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Dos décadas de Chemical Brothers: el golpe de batería que lo cambió todo

Aunque ya han pasado dos décadas, la onda expansiva se prolonga hasta nuestros días. Aquello no era dance, ni funky ni hip-hop; tampoco rock o psicodelia. Y, sin embargo, el artefacto incluía todo eso y más. En 1995 tuvo lugar la explosión de un género, el big beat, que supuso una nueva forma de entender la música de baile y la fiesta, y cuyo detonante fue Exit Planet Dust, el debut de los Chemical Brothers, ya confirmados para el próximo Sónar de Barcelona. El álbum cumple 20 años en 2015 y es parte ya de nuestra Roca Madre.

El de los Chemical (Tom Rowlands y Ed Simons) con el big beat es uno de los pocos ejemplos de géneros cuyos pioneros se encuentran tan claramente identificados. Fue la prensa especializada la que empezó a referirse así a la música que hacían estos dos británicos, por su afición a romper la base rítmica de sus temas con golpes de batería y terminar los compases con grandes beats.

Esa característica dibujó un nuevo escenario para la música dance, más complejo y expresivo o, como dirían nuestros padres, menos machacón, y situó al big beat en el centro del mismo. El mundo caminaba de otra manera, vestía de otra manera, consumía de otra manera y se colocaba de otra manera. Así que tenía que sonar diferente.

Los Chemical fueron capaces de tomar sonidos pesados y casi industriales y combinarlos con  la influencia psicodélica y rítmica de bandas tan legendarias y lejanas como los Beatles y Led Zeppelin. Después llevaron ese cóctel al corazón de las raves, esas fiestas que se prolongaban durante noches y días enteros y que venían horrorizando a padres, madres y noticieros conservadores desde mediados de los ochenta.

Se acercaron a los mejores vocalistas de rock de su época, como Noel Gallagher y Richard Ashcroft, bebedores de las mismas influencias que ellos, para que pusieran voz a la experiencia mística y casi alucinógena de su música y, sin embargo, lograron mantener su papel protagonista, hasta entonces pocas veces visto en pinchadiscos. Fue, en parte, gracias a los montajes audiovisuales de sus conciertos y a sus cameos en sus espectaculares videoclips, pero lo cierto es que sus breaking beats los habían hecho poderosos.

Precisamente, el título del debut del dúo británico, Exit Planet Dust, habla de ruptura, pero se refiere a una cuestión personal: hasta entonces, los Chemical Brothers habían sido los Dust Brothers pero, al aumentar su popularidad, un grupo más antiguo con el mismo nombre amenazó con tomar acciones legales contra ellos, y se vieron obligados a cambiarlo.

En sus inicios, los entonces todavía Dust Brothers ya habían intentado colar uno de sus temas, ‘Song to the siren’, en todas las discográficas que encontraron a su alcance. Éstas lo rechazaron porque, según su criterio, sus 111 beats por minuto lo hacían demasiado lento. Sin embargo, cuando el dj Andrew Weatherall lo escuchó, decidió incluirlo en todas sus sesiones y fichar a los Chemical para su sello, Junior Boy’s Own, con el que Rowlands y Simons publicarían en 1995 Exit Planet Dust. Un año más tarde ya era disco de oro.

Fue entonces cuando el mismo motivo por el que las discográficas habían rechazado las maquetas de los Chemical –demasiado lentas- se convirtió en uno de los preceptos del big beat, ese término que empezó a emplearse para definir también lo que estaban haciendo otras bandas históricas como Propellerheads y Fatboy Slim: las canciones debían mantener un ritmo entre 110 y 136 golpes por minuto. Toda una transgresión en la música de baile. Y es que, si la frecuencia cardíaca de un corazón humano en reposo rara vez supera los 100 latidos por minuto, ¿quién necesita más beats?

Fotos: Serjão Carvalho (cc) / fotostijnl (cc)

Manuela Astasio

El periodismo cultural es ese novio que, aunque no tiene un duro, es tremendamente divertido. Yo tampoco tengo un duro, pero espero contribuir a vuestra diversión.

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