Relatos contemporáneos sobre el cuerpo y el poder

Aroma de tiempos antiguos. Uno de los espacios de Fuencarral 77.

Quizás una de las cosas más inquietantes de la vida es cómo puede dejar claro que su sentido del azar consiste en una mezcla de falta de sentido de la oportunidad y un tenebroso sentido del humor. Aunque humor, en este caso, no se puede decir que sea el concepto correcto…

cartel-cuerpo-y-poder-fuencarral-77El martes 24 de marzo a las 20:00h. estaba previsto que se abrieran las puertas del pasaje comercial de la calle Fuencarral 77 que durante casi dos meses albergará la segunda exposición comisariada por Almudena Mora y apoyada por la Embajada de Alemania en España. Era un acto institucional, un previssage para mostrar este ambicioso trabajo a un grupo cerrado de personas. En la invitación que recibimos de mano de uno de los artistas participantes se prometía vino y una actividad cultural. La exposición se ha querido titular Cuerpo y Poder.

La puertas se abrieron, efectivamente. Y ahora podemos optar por enumerar los incontables símbolos que allí encontramos en relación al trágico accidente que pocas horas antes acabó con la fiesta institucional, o por el contrario, enumerar los incontables símbolos que allí pudimos observar de la relación que el artista tiene con la noción del cuerpo y el concepto del poder. O entender, como lo hicieron los dos filósofos mencionados en la propuesta curatorial, Hannah Arendt y Michel Foucault, que la dualidad sólo existe en las mentes de aquellos que no quieren profundizar en la compleja naturaleza, no solo del arte, sino de nuestra vida.

Cuerpo y poder tiene varias capas de lectura (histórica, estética, filosófica, … ) y es un proyecto bastante complejo en sí mismo, del tipo de discursos que normalmente están recluidos en las salas y museos institucionales. Éste, sin embargo, está tanto fuera como dentro de lo institucional. Fuera por los lugares y lenguajes que se escogen, y dentro porque es un proyecto que cuenta con la colaboración de varias embajadas europeas con un interés muy concreto en relación con la cooperación cultural.

La exposición es extensa, compleja en distribución y recorrido, en diseño, en materiales, piezas y artistas. También es extensa en discursos, relatos y la manera de experimentar con ellos. Hay una extraña simbiosis entre el espacio expositivo físico y las instalaciones e intervenciones de la exhibición colectiva. Como ejemplo, la intervención en el sótano del artista José Luís Raymond, que aprovecha unas antiguas dependencias de la Tesorería General de la Seguridad Social para trabajar la cuestión queer: las enormes estanterías, articuladas con raíles para poder mover los pesados módulos (pesados cuerpos, pesadas identidades sexuales, emocionales), ahora vacíos de cualquier papel o carpeta, están encabezadas con cartelas encajadas en las que se pueden leer citas de personas como Susan Sontag, el propio Michel Foucault o Calderón de la Barca, que invitan a reflexionar en voz alta sobre nuestra corporeidad, identidad y relación de y con el género. La pieza se abre y se cierra con sendas fotografías en las que se hace bastante explícito este dilema, y adereza el ambiente con ruido y luz bastante incómodos. En definitiva el asunto que trabaja lo hace desde la asunción de que es una cuestión trabajosa, tediosa y tenebrosa.

'Rizoma', instalación de Lucía Loren

‘Fuentes del rizoma’, instalación de Lucía Loren.

Hay una acumulación de piezas sin un orden evidente que desde luego rompe la jerarquía con el visitante para que éste juegue e investigue, ponga la curiosidad a trabajar. En ese sentido, acerca el arte actual al visitante. Por un lado despista, pero también tiene la ventaja de que dentro de este despiste, acabas curioseando por todos los rincones del pasaje comercial evocando otros tiempos más halagüeños para el tipo de comercio que albergaba o la sociedad que lo habitaba. Mención especial merece el hecho de que casi todo el que estaba por ahí no pudo resistir la tentación de perderse en el desconchado local del antiguo Hogar Canario y, al menos en nuestro caso, evocar eventos de sociedad, bailes y nostalgia por la tierra lejana. Y algún que otro susto.

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Una obra de E1000 en la entrada a la calle Fuencarral 77.

Hay muchas piezas con las que quedarse. Abriendo con la reja de E1000 que hace visible el local a los ojos del transeúnte, podemos citar los trabajos de África Paredes, la Escultura Social de Miguel Guzmán Pastor, los Cuerpos de aire de Olga Diego, o El futuro, estación de paso de Rocío Plúas. Pero hay muchos más que merecen una visita a esta exposición alejada de la gentrificación banal que últimamente reina en el barrio de Malasaña.

Volviendo al dilema de qué pesa más, si la actualidad o el pensamiento, de repente la exposición se lee desde el contexto concreto del día en el que todos sentimos que nuestra inviolabilidad (una vez más) no es tal. Llevamos ya 5 años escuchando desde el poder que sólo hay un modo de interpretar el fenómeno de la crisis que afecta directamente a nuestros cuerpos. Y sin embargo, Arendt enunció lo que humildemente pensamos que puede ser una acertada explicación de la mentalidad de los políticos. La banalidad del mal, la seguridad de que los que están al mando son una suerte de “Eichmanns” contemporáneos.

Cuerpo y Poder se podrá ver hasta el 17 de mayo en la calle Fuencarral 77 de Madrid, de jueves a viernes de 18:00 a 22:00h. y los sábados y domingos de 12:00 a 14:00h. y de 18:00 a 22:00h. La entrada es gratuita. Más información sobre la exposición en su web y su página de Facebook.

Fotos: Cuerpo y Poder / Ana Municio (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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