Una vida en el retrovisor

Hasta que no pasaron unos meses desde que te sacaste el carnet de conducir tenías que llevar unos zapatos lo más cómodos posibles en el maletero. En realidad daba un poco igual, pero tú tenías en la cabeza que se te iban a enganchar en el pedal del embrague si llevabas otros. ¿Y qué diría tu profesor de autoescuela aunque no te pudiera ver? Llegaron las primeras vacaciones y tus padres te dijeron que te dejaban el coche viejo de la familia para que fueras de excursión con tus colegas. Jamás confesarás la de horas que pasaste haciendo la mejor selección musical que habría sobre la faz de la tierra para acompañar esas horas de carretera, puestas de sol y canciones a voz en grito. Pasaron los meses y una noche de sábado pasó. Ejerciste de taxista y acompañaste a esos ojos que tanto te gustaban hasta su casa. No fue el primer beso de tu vida, y no sería el último, pero lo recuerdas con cierta ternura y sonrisa cada vez que lo recuerdas. Si ese volante hablara…

¿Cuántas veces hemos pensado en todo lo que hemos vivido dentro de ese habitáculo con cuatro ruedas? Entre los hilos de esa tapicería se encierran mil lágrimas de risa y de emoción, otras tantas historias que te gustaría guardar y compartir cuando pasen los años. Ahora imagina que no es el viejo coche de tu abuelo, que ha pasado por manos de tu tío, de tu madre y que ahora llega a ti. Supón que decides probar el mes gratis que te permite Ford EcoSport y que además no paras de sumar canciones a tu lista de Spotify Premium que viene con la promoción. Recorres las calles de tu ciudad al atardecer, ves amanecer desde la colina de un monte cercano, guardas en tu retina otras muchas historias que recordar y, quizás, compartir con los demás. Cada época de tu vida, un coche. Cada coche, una vida de historias.

Foto: Chaquetadepollo (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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