano. Si no sientes ese resorte que te expulsa del lecho, no lo hagas.


Que el alma de tus anhelos quede fijada en cada paso queda en tu mano. Si tu genialidad no se filtra por las minúsculas grietas de las paredes que nos atenazan, no es culpa de los demás. El peso de no hacer las cosas por sentirlas, con la pasión que necesitas, no cae en las espaldas de los demás, sólo te corresponde a ti llevarlo. Si no te sale de verdad, si no forma parte de lo que eres, de lo que quieres compartir, no lo hagas. Sólo dejando todo el resto en todo lo que emprendemos exprimimos al máximo cada segundo. Sea lo que sea que quieres hacer con tu vida, hazlo por ti mismo, porque nazca el fuego de tus entrañas, porque salga a borbotones por cada poro de tu piel. No lo hagas por los demás, por lo que vendrá, por los premios y las buenas palabras. Hazlo porque lo necesitas, porque eres único y original. Charles Bukowski tenía ese volcán en erupción en si interior y la única manera de canalizar la lava que lo devoraba era a través de la escritura. Muchos jóvenes que lo veían tambalearse en los bares, presos de admiración, le pedían consejo sobre cómo ser un buen escritor. La mejor respuesta que les pudo dejar fue un poema. Un consejo marca caminos en la vida. Vivir una vida de verdad. White Label recupera el mensaje de esencia y búsqueda de lo excepcional de una de las voces poéticas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX.

A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.

No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

Foto: JBracken (cc)
Peggy Olson

Foto (cc): Donovan Beeson

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Peggy Olson
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