Nokton Magazine - Revista cultural
Que nos sentimos invadidos por el poder de la razón y la fuerza irrefutable de la lógica en cuanto a sentimientos ajenos se refiere no es un secreto para nadie. Tampoco para quien se acerque durante los próximos días – y hasta el 1 de diciembre – hasta el generoso escenario de la sala de teatro madrileña El Sol de York para asistir a la producción teatral Cena con amigos, versión de la premiada obra de Donald Margulies llevada a cabo por el dramaturgo argentino Daniel Veronese.
También aquí el espectador, desde su butaca y observando cómo acontecen el desamor y las lágrimas sobre las tablas, puede permitirse el juicio anónimo y el gesto familiarizado, pues quién no ha vivido en alguna ocasión el mal trago de tener que consolar a un amigo aquejado de desgracias sentimentales. Legitimados tras la careta del que escucha y empatiza todos hemos fruncido el ceño, entre atónitos, escépticos y preocupados, ante esas historias que hablan de equivocaciones y tiros fallidos, para luego, en soledad, asegurarnos de que la bala no ha llegado a rozarnos.
La de Cena con amigos es una historia conocida. Dos parejas inseparables. Por un lado Karen (May Pascual) y Gaby (Orencio Ortega), casi ejemplares, tan felices con sus trabajos, sus viajes llenos de anécdotas, sus hijos y un matrimonio sólido. Sus vidas no estarían del todo llenas si no las compartieran con Bea (Gloria López) y Tomás (José Olmo), a quienes presentaron hace ya muchos veranos en la casa de la playa. Bea con sus pinturas a medio terminar en algún rincón del trastero, Tomás siempre viajando, cumpliendo con el deber que conlleva la abogacía. Pero los cuatro juntos, criando a sus hijos y compartiendo los placeres de la clase acomodada. Es ciertamente dramático que, durante una agradable cena, se descubran de repente las grietas de lo que, sin duda, no era una relación perfecta, la de Bea y Tomás. El antes y el después no solo de una pareja, sino de una vida en común y una amistad a cuatro que parecían férreas.
La dirección de Veronese extrae con pulso de cirujano – el mismo que demostró en 2012 en la dirección de ¿Quién teme a Virginia Woolf? – el tejido muerto de cuatro personas tocadas por la misma bala. Como él mismo advierte, no habrá finales complacientes en este texto ganador del Premio Pulitzer en el año 2000. Habrá seguro silencios tensos, cargados de preguntas no formuladas y de sentimientos antiguos que parecen recién llegados. Con cuatro excelentes interpretaciones agudas en la comedia y contundentes en el drama, Cena con amigos se mueve entre la inevitable necesidad de proyectarnos en quien tenemos más cerca y el vértigo que provoca nuestro reflejo distorsionado.
Foto cabecera: Sergio Parra.
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