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Carlos Vermut, el director que vino del cómic

“Yo veía Sailor Moon porque la ponían en la tele por las mañanas cuando iba a ir al colegio”. ¿Qué persona de entre 25 y 35 años no se siente identificada con estas palabras? Este comentario, que provoca que nos invada la nostalgia de nuestra etapa preadolescente, no pertenece a cualquiera, sino a Carlos Vermut, un director y guionista novel que, con su segunda película, Magical Girl, ha cosechado dos de los galardones más importantes del panorama cinematográfico: la Concha de Oro y la Concha de Plata al mejor director en la 62 edición del Festival Internacional de Cine de san Sebastián.

Vermut, ilustrador y dibujante de cómics reconvertido a cineasta, confiesa a Nokton Magazine que se empezó a interesar por el mundo del manga y el anime cuando tenía 12 años, mientras veía series tan míticas como Bola de Dragón o Los Caballeros del zodiaco, “era muy fan, me gustaban muchísimo”. El género Magical Girl (los más puestos en el tema sabrán que nos referimos al Maho Shojo, una variedad de manga y anime cuyas protagonistas son heroínas que poseen algún objeto mágico o algún poder especial) no estaba entre sus favoritos por ser “más de chicas”. La nube kinton de Son Goku y las armaduras de Seiya y compañía ganaban por goleada, entre sus preferencias, ante los pomposos y coloridos trajes de estas poderosas y pizpiretas muchachas. ¿Quién le iba a decir a Vermut entonces que, muchos años después, uno de estos vestidos se convertiría en un elemento clave de su éxito? El vestido de Magical Girl Yukiko es el desencadenante de la trama del celebrado film. Para conseguir este fetiche un padre desesperado, Luis (Luis Bermejo), inicia una peligrosa dinámica de chantajes con Bárbara (Bárbara Lennie) y Damián (José Sacristán); dos personajes que, por cosas del azar, se cruzan en su camino.

El vestido de Magical Girl Yukiko es el objeto de deseo, desencadenante de los chantajes del film.

Su paso del cómic al cine se ha ido orquestando “muy poco a poco”.  Amante de la filmografía coreana contemporánea, de la japonesa de los 60 y 70 y seguidor de “directores con enjundia” como Tarantino o Cronenberg, Vermut siempre tuvo la espinita de adentrarse en los misterios del séptimo arte. Un día, impulsado por esta pasión latente, decidió salir de su zona de confort, se compró una cámara y empezó a rodar. Primero vinieron sus tres cortometrajes y luego su logrado, aunque casi desconocido, debut en el largometraje, Diamond Flash. Su siguiente paso fue Magical Girl, y los resultados han superado con creces las expectativas. Entre los críticos de cine se habla de la película como un auténtico descubrimiento. Bromeando con él sobre el éxito de la cinta, le comentamos que ha conseguido algo que pocas veces ocurre, ¡poner de acuerdo a Almodóvar y a Boyero! “Me siento honrado y feliz por haberlo conseguido”, responde riendo. Mientras el director manchego se refiere al film de Vermut como “la gran revelación del cine español en lo que va de siglo”, Boyero apuesta por la alabanza discreta calificando a su creador de “raro con talento”.

Pero, ¿son Vermut y su película tan raros? “El problema es que los locos nunca creen que están locos, entonces yo no me considero raro”, afirma el joven director. En cuanto al film, en el que muchos ven referencias a grandes cineastas como Buñuel o Saura, él no lo considera una “rareza” como tal. “En mi película todo es muy real, precisamente por eso puede ser raro, porque entonces lo extraño destaca mucho más… no es como una película de David Lynch, no aparecen elementos oníricos, no aparecen enanos con chistera bailando jazz”.

Rara o no, la verdad es que Magical Girl es una cinta difícil de clasificar incluso para su propio creador. “Supongo que es un drama con toques de cine negro… hay pistolas, mujeres fatales…”; un thriller castizo salpicado de copla, elementos de comedia y situaciones absurdas por hiperrealistas. Rodado en un Madrid de atmósfera inquietante, el film se engrandece gracias al brillante uso de las elipsis narrativas, “me gusta jugar con el misterio y dejar que el espectador participe de la película, me parece interesante”, y a los juegos de contrastes, “lo emocional y lo irracional, las mansiones y los apartamentos de Carabanchel… y, también, el  elemento de las Magical Girls que contrasta con la oscuridad de la propia película. Precisamente cuanto más luminosa es una cosa, más oscura es la otra”.

José Sacristán y Luis Bermejo en una escena de la película.

Los actores son otro de sus grandes reclamos. Tres intérpretes pertenecientes a tres generaciones diferentes con formas de trabajar distintas, pero complementarias, a los que se les ha dado mucha libertad a la hora de crear el background de cada personaje. Sacristán “tiene un punto muy práctico… tú le pides que llore y llora, y eso me encanta”; en cambio, Bárbara sí que necesita un poco más de feedback por parte del director, conocer las circunstancias previas, etc., “yo le dije que eso no se lo iba facilitar, que confiaba en su intuición y que sabía que lo iba a hacer bien”. Y, en el medio de los dos, Luis Bermejo, “nos hicimos muy amigos y trabajamos desde la confianza absoluta. Tiene una intuición alucinante y es un poco una mezcla entre Sacristán y Bárbara”. Mención aparte merece Lucía Pollán, la niña enferma terminal que sueña con el vestido de Yukiko. Para el casting se vieron a unas 70 niñas y Vermut nos asegura que “la segunda mejor niña estaba a años luz de Lucía… ella es una cosa bestial, hubiese sido muy complicado si el papel no lo hubiera podido hacer ella”. En palabras del director, la que no realizó prueba interpretativa alguna fue una mujer que logró colarse en una escena del film, “cuando grabábamos en Carabanchel una señora se acercó a Sacristán diciendo que era megafan. Estuvo hablando con nosotros un rato y me cayó tan bien que le dije que saliese en la película. Fue muy loco y la señora se quedó muy contenta”.

El autor de cómics como El Bayán Rojo, aunque ya más sereno, todavía está digiriendo el triunfo de Magical Girl en San Sebastián. Ahora, sólo queda esperar los resultados de taquilla. ¿Cómo reaccionará el público? Eso es algo que, confiesa, le despierta “mucha curiosidad”.

Enlaces de interés:

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Fotos: Avalon

 

Adela Bértolo

Correveidile de profesión y farandulera de nacimiento. Mis impulsos artísticos me retienen, por el momento, en Madrid, donde, entre talleres de clown e improvisación teatral, siempre saco un hueco para bombardear Nokton Magazine con artículos de teatro, cine y demás temas culturales. Y todo ello bajo un gran lema: "Defiende tu sombrero por muy ridículo que parezca", (palabra de Asier; un niño raro).

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