Un chef en cada puerto (así, sí)

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En un mundo en el que, ahora más que nunca – en formato talent show, reality show o lo que demande el prime time -, la cocina se mete en nuestras casas con sus múltiples caras y su potencial de innovación, era lógico esperar que algún día nosotros acabaríamos metiéndonos en las casas de otra gente por la misma razón: la cocina.

El patrón cultural gastronómico, bien gestionado por el sector del turismo, parece tener el mismo gancho que unas playas vírgenes, la comodidad de un resort o un duomo del siglo XIII. Este panorama, marcado además por las nuevas formas de entender los viajes y el ocio, ha derivado finalmente en una nueva experiencia culinaria alrededor del mundo que se sostiene gracias a comunidades online. Millennials y no millennials de todo el planeta, armados con sus smartphones, su relativamente alto manejo del inglés y sus ansias de entablar relaciones interculturales y de ahorrar lo posible en sus desplazamientos a lejanos lugares, se encuentran en internet para compartir su concepción del consumo. Y en este deambular por lo desconocido, la cocina, como decimos, ha tomado especial protagonismo.

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Una de las anfitrionas de la comunidad Eatwith prepara el menú para sus próximos comensales.

Y volviendo a lo de entrar en hogares ajenos llevados de la mano por el sentido del gusto, esta práctica resulta ser la nueva moda entre viajeros. El escenario no es difícil de imaginar: una casa particular en algún lugar del mundo; y las motivaciones, más fáciles aún: ¿quién no ha terminado, durante alguno de sus periplos, probando la infame comida de un restaurante que prometía y prometía hasta que te metías? Para evitar sorpresas desagradables y, además, tener que pagar por ellas, los expertos en consumo colaborativo recurren a las nuevas plataformas surgidas con este interés común, comunidades de food lovers que ponen en contacto a los hambrientos viajeros con anfitriones deseosos de que alguien valore sus recetas.

Entre las más destacadas está EatWith, una comunidad fundada en 2012 por dos socios israelíes  que funciona como una especie de Airbnb enfocado a la gastronomía y que opera en España desde el año pasado. Bajo el lema “Meet online. Eat offline!” encontramos también la web SocialEaters. En esta línea, otras páginas como CookFlat, Looqueo EatingAbroad se enfocan hacia el mismo concepto: comer+conocer, y es especialmente interesante que, dejando aparte el romántico concepto de disfrutar en compañía, no suponen una ventaja únicamente para el comensal, sino también para el chef, que pone precio a su arte en la cocina sacando así un digno dinero.

La buena noticia, para quienes no tienen demasiadas posibilidades de viajar si no es en metro, es que no hace falta salir de viaje para probar comida casera y codearse con gente maja. Entre las plataformas que nacieron para comunicar a cocineros y comensales, hay un par que apuesta por comerse la comida del vecino. Las iniciativas de CompartoPlato y Super Marmite proponen no tirar ni las cáscaras y, para reducir el desperdicio de alimentos, qué mejor que compartirlo con los que tienes cerca. La ventaja es que esta vez todo vale: aquí cocinan los expertos y también se aceptan huevos fritos.

Foto: Martin Bartosch (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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