William Onyeabor solo quiere hablar de Dios

William Onyeabor solo quiere hablar de Dios

“Dime, ¿qué tal estoy?”, cantaba un pícaro William Onyeabor en 1979. “Te ves tan bien”, le respondía en el estribillo un coro de chicas fascinadas, “¡eres un hombre fantástico!”. En efecto, el aspecto del músico nigeriano en las portadas de sus discos era estupendo: un tipo enorme que a veces llevaba sombrero de vaquero, otras chistera y otras un charro mexicano, pero que siempre sonreía, exhibiendo el poderoso contraste de los dientes con su piel. Sin embargo, aunque Onyeabor cuente hoy entre sus fans con figuras como Damon Albarn (Blur) y David Byrne (Talking Heads), él ya no quiere hablar de su música. Ahora solo quiere hablar de Jesús.

Excéntricas, bailables y distintas de cualquier otra cosa, las canciones del nigeriano han sido versionadas por gente como Hot Chip y The Vaccines. Sin embargo, no atravesaron las fronteras de su país hasta 2013. Fuera de Nigeria, Onyeabor todavía es un enigma, pero resulta aún más sorprendente que incluso en su localidad natal, Enugu, donde algunos vecinos temen su imprevisible carácter y evitan hablar de él, lo siga siendo a día de hoy. Este episodio de Los discos de la Roca Madre es para Who Is William Onyeabor?, el recopilatorio que el sello neoyorquino Luaka Bop dedicó al artista en 2013, inevitablemente rodeado por el misterio que todavía envuelve a ese tipo que en los setenta siempre sonreía delante de un teclado y un micrófono (o varios).

William Onyeabor solo quiere hablar de Dios

Un Searching for Sugar Man a la nigeriana

Cuando el equipo de Luaka Bop trató de ponerse en contacto con Onyeabor para explicarle que le preparaban un disco de homenaje, el músico se limitó a responder, huraño, al otro lado del teléfono: “Ya no quiero hablar de mi música. Solo quiero hablar de Dios”. Los responsables del proyecto decidieron, a pesar de todo, continuar adelante con él, pero, mientras sus fans norteamericanos le rendían tributo, a más de 8.000 kilómetros, Onyeabor escogía quedarse en su casa de Nigeria, viendo la televisión religiosa.

Así lo explica Fantastic Man, el documental –disponible en YouTube- de Jake Sumner que narra, como en una extraña vuelta de tuerca a Searching for Sugar Man a la nigeriana, el periplo de los responsables de Luaka Bop que se empeñaron en seguir la estela de Onyeabor. Hay quien dice que el artista estudió cine en Moscú. Otra versión asegura que en realidad era un abogado. Y, según Wikipedia, hoy Onyeabor es un hombre de negocios que vive de su propio molino de harina. Ni siquiera cuando sonaba en las radios nigerianas quiso conceder entrevistas. Su fecha de nacimiento tampoco está clara. Lo único cierto de él es su música.

La carrera de Onyeabor fue un huracán breve pero muy prolífico: el músico lanzó seis discos entre 1977 y 1985 –Crashes in love, Atomic bomb, Tomorrow, Body & Soul, Great lover, Hypertension y Good namea un ritmo de prácticamente álbum por año. Todos ellos fueron grabados en su propio estudio, Wilfilms Limited, ubicado en Enugu, cuyas instalaciones han sido aprovechadas hoy como una escuela para los niños de la zona. En las paredes alguien ha dibujado a futbolistas, porque los críos africanos parecen más interesados hoy en la magia del balón que en la de la música.

Pero en aquellos años, todo Lagos se sacudía al ritmo de Onyeabor, desde el funk psicodélico de “Fantastic Man” (1979) hasta los hipnóticos sintetizadores y repeticiones de “When the going is smooth and good” (1985), que alguien se ha tomado la molestia de subir a YouTube en un bucle de diez horas, aunque la canción original ya dura casi trece minutos. Ni los pinchadiscos de las emisoras locales se cansaban de ponerla ni los oyentes de pedirla. Y es que, a mediados de los ochenta, en un pequeño estudio de Nigeria, aislado de cualquier influencia exterior, Onyeabor descubrió la música dance.

A pesar de que incluso los expertos en la escena musical nigeriana saben muy poco de Onyeabor, todos coinciden en algo: su música no se parece a nada, ni de su país ni del resto del mundo. Bueno, el historiador Ed Keazor se atreve aventurar que le recuerda un poco a los alemanes Kraftwerk. Onyeabor supo abstraerse de los ecos de James Brown y del afrobeat que le rodeaban y que, al principio, condicionaron sus canciones, para concentrarse en las drum machines, los secuenciadores y su hermoso Polymoog, un sintetizador analógico junto al que posa en casi todas las fotos. Cómo llegó aquel modernísimo instrumento a la Nigeria de los primeros ochenta sigue siendo hoy una incógnita. Algunos dicen que Onyeabor se lo trajo de Europa del Este.

“Dios es el palacio de los reyes”

William Onyeabor solo quiere hablar de Dios

Al llegar a Enugu, el equipo del documental Fantastic Man se topó con que, pese a que Onyeabor tenía allí hasta una calle con su nombre, nadie quería hablar de él. “Es un tipo agradable, pero hubo un incidente… y desde entonces la gente le tiene miedo”, dice tímidamente ante la cámara Obima Obi, un antiguo distribuidor de sus creaciones. Más adelante, confiesa que se rumorea que, en el “incidente”, Onyeabor sacó una pistola. Otro conocido comenta, con admiración: “Es un gigante. Come solo una vez al día, pero la cantidad de tres o cinco personas”.

Al final del film, el equipo consigue llegar hasta Onyeabor, que no accede a ser entrevistado, pero sí a aparecer ante la cámara. Está tan sonriente como siempre, pero ya no lleva corbata ni sombrero, sino una colorida túnica suelta al estilo nigeriano. Le pide al cámara que grabe también la entrada de su gigantesca casa en Enugu: en la puerta, un cartel proclama “Dios es el palacio de los reyes”. A lo largo de la escalinata de la entrada, Onyeabor ha dispuesto muy estudiadamente retratos de él en su época de estrella de la música, que se alternan con imágenes de Jesucristo. Al pie de la escalera está, como un trofeo, su sintetizador Polymoog. “Vive una buena vida. Sigue la palabra de Dios”, se limita a decir aquel hombre que en 1985 cantaba, profético: “Cuando el camino es suave y bueno, mucha, mucha gente será tu amiga, pero cuando las cosas se pongan feas, muchos huirán de ti”. En 2013, la revista Time escogió Who is William Onyeabor? como el cuarto mejor álbum del año.

(Imágenes extraídas del documental Fantastic Man)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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