Re-Bowienando

Los discos de la roca madre

“Los Discos de la Roca Madre”

Bowie, Bowie, Bowie… Algunos nombres parecen nacer para ser repetidos y replicados para el reverberar de los tiempos. Algunos hombres parecen hacer pactos de caballeros con leviatán, para el perpetuar de sus sombras, para el devenir de su leyenda. Bowie, Bowie, Bowie… Es el eco de mil “Bowies”, gimiendo desde la magna gruta moderna, desde el valle de su propia naturaleza múltiple. Hoy, en la primera piedra de “Los Discos de la Roca Madre“, abrazaremos el álbum seminal del marciano de Brixton: The Man Who Sold The World (1971, Mercury Records), el vértice de la montaña en el que, según el gurú, comenzó la épica.

En verdad Bowie, Jim Bowie, era un mercenario aventurero que murió héroe en la batalla de El Álamo. Pocos años antes de que despegara la nave espacial, David Robert Jones solo era un joven músico protopunk tan prometedor como bizarro, que no terminaba de triunfar, mosca por la razonable confusión que se repetía entre su nombre y el de Davy Jones, de los popularísimos The Monkees. Su cambio de alias le puso, digamos, en órbita; una cuestión de confianza; en julio del 69’ publica ‘Space Oddity’. Mas lo que realmente dio la patada en el trasero a esta historia fue el encuentro cósmico de Ziggy con sus Spiders From Mars, aunque por aquel entonces las Arañas de Marte eran una mera y eventual banda de apoyo llamada Hype. Su formación, la original del 70’, estaba integrada por Mick Ronson a la guitarra eléctrica, Mick Woodmansey a la batería, y Tony Visconti al bajo. Visconti produciría este primer trabajo fruto del holding Ziggy/Spiders (también sería el primero en abandonar la nave); al tiempo trabajaba con un tal  Bolan, líder extra-carismático de T. Rex, en el álbum Electric Warrior (Fly Records, 1971). Con Tony nacía el glam-rock, de la manita. Otro Visconti al que dar gracias cada mañana.

Ziggy, Ziggy Stardust, fue la primera recreación de Bowie de sí mismo, en perspectiva, la más célebre y fecunda de todas sus máscaras. The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (RCA, 1972) sigue siendo su mayor éxito comercial, un álbum conceptual alrededor de su álter ego, en el que el extraterrestre bisexual de imagen andrógina se convierte en estrella del rock. Pero antes de la extravagancia, había vivido una terrible crisis de identidad bajo ese disfraz. Estaba subiendo esa escalera hacia sí mismo, y no era ningún héroe.

David Bowie '71

The Man Who Sold The World (1971, Mercury Records)

En la suave y lenta resaca tras la Primavera de la Flores, tras Woodstock… The Man Who Sold The World significa un auténtico hervidero de influencias. Sudando la nota, Mick Ronson se apropia del estilo corrosivo de Jimi Hendrix. Bowie toca la guitarra acústica a lo largo de casi todo el trabajo, combina eléctrico con sonido natural (limpio), cuando era lo moderno. Y si incluías algún sitar perdido, aún el Maharishi te bendecía. La música de los dioses estaba de moda, mas no piensen que no había ruido, mucho ruido. Gran parte del álbum tiene una importante cuota de metal. Se van a acordar de Led Zeppelin, o Black Sabbath, o mejor dicho: se les van a venir los demonios de Jimmy Page y Ozzy Osbourne (‘She Sook Me Cold’). Lennon y McCartney también “merodean” (‘Black Country Rock’), e incluso hay sitio para velvet-izar la fiesta (‘After All’).

A Bowie le encanta la retroalimentación. Sin embargo, como toda obra que deja una impronta existe un legado, el de aquéllos que “lo fliparon” y supieron asimilarlo a su propia forma de entender la música, incluso a su idioma natal. Si no, cómo explicar que, a la postre, The Man Who Sold The World suene igualmente a glam, heavy, como a… ¡Rock progresivo andaluz! Bandas sevillanas de los primeros 70’s  como Smash, Gong, o Los Storm bebían de las mismas fuentes psicodélicas (‘Saviour Machine’); todos eran, al fin y al cabo, “hombres de las praderas”. Pero Jesús… Jesús De La Rosa (Triana) tuvo que volverse loco, como cualquiera de ‘All The Madmen’, al escuchar la letanía de su futuro, todavía sin traducir. No tenemos pruebas (tampoco filtros), pero también juraríamos que hay algo de Las Grecas en todo esto.

The Man Who Sold The World (1972, RCA)

Al fanático de Nirvana (o de Lulu, who knows…), no será necesario descubrirle el tema que bautiza el disco. Es el típico caso en el que la versión supera a la original, especialmente, en difusión mediática. Sin la MTV mediante, la calidad de ambas interpretaciones está fuera de toda duda. ¿Qué puede desequilibrar la balanza? Pues que la ‘The Man Who Sold The World’ del ’71 se sella con uno de los pasajes corales más épicos del álbum, quizá solo por debajo del integrado en ‘The Width of Circle ‘, que ya de primeras te destroza los índices morriconianos de heroicidad en el sonido, índices que me acabo de inventar.

Puede resultar irónico que un espacio que pretendiera ser adalid iconográfico de la música popular contemporánea comience con un LP que ni siquiera es muy identificable por su portada. La original del sello Mercury  fue sustituida en el ’72 por otra menos mujeril (la de “la patada voladora”), cuando Bowie firmó por la venerable RCA, aunque fue recuperada posteriormente para la reedición CD en 1984. En cualquier formato, hacerse con una copia de The Man Who Sold The World se ha convertido en un trabajo para el coleccionista tenaz. “Si lo veo te digo algo…”, eso tengo hablado con el señor de la tienda a la que suelo ir. En cambio, el nuevo álbum, The Next Day (ISO, 2013), sí estaba bien visible, y del Aladdin Sane (RCA, 1973) puedes comprarte la camiseta. Aquel hombre que se vendió al mundo es hoy una sombra espectral, un fantasma alucinante para quien lo encuentre, dentro o fuera del Victoria & Albert Museum. Fue la primera piedra.

Saludos, Roca, Madre.

Fotos: Tapas El Ciclán/ Movie-Fan (cc)/  HDMusic.me/ Affendaddy (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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