Señor, aparta de mí este Premio Nacional

Señor, aparta de mí este premio nacional
Logo oficial del Ministerio, a veces de Cultura, a veces de Educación, Cultura y Deportes.

Dice una frase popular que es de bien nacido ser agradecido; no obstante, parece que, en los últimos años, en la cultura española hay cosas que pesan más que la gratitud, a juzgar por la lista de artistas e intelectuales que, tras dar educadamente las gracias, han rechazado Premios Nacionales. La fotógrafa Colita es, de momento, la última, y aunque ella haya aludido con sarcasmo a las pocas ganas que tiene de hacerse una foto con el ministro Wert como uno de los motivos, no da, sin embargo, la sensación de que se le pueda echar toda la culpa al gobierno. Bueno, al menos, no solo a éste.

Un Premio Nacional de Fotografía rechazado por la penosa situación de la cultura y la educación en España. Otro, de Música, por la falta de apoyos institucionales a esta disciplina. Un escritor que dijo que no al de Narrativa celoso de su independencia y reticente a las influencias que, en su opinión, mueven a los jurados que conceden estos galardones. Un artista plástico que no quiso tener reconocimientos de un Estado que no le gustaba, sin importar, subrayó, qué partido gobernara. Y aún hay más casos. Todo eso en el mismo país, España, en cuatro años en los que han pasado muchas cosas, entre ellas, dos gobiernos que, hasta que se demuestre lo contrario, son de diferente signo. ¿Son estos “feos”, entonces, producto de Wert, de los egos, de un boicot político o de un descontento más profundo con la gestión cultural estatal; de una ruptura entre cultura y Estado que viene de mucho más lejos que el 21% de IVA y la falta de subvenciones?

Colita: “Cada uno tiene que ser consecuente”

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Colita.

Isabel Steva Hernández, más conocida como Colita, volvió a levantar la semana pasada esa ya familiar polvareda al anunciar que rechazaba el Premio Nacional de Fotografía que le acababa de ser concedido. Con él, decía no, también, a 30.000 euros, un caramelo más que tentador en malos tiempos, como éstos, para la lírica. Pero es eso, precisamente, lo que ha llevado a la fotógrafa catalana a negarse: “La situación de la cultura y la educación en España es de pena, vergüenza y dolor de corazón”, explicaba en la carta en la que comunicó su rechazo a Wert. En declaraciones recogidas por el diario EL PAÍS, la retratista reconocía que “se podría plantear si pasa algo especial, si hay unas circunstancias determinadas que están provocando los rechazos”. “Pero insisto”, puntualizaba, “en que cada uno tiene que ser consecuente consigo mismo”.

Savall: “He seguido adelante solo con mi esfuerzo”

A Wert se dirigió también el director de orquesta y musicólogo Jordi Savall, cuando renunció, el pasado 30 de octubre, al Premio Nacional de Música, dotado de otros 30.000 euros. Presas, según su testimonio, de una inmensa alegría y una gran tristeza a la vez, las palabras de Savall sugirieron que los motivos de su rechazo no tenían solo que ver con la última legislatura. El músico se remontó en el tiempo y recordó que en sus “más de 40 años de carrera” solo había podido beneficiarse de colaboraciones institucionales “en contadas ocasiones”. “Igual que la inmensa mayoría de músicos y conjuntos del país, he seguido adelante solo con mi esfuerzo personal sin contar jamás con una ayuda institucional estable a la producción y materialización de todos mis proyectos musicales”, sentenció. Además, el violagambista escogió un significativo verbo, continuar, para explicar cómo y desde cuándo se produce, a su parecer, la falta de apoyo gubernamental a la cultura y, en concreto, a la música: el ministerio que dirige Wert, señaló, “continúa sin dar el impulso necesario a las diferentes disciplinas de la vida cultural del Estado español que luchan actualmente por sobrevivir”. De lo que se deduce que Savall cree que hay crisis que vienen de lejos.

Marías: “Rechazaría casi cualquier cosa del Estado”

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Javier Marías.

Hace dos años, en 2012, el escritor Javier Marías dijo no al Premio Nacional de Narrativa de aquella edición, entonces de 20.000 euros, que se negó a recibir alegando que prefería seguir manteniendo su independencia y evitar participar “en las polémicas que acarrean tanto las invitaciones como los premios”. El novelista, hijo del filósofo Julián Marías, ya había manifestado en ocasiones anteriores que rechazaría casi cualquier cosa del Estado de su país, y más aquellas que “llevasen aparejado dinero”. Existe un notable contraste entre los numerosos galardones recibidos por Marías fuera de España y los pocos que se le han otorgado dentro de nuestras fronteras, que el escritor ha atribuido alguna vez a la posibilidad de que intervengan “simpatías y antipatías” en estos premios, las mismas por las que Marías rechazó, al parecer, lo que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría defendió después como el reconocimiento de un jurado independiente en nombre de un país.

Sierra: “Mi sentido común me obliga”

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Jordi Savall.

Aún más explícito fue el artista Santiago Sierra cuando, en 2010, no quiso el Premio Nacional de Artes Plásticas, con Ángeles González Sinde como ministra de Cultura del entonces gobierno socialista. La entrada de blog en la que se refería a un Estado “que participa en guerras dementes alineado con un imperio criminal” y “que dona alegremente el dinero común a la banca”, se adelantaba a la actual crisis de valores para expresar una profunda desconfianza hacia una forma de hacer las cosas que parece, de acuerdo con lo dicho por Sierra, más estructural que coyuntural. “El arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar. Consecuentemente, mi sentido común me obliga a rechazar este premio”, aseveró.

Al primero que lo hace se acusa, a veces, de ególatra, de soberbio y, quizá, de resentido. Al segundo, se le enmarca con frecuencia en una campaña de boicot a un gobierno determinado emprendida por un gremio, el de la cultura española, que algunos se empeñan en alinear siempre junto a uno u otro partido político. En cambio, cuando, en tiempos de sequía, el ritmo de artistas e intelectuales que rechazan premios estatales de miles de euros asciende a uno o más por año, ya cabe hacerse, al menos, dos preguntas. La primera, qué se está haciendo mal desde las instituciones para que nombres procedentes de disciplinas y trayectorias tan distintas coincidan en no querer palmaditas del Estado en la espalda, aun cuando son merecidas. La segunda, en referencia a las palabras de Marías en 2012, si acaso se contrae alguna deuda con quien dice conceder un reconocimiento en nombre de todo el país, y, en caso afirmativo, cuándo concluye ésta. En casi todas estas negativas, el ministerio, a veces de Cultura, otras, de Educación, Cultura y Deportes, según quién gobierne, se ha limitado a responder, con lacónico despecho, que esperaba que se le comunicara el rechazo de forma oficial.

Fotos: Wikimedia (cc) / Pontificia Universidad Católica de Chile (cc) / Francesc 2000 (cc) / music2020 (cc)

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