‘Un día perfecto’ para Fernando León de Aranoa

Fotograma de 'Un día perfecto'.
Fotograma de 'Un día perfecto'.

La médico Paula Farias vio los ojos de la guerra y se le encogió la garganta. Sus palabras, sin embargo, se humedecieron con el salitre de las vidas truncadas en un terreno de minas y escribió Dejarse llover, una novela onírica, muchas veces poética y cruzada por una agridulce ironía, en la que en pocas páginas acertaba a describir la inquietud que cala el aliento de quienes prestan ayuda humanitaria en zona de conflicto y sienten en sus carnes la sinrazón que caracteriza a cualquier enfrentamiento bélico.

El director Fernando León de Aranoaal que debemos el contundente retrato social de Barrio, Los lunes al Sol o Princesas, conoció el texto de la voluntaria rodando su fragmento del documental Invisibles, un tributo a Médicos Sin Fronteras –de la que Farias es expresidenta-, en el norte de Uganda. Añadiendo sus propias experiencias personales en conflictos internacionales, escribió el guión de su sexto largometraje de ficción, Un día perfecto, que recibió el aplauso del público de esta última edición de Cannes durante su participación en la Quincena de Realizadores.

Ninguna guerra se parece otra sentencia el reportero Jon Sistiaga en sus memorias periodísticas y, aún así, pertrechan paisajes similares. Horror. Miseria. Sinsentido. Y una población civil varada en el contundente clima de la muerte y de su amago de normalidad. Su única esperanza, a goteo, la recomponen los voluntarios, hombres y mujeres de carne y hueso, que a diferencia de los que se ceban con los escombros, reconstruyen esperanzas en la aridez del abandono. En ellos se fija esta historia sobre una jornada accidentadamente particular para varios miembros de una ONG que en medio de la ofensiva bélica de los Balcanes intenta extraer un cadáver de un pozo antes de que envenene el agua y la población quede desabastecida. El puertorriqueño Benicio del Toro, el estadounidense Tim Robbins, la rusa Olga Kurylenko y la francesa Mélanie Thierry componen los principales nombres de un reparto internacional que mimetiza el baile de nacionalidades de los protagonistas.

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Farias, que comenzó participando en las expediciones del barco Rainbow Warrior (Greenpeace) antes de unirse a MSF y que ha asistido en primera persona a los escenarios más beligerantes de Kosovo, Afganistán, Sudán e Irak, quiso retratar la guerra en la que fuese su primera novela “sin estridencias, sin banda sonora”. León de Aranoa persigue de igual modo el espíritu antibelicista de la historia original y no da lugar a disparos y violencias ni fuera ni dentro de cuadro. Decide tomarle el pulso al desvarío belicista desde el absurdo y el potente tracklist. Una sinonimia que suena a revancha en ese mapa de impedimentos que conduce a los protagonistas hacia ninguna parte. Lou Reed, Ramones, Marilyn Manson, Gogol Bordello… y un puñado de supervivientes, objetivos y cuitas personales.

El cuerpo inerte de una vaca aguarda en el centro del camino. El fétido olor oculta la trampa. ¿Dónde está el explosivo? Un movimiento en falso y todo saltaría por los aires. ¿Qué dirección han de elegir las ruedas del auto? ¿derecha o izquierda? No, en la guerra no cabe lógica alguna.

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úsameCreative Commons Nokton Magazine

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