Ratas y hombres: una fábula urbana

La venganza ingrata de Gertrudis la rata

 

Una especie de fábula urbana de tinte social. Así se podría definir la obra del director y autor madrileño Enrique Sebastián Pérez.  En ella las ratas, estigmatizadas en nuestra memoria colectiva como símbolo de peste y muerte, aparecen humanizadas, hasta tal punto que reflexionan, sienten y, también, padecen como nosotros.  A través de sus palabras y acciones comprendemos su  temor ante el animal más destructivo del planeta, el ser humano. De esta manera, bajo el pintoresco y sugerente título de la pieza: La venganza ingrata de Gertrudis la rata, nos encontramos con una crítica con la que se pretende poner al descubierto las debilidades de una sociedad que (sobre)vive arrastrada por el vertiginoso ritmo artificial de unas verdaderas junglas de asfalto, las ciudades.

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Ariadna Santana e Iñaki Díez en un momento de la obra.

Es en una de esta urbes, en las que reina el individualismo y los bienes y el dinero determinan el estatus social de sus habitantes, donde se desarrolla la acción. Abajo, en las cloacas, dos ratas. Arriba, como representantes de la marginación, dos mendigos. Cuatro personajes al margen de la sociedad, con bastantes similitudes entre sí, que acaban siendo víctimas de su propio entorno.

Esta obra, con la que se gestó la compañía El Gato Moreno, se empezó a representar aproximadamente hace un año, y después de una gira por Uceda, Guadalajara, Ciudad Real, Las Mesas o Cuéllar, ha llegado por primera vez a Madrid, concretamente al escenario de La Usina, espacio de formación, creación e investigación teatral.

Actualmente, los encargados de interpretar todos los roles – antes eran cuatro actores- son Iñaki Díez y Ariadna Santana  – cantante y actriz que se incorporó recientemente al proyecto-. Esta última no ha dudado en dejar la huella de sus raíces gallegas en un momento de la función poniéndole voz a una parte del poema Negra sombra de Rosalía de Castro, convertido ya en emblemática canción.

De los dos intérpretes, además del hecho de desdoblarse, cada uno, en dos personajes distintos,  destaca su destreza física a la hora de dar vida a Gertrudis y a su compañero (los dos roedores). Algo que consiguieron gracias a la ayuda de la coreógrafa María Conde. “Es un esfuerzo muy grande, pero a la vez muy gratificante, sobre todo, al acabar la función, cuando la gente te da la enhorabuena por el esfuerzo físico realizado y ves que ha merecido la pena. Que tu trabajo sea recompensado, por lo menos, con una sonrisa y un aplauso, te llena de energía para poder seguir haciendo cosas”, comenta Iñaki.

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Los dos actores de la obra interpretan, cada uno, a dos personajes: las dos ratas y los dos mendigos.

Del sencillo montaje llaman la atención las curiosas ilustraciones de Miguel Iturbe – encargado también de la escenografía, el vestuario y la iluminación-. Dibujos en blanco y negro proyectados en una pantalla entre las diferentes escenas.

Enrique Sebastián señala que lo que se pretende con la obra es que “el espectador reflexione, no se pretende aleccionar” . Y en el fondo, como bien señala Iñaki, a pesar del amargo planteamiento, el mensaje es positivo: “la vida dura muy poco y, sin casi tener nada, se puede ser feliz”.

Si os habéis quedado con ganas de descubrir como se venga la rata Gertrudis no dejéis de acudir a La Usina (c/ Palos de la Frontera, 4) los próximos viernes 7, a las 20.00 h.,  y los sábados 8 y sábado 15 de marzo, a las 22.30 h. La entrada cuesta 13 €.

 

Fotos: Víctor Jiménez Vega (www.victorjv.com)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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