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Charlie Hebdo y el lado inhóspito del humor

En el programa de La Mitad Invisible (La 2 de TVE) dedicado a la serie de Faemino y Cansado El Orgullo del Tercer Mundo la catedrática de la Universidad de Navarra Natalia López Moratalla da una bella y completa definición de lo que significa el humor en el cerebro humano. Se trata, dice esta especialista en bioquímica y biología molecular, autora de varios estudios sobre humor absurdo, de “un piropo que le echamos a nuestra propia inteligencia”.

“El núcleo fundamental del humor consiste en captar el error en un proceso lógico […] La búsqueda de la verdad es innata en los humanos. Por eso, la detección del absurdo genera una recompensa de alegría y regocijo”, le explica López Moratalla a Juan Carlos Ortega, presentador del programa y también humorista. “El humor es crear una situación en la que uno mismo dice: ‘Bueno, podría ser peor’. Ése es el gran regalo que nos hacen los humoristas”, agrega. Entonces, si, como dice esta catedrática, el humor es un piropo que le echamos a nuestra inteligencia, ¿dónde están sus límites?

Cabu, uno de los dibujantes asesinados en París.

De ellos se habla mucho estos días, a raíz del ataque a la revista satírica francesa Charlie Hebdo, en el que murieron doce de las diecisiete personas (sin contar a los terroristas, abatidos por la policía) que han sido asesinadas en una de las semanas más aterradoras que París recuerda. No parece éste ni el momento ni el lugar para discutir si la libertad de expresión y los límites del humor eran los verdaderos y únicos objetivos de los autores del atentado. Por otro lado, Charlie Hebdo, amenazada desde que publicó unas caricaturas de Mahoma, se había ganado muchos enemigos por su humor provocador e insolente, y no solo entre los yihadistas. Algunos de ellos son los que hoy dicen ‘Je suis Charlie’. Otros, en cambio, siguen recordando estos días desde las redes sociales y las columnas de opinión que, a su juicio, la publicación “se pasaba” a menudo de la raya con sus chistes y viñetas.

Pero ¿acaso el humor no consiste, precisamente, en pasarse de la raya? Haciendo nuestras las palabras de López Moratalla y dándoles otra vuelta de tuerca, si el humor es una especie de acertijo en el que hay que buscar el error y el absurdo, entonces, requiere de forma casi necesaria pasarse de la raya. Porque para desafiar lo lógico, lo que esperamos, las convenciones y los límites morales y costumbristas que establecemos como individuos y como sociedad hay que pasar determinadas rayas.

El humor es explorar y transgredir mentalmente los límites de lo que en la vida real entendemos como normal; es Gila vestido de soldado preguntando tranquilamente por el enemigo por teléfono -¿alguien pensó que estaba banalizando un conflicto armado?-, es Louis CK hablando de negros y maricas en sus monólogos y jactándose de que, si pudiera, él volvería a elegir nacer blanco, para escenificar, en realidad, la discriminación que todavía domina la sociedad estadounidense. El humor va, por tanto, de hiperbolizar la situación que tenemos ante nuestros ojos para verla con otros distintos y entender que quizá no sea tan normal como nos hemos acostumbrado a aceptar. O bien que, como dice la catedrática, podría ser peor.

Por eso, el humor puede resultar molesto. Porque no todos somos tan inteligentes como para autoregalarnos esos piropos de los que habla López Moratalla. Ni siquiera los inteligentes son inteligentes todo el tiempo ni en todos los aspectos. Algunos de los que vitoreaban las caricaturas de Charlie Hebdo sobre Mahoma no toleran, sin embargo, las viñetas de Mongolia en las que aparece la Virgen de la Macarena. Ninguno de nosotros está a salvo, todos tenemos algún tipo de debilidad, ya sea un equipo de fútbol, un amor incondicional a los animales, una filiación política, un credo religioso, un prejuicio o algún suceso traumático en nuestras vidas del que no aceptamos bromas. Pero ¿implica eso que deban ser restringidas?

Quizá el límite del humor esté, algunas veces, junto al límite de nuestra agudeza o capacidad de transgresión, donde acaba nuestra habilidad para ver un chiste, un acertijo o un juego de lógica en lugar de una ofensa o afrenta a lo que concebimos como normal y deseable. Puede que por eso algunos quieran cercarlo; para no topar con sus propias barreras mentales. O para construir otras nuevas alrededor de los cerebros de los demás.

Viñeta publicada hace años en The New York Times.

Fotos: Jean Baptiste ROUX (cc) / François Picard /

Manuela Astasio

El periodismo cultural es ese novio que, aunque no tiene un duro, es tremendamente divertido. Yo tampoco tengo un duro, pero espero contribuir a vuestra diversión.

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