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Dulce Navidad debe de ser esto…

La Navidad son tradiciones. Culturalmente no hay nada en estas fechas que no sea una repetición constante de ritos y, el rito madre, el que pasa como una apisonadora con Papa Noel al volante por encima de los demás, es la comida navideña. Por el momento no se ha encontrado ninguna evidencia científica de que estos días «comemos hasta reventar», pero que lo hacemos es tan cierto como que este año tampoco te ha tocado El Gordo.

Nos queda el consuelo de que las comidas navideñas son una tradición a escala internacional y no queríamos llegar a Nochebuena sin hablar de su parte más amable. Carne de Instagram, pecado inocente y pesadilla recurrente de cada mes de enero, estos dulces son una radiografía de las navidades en otras partes del mundo.

Bûche de Noël – Francia

Cuando los franceses acaban con las ostras y el salmón ahumado de la comida de Navidad sacan el bûche de Noël y le meten mano sin piedad. Este postre típico y con aspecto de tronco achocolatado deriva de una tradición del siglo XII por la que en Francia, en Navidad, se adornaba un tronco grande y fuerte que luego terminaba hecho cenizas. Estas cenizas se guardaban porque daban buena suerte, del bizcocho seguro que no queda nada.

Bûche de Noël, dulce típico de la Navidad en Francia.

Risalamande – Dinamarca

El risalamande se sirve con salsa de cerezas y un vaso de schnapps.

Tampoco los daneses se privan en la mesa de Navidad. Si de plato principal no falta el cerdo asado con patas y repollo, de postre se sirve el conocido risalamande. El dulce se las trae (no apto para diabéticos): lleva arroz con leche, nata montada, vainilla y almendra picada y normalmente se toma frío y servido con una salsa de cereza, la kirsebærsauce de toda la vida. Este postre es como el equivalente a nuestro Roscón de Reyes, porque dentro lleva una almendra escondida y, quien la encuentra, tiene premio. Para acompañarlo, se brida con una copita de schanapps, un aguardiente con gas.

Christopsomos – Grecia

También conocido como pan de Cristo, los griegos ortodoxos cocinan esta hogaza la víspera de la Navidad. La creencia es que Cristo visitará sus hogares esa noche y comerá de su pan, por lo que no reparan en gastos y utilizan los mejores ingredientes a su mano. El christopsomos se suele decorar con motivos diferentes según la región, aunque la tradición manda coronar el pan con una cruz griega. Además, se aromatiza con almáciga, una resina obtenida del arbusto de pistacho y con un sabor dulce característico.

Christopsomos o pan de Cristo, un clásico de la Navidad griega.

Mince pie – Inglaterra, Estados Unidos y Canadá

Además del tradicional christmas pudding que no falta en el menú británico de Navidad, en Inglaterra son muy fans de estas tartaletas rellenas de frutas secas escarchadas llamadas mince pies. Si nosotros llenamos nuestros zapatos de caramelos y les dejamos algún que otro polvorón a los Reyes Magos, los niños ingleses hacen lo propio la noche del 24, cuando cuelgan sus christmas stockings en las chimeneas y apartan algunos de estos dulces para que Santa Claus se tire el rollo. Los adultos, por su parte, se comen su mince pie acompañado de un posset, un ponche hecho con leche caliente, huevo, azúcar, cerveza o vino.

El mince pie también es típico en Estados Unidos y Canadá.

Lussekatt – Suecia

Dice la leyenda que, hace mucho tiempo, un pequeño pueblo sueco que pasaba hambre recibió un día la visita de una niña con velas en la cabeza que repartía estos bollos dulces: era Santa Lucía. En la actualidad, la pequeña santa es toda una celebritie en Suecia y, todos los días 13 de diciembre, una Lucía elegida por votación popular en colegios e iglesias desfila con una túnica blanca agasajando a sus vecinos con los lussekatter. Un buen detalle, porque no hay nada como un desayuno de estos bollos de azafrán para alegrarte el día.

El lussekatt se encuentra normalmente en su forma más tradicional: haciendo una ese.

Delizia Pastelería Artesanal / Elizabeth /Pille / Emily Carlin / Alpha / Erik Forsberg

Nerea Basterra González

En el periodismo de baldosas amarillas he conocido al hombre de hojalata, al espantapájaros, al león cobarde y al Mago de Oz. Al final del camino estaba Nokton Magazine: ya estoy en casa. *Socia, fundadora y, durante seis años, codirectora feliz. Ahora, escribo.*

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