Un paseo por los mercados madrileños

El aroma del pan caliente, los colores de la fruta, el sonido de los corrillos de vecinos y las pizarras informando de lo más fresco definen los mercados. Una esencia imborrable que lejos de quedar en el olvido ha sufrido una gran transformación atrayendo a nuevos públicos de la manera más atractiva, añadiendo cultura a la gastronomía.

Conciertos, artesanía o exposiciones se unen a las degustaciones en los pasillos de estos mercados que durante siglos fueron el eje de las ciudades. Nacieron como mera necesidad, como punto de venta que aunase todos los negocios alimentarios, por lo que acabaron transformándose en centro de reunión. La esencia no se ha perdido. Lo demuestran las remodelaciones y cambios en los modelos de negocio que han recuperado su adjetivo de foro alrededor de una filosofía común, la gastronomía. Un espacio para las nuevas tendencias en el marco de edificios emblemáticos.

En este paseo nos centraremos en los mercados madrileños ya que la ciudad mantiene una variada oferta en la que continúa la presencia de carnicerías, pescaderías, queserías, charcuterías o panaderías sumándose en los últimos la comida internacional, los puestos especializados en bebidas y lo que más impulso a tomado, cañeros y platos pequeños que permitan al visitante degustar los productos en el mismo mercado junto a una cerveza y una creciente oferta cultural. Así el “pruebe esto” de antaño se ha transformado en completas degustaciones convertidas en un plan más de fin de semana.

Hace unos días el Mercado de San Miguel cumplía 100 años, concretamente lo hacía su edificio, declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento, ya que la zona en que se ubica ya acogía actividades comerciales desde el s. XIII. Transformado en icono y visita obligada para el turismo, su gran pero es precisamente su masificación y la presencia de productos no aptos para todos los bolsillos.

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De un mercadillo callejero que ya citaba Galdós en Fortunata y Jacinta surge en Chueca el de San Antón que tras la decadencia de la zona en los años 90 fue remodelado en 2002. Desde entonces comenzó a apostar por una constante vida cultural como denotan actividades como los tentempiés musicales de Aperol Sprtiz o el espacio trapézio que pone el punto más creativo como zona de encuentro profesional para que los artistas trabajen en su entorno.

No todas las recuperaciones de mercados antiguos son iguales. El Mercado de San Fernando en Lavapiés es uno de ellos ya que ha optado por un modelo diferente. Ha sido la gente joven la que ha apostado por aprovechar los locales cerrados durante años creando nuevos puestos unidos a ese ambiente que permite tomar una cerveza de moda, escuchando música en directo mientras se compra el pan.

La alimentación ecológica también tiene su espacio en los mercados citados e incluso nacen algunos con carácter temporal que la toman como eje. El de La buena vida es el ejemplo, se celebra el primer fin de semana de cada mes en Hub Madrid y busca ampliar el conocimiento sobre la alimentación con productos artesanos y de proximidad.

El eje común de la gastronomía pervive en otros espacios que aunque no incorporan actividades a su día a día no dejan de ser exquisitos espacios para pasar una mañana de sábado o adquirir los ingredientes perfectos. Entre ellos el Mercado de la Paz, el Mercado Maravillas, el municipal más grande de Europa, o el Mercado de los Mostenses que marca su diferencia por ser de carácter internacional ya que la mayoría de puestos pertenecen a  inmigrantes que han mantenido el mercado aderezándolo con el intercambio cultural.

Un paseo por cualquiera de estos mercados madrileños consigue que al menos por un rato olvidemos los mercados que acaparan los informativos y nos dejemos llevar por ese ambiente cargado de olores y colores que corrobora que siempre ha existido la necesidad de sentirse rodeado de gente disfrutando de la compra y la degustación.

Foto: Mercado de San Miguel / Rosapolis

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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