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Dennis Hopper en el retrovisor

Al actor, director y artista Dennis Hopper (1936-2010) no le asustaba cambiar de dirección. Dos años antes de su muerte, tras toda una vida simpatizando con la causa republicana, decidió que votaría al demócrata Barack Obama. Estuvo a ambos lados de fronteras como la droga, el matrimonio y el éxito, pero siempre supo reanudar el camino, hasta que le venció el cáncer. El Museo Picasso de Málaga expone ahora 141 de las imágenes que este granjero de Kansas, testigo privilegiado de los movimientos contraculturales norteamericanos, tomó entre 1961 y 1967, antes de abandonar la fotografía para siempre.

Autorretrato. Los Angeles, 1963 © The Dennis Hopper Art Trust. Cortesía of The Dennis Hopper Art Trust

Fue James Dean quien animó a Hopper, al coincidir con él al principio de su carrera en Rebelde sin causa (1955) y Gigante (1956), a que se encaminase hacia el arte y la fotografía. Dean, que también había crecido en una granja, tuvo una importancia breve, pero muy intensa, en la vida de Hopper, quien sufrió una enorme conmoción tras su muerte, días después de finalizar el rodaje de Gigante. Poco después, Hopper tuvo un enfrentamiento con el director Henry Hathaway durante el rodaje de Del infierno al Texas (1958), que lo apartó varios años del cine y empezó a dibujar esa etiqueta de maldito que arrastró toda su carrera. Fue entonces, en el período que precedió a su consagración como actor y director con Easy Rider (1969), cuando Hopper se enfrascó en la fotografía.

Nueva York (Chicos jugando al béisbol), 1961 © The Dennis Hopper Art Trust. Cortesía of The Dennis Hopper Art Trust

Las imágenes de Dennis Hopper. En el camino funcionan como una suerte de prólogo de la road movie que rodaría después, llenas de carreteras secundarias, gasolineras, retrovisores y paneles de anuncios de una realidad que a veces parece un cuadro de arte abstracto. También está el Hopper fascinado por la publicidad y el arte pop, en el que él mismo haría sus pinitos –aunque, como se puede apreciar en la muestra, no demasiado notables-, en compañía de Andy Warhol, Roy Lichtenstein y David Hockney, a los que retrató cuando todavía formaban parte de la vanguardia y no de la historia, y que también están presentes en la exposición a través de algunas obras de la colección de Hopper, una de las más importantes del arte moderno.

Hay también cine, mucho cine; en el encuadre de Hopper, que inmortalizó los guetos del Nueva York de los sesenta con una plasticidad digna de West Side Story, y en sus modelos, entre los que figuran un sugerente Paul Newman bajo la sombra de una alambrada, una escultural Jane Fonda antes de disparar armas retrofuturistas en Barbarella (1968) y una hermosa Tuesday Weld al volante de un descapotable. El Museo Picasso también ha reunido extractos de películas, tomados de una muestra anterior de la Cinemateca francesa, que rememoran a ese Hopper lleno de talento al que no echaban de los rodajes.

Jane Fonda (práctica de puntería), Malibú. Los Ángeles, 1965 © The Dennis Hopper Art Trust. Cortesía of The Dennis Hopper Art Trust

Y, por supuesto, hay música. Grateful Dead, Ike y Tina Turner, James Brown, Jefferson Airplane y Buffalo Springfield, entre otros, esperan al visitante en las fotografías y en los auriculares que cuelgan de muchos expositores. Así como Easy Rider fue una de las primeras películas cuya banda sonora se valió de música ya existente, Denis Hopper. En el camino es, probablemente, una de las pocas exposiciones que cuentan con su propia lista de Spotify, cortesía del Museo Picasso.

Hopper no necesitó ni una década para estar en todos los lugares adecuados en el momento adecuado: el San Francisco de Allen Ginsberg, los discursos de Martin Luther King, la Marcha del Millón de Hombres y la habitación de Ike y Tina Turner cuando aún no se querían estrangular el uno al otro. Después de Easy Rider apenas volvió a coger la cámara de fotos; quién sabe, quizá la vorágine de su propia vida no le dejó tiempo para apretar el disparador. Queda en el retrovisor la mirada de un joven nacido en una granja de Kansas que empezaba a abrir los ojos al mundo.

Dennis Hopper. En el camino estará en el Museo Picasso de Málaga hasta el 29 de septiembre. Las entradas pueden comprarse por Internet y cuestan 4,5 euros (exposición), 6 euros (colección permanente) y 9 (combinada). Cada dos jueves es posible asistir a una visita guiada, gratuita con la adquisición de la entrada. Existen descuentos del 50% para mayores de 65 años, estudiantes menores de 26 y grupos de más de veinte personas (reserva previa). Los desempleados, los menores de edad y los titulares del carné joven EURO entran gratis.

Fotos cedidas por Museo Picasso

Manuela Astasio

El periodismo cultural es ese novio que, aunque no tiene un duro, es tremendamente divertido. Yo tampoco tengo un duro, pero espero contribuir a vuestra diversión.

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