Romeo Castellucci para principiantes: la transgresión estética

Seguramente, cegados por los grandes titulares y jocosos comentarios en las redes sociales de estos días (la muerte de Darío Fo o el “memetizado” Premio Nobel de Literatura de este año), para muchos de los mortales haya pasado inadvertida una noticia inusual dentro del panorama teatral español. Castellucci se dejó ver por la escena madrileña por segunda vez en pocos meses (algo a tener en cuenta dada la escasa frecuencia de sus visitas a nuestro país).

¿Quién?, preguntan las masas enfervorecidas. ¡Pues Castellucci! El adalid del teatro contemporáneo y de vanguardia europeo, fundador de una de las compañías más transgresoras de las últimas décadas, Socìetas Raffaello Sanzio, y que fue galardonado con el León de Oro de la Bienal de Teatro de Venecia en 2013 por toda su trayectoria. Castellucci, que ya despertó la polémica en mayo con la adaptación de la ópera Moises y Aarón al subir a las tablas del Teatro Real a un toro de 1500 kilos (`Easy Rider´ para los amigos), regresó del 13 al 15 de octubre a la capital para dar el pistoletazo de salida a la XXXIV edición del Festival de Otoño a Primavera. Los Teatros del Canal acogieron, así, su último trabajo creativo, Go Down, Moses, en la que ofrece una lectura femenina del Éxodo en la que Moisés no tiene presencia física, solamente se le intuye a través de la lamentación de un bebé que ha sido abandonado. En esta obra subyacen temas como la esclavitud de los pueblos y referencias a alegorías filosóficas como el mito de la caverna de Platón.

Si nunca os habéis enfrentado a una obra de Castellucci y habéis llegado hasta este párrafo, sólo tenéis dos opciones: huir despavoridos preguntándoos ¿qué hecho yo para merecer tanto conceptualismo? o continuar leyendo para indagar un poco más sobre su figura. En Nokton Magazine os damos algunas de las claves sobre su creación artística.

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Posdramatismo, ¡no gracias!, mejor sin etiquetas

A Castellucci muchos lo engloban dentro del teatro posdramático. Como veremos a continuación, en toda su obra existen, sin lugar a dudas, características propias del posdramatismo (el desplazamiento del texto del centro de la escena, una escenografía y dramaturgia visual, la estética de lo performativo, etc.) con las que se busca una clara ruptura con el realismo dramático y su representación formal. A pesar de la obviedad, a este Romeo contemporáneo y transgresor, como todo creador que se precie, no le gusta que se le encasille dentro de una marca o etiqueta, tal y como suele comentar en algunas entrevistas.

Esto del teatro posdramático tiene su intríngulis y si os habéis quedado con las ganas de saber más a cerca de este concepto os recomendamos la aproximación que realiza el teórico y crítico alemán Hans-Thies Lehmann en su libro Teatro posdramático.

Estética y percepción

El director italiano lo dejó bien claro en uno de los coloquios organizados la semana pasada en los Teatros del Canal: “la estética para mí lo es todo… es una piedra angular”. El texto pasa a un segundísimo plano. Su teatro bebe de la performance más visual para apabullar al espectador con el uso de imágenes ambivalentes, desconcertantes, sugerentes pero nada explicativas, porque, según él, “explicar es asesinar”. “Me parece que el teatro no es filosofía, no tiene necesidad de dar respuestas ni hipótesis”, añadió. En sus creaciones no busca que el espectador descifre el mensaje de la obra, más bien que se empape de las diferentes sensaciones visuales, pero también auditivas. Para ello, no duda en echar mano de sonidos molestos, incluso irritantes, como los empleados en Go Down, Moses que, provocan, en muchos casos de forma premeditada, un sentimiento de frustración.

Trabajo de fondo

Castellucci no deja nada al azar. Toda esta estética fría, muchas veces mecanizada, de sus obras no es fruto de la casualidad sino de “un trabajo de preparación, escritura, de toma de apuntes… hay un control, aunque siempre existe un elemento de desorden y de caos”.

Durante una de sus encuentros con el público en Madrid, explicó que la investigación previa a todo montaje es un paso importantísimo. Una investigación basada en diferentes formas artísticas (pintura, literatura, etc.), pero también en la realidad que nos rodea. Por ejemplo, para construir algunas imágenes de Go Down, Moses, se inspiró leyendo artículos de prensa sobre abandonos de bebés.

El dolor en escena

Castellucci parece estar fascinado por el dolor, la decrepitud y la deformación de los cuerpos. Por ejemplo, en la obra Julio César, fragmentos, no dudó en utilizar a un actor que ha sufrido una laringectomía para dar vida a Marco Antonio.

“El dolor y la maldad son los temas más frecuentes del teatro occidental… yo muestro siempre el dolor desde un punto de vista dramatúrgico, no sentimental. El sentimentalismo no funciona para mí. Es una forma de patetismo, es como la otra cara de la moneda del cinismo”.

Lo que no utiliza nunca es su propio dolor. “Seguramente en algún lugar de mis trabajos hay una fuente personal, pero no quiero introducir mi vida porque no encuentro interés en ello… no hay de ninguna manera nada psicológico en mi forma de trabajar”.

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Actores y tecnología

En las obras de Castellucci, suelen convivir sobre el escenario los actores junto a toda clase de dispositivos tecnológicos que originan en el público todo tipo de sensaciones. Los segundos son igual de importantes, a veces incluso más, que los primeros. “Una máquina en escena es un cuerpo hecho de pura función, no de ficción”. Según el autor el uso de máquinas permite que “entren en escena los fantasmas”.

En Go Down, Moses el peso de varias escenas recae en un escáner médico y en una enorme turbina que gira sin cesar.

Referencias y referentes

Siempre sobrevuelan sus creaciones alusiones a la tragedia griega, a la filosofía, a la religión, incluso a la antropología y a la ciencia. Temas, estos dos últimos, que según el propio director “el teatro casi no aborda”. También se siente muy vinculado a la historia del arte (seguro que más de un asistente a los pases de Go Down, Moses, se habrá fijado en la liebre de Durero que sale al principio) a la que considera una fuente de inspiración absoluta, “si quieres estudiar teatro mira a Rembrandt y a Velázquez.”

En definitiva, si vais a enfrentaros por primera vez a una obra de Castellucci os encontraréis con un teatro muy potente visualmente, en la que las imágenes trasladan a las palabras a un segundo o tercer plano y en el que no se encierra ningún discurso maniqueo ni ningún juicio de valor. Tan importante es la puesta en escena como la percepción de los espectadores. Si finalmente os perdéis entre tanto concepto, simplemente relajaos, disfrutad y dejaos llevar por los sentidos.

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