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Cerocoma: Lucha interna

El proyecto de Cerocoma surge de una realidad: que las nuevas generaciones cada vez dedican menos tiempo a la lectura. Y cuando lo hacen es en formatos de consumo rápido. Por eso se han planteado fomentar la lectura adaptándola a estas nuevas formas de consumo a través de historias cortas que puedes leer mientras se enfría el café, esperas al autobús o estás sentado en el lavabo. Así que aquí también podréis acceder a esos relatos. Hoy nos proponen: Lucha interna. Además cada relato irá acompañado de una ilustración. En este caso creada por @pablozerda

 

Lucha interna

Hay un sueño que se me repite cada noche. Aunque tal vez, debería llamarlo pesadilla. Hace meses que vive conmigo. En mi cama, en mi cabeza o en la oscuridad de mi habitación. No lo tengo claro. La única certeza es que al cerrar los ojos y sucumbir al cansancio, aparece de nuevo y yo vuelvo al mismo punto de partida. 

Me encuentro en un pasillo oscuro y avanzo a tientas palpando la pared con la mano. Mis pasos son cortos y por mucho que trato de darlos en línea recta, descubro que el túnel traza un recorrido circular. Como si girara entorno a algo. Entonces entiendo dónde estoy. En un estadio. 

Las gradas están vacías y los focos apagados. Tan solo una luz tenue ilumina el centro de la pista donde se encuentra un ring de boxeo. El silencio es absoluto y el único sonido que alcanzo a oír es el de mis pisadas acercándose al cuadrilátero. De lejos intuyo la figura de dos luchadores y cuando estoy a escasos metros, descubro que ambos soy yo. Sin poder apartar la mirada de ellos, entiendo que el boxeador de la izquierda soy yo hace unos meses, mientras que el de la derecha soy yo en la actualidad. En ese instante, el eco de una campana rebota por todo el pabellón y empieza el combate. 

Seguro de sí mismo, el yo del pasado toma la iniciativa y avanza hacia su oponente. La mirada fija, los puños en alto, la mandíbula tensa. El yo de ahora, evita el contacto visual y decidido a no presentar batalla, se acurruca en el suelo más cercano a su esquina, cubriéndose el rostro con las manos. 

El yo del pasado no duda ni un momento y golpea con fuerza al yo de ahora. Cada gancho, cada puñetazo, cada envite es un reproche. Una promesa distinta que el yo del pasado se hizo y el yo de ahora está incumpliendo. El yo del pasado no se detiene y usa la violencia para recordarle al yo de ahora la persona que decidió ser y hoy no es. 

El yo de ahora consigue levantarse con dificultad y se abraza al yo del pasado. Tal vez  buscando una pequeña tregua. Tal vez porque lo admira. Y es en ese momento cuando recibe el último golpe. El más doloroso de todos. Y no es otro que el yo del pasado susurrándole en el oído “Eres un cobarde”. 

Entonces el sueño se termina y me despierto de golpe. Tengo el cuerpo entumecido y esas tres malditas palabras todavía resonando en el interior de mi cabeza. Y una vez más, entiendo que mientras en mi día a día no sea fiel a lo que me prometí, por las noches seguiré peleándome conmigo mismo.

 

 

Firma: @cerocoma_  

Ilustración: @pablozerda

Cerocoma

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