Qué difícil es ser una perra

Qué difícil es ser una perra

 

“Nadie dijo que fuera fácil ser una princesa”, exhibían, hace algunos años, muchas adolescentes en sus nicks en el programa de mensajería Messenger. En cambio, en Hard out here, su último sencillo, la cantante británica Lily Allen repite una vez tras otra lo difícil que es ser “una perra”, el lema de un alegato contra la misoginia en el que cabe de todo, desde el sarcasmo hasta la reivindicación, y cuyo vídeo de presentación es una parodia de, entre muchas otras cosas, la pornificación de las actuaciones y videoclips musicales, con mención especial a ese afán de Miley Cyrus por lamer cosas. ¿Es el escándalo un sinónimo de la liberación femenina en el mundo del espectáculo? ¿Un antónimo? ¿O todo lo contrario?

Precisamente, hace muy poco, Cyrus, la mayor apuesta estratégica de la MTV desde la saga Shore, se defendía de los que la juzgan por su nueva imagen asegurando que ella es una de las mayores feministas del planeta. La declaración ha chocado, pero lo que sí es cierto es que la criticadísima ex Hannah Montana no ha hecho nada que no hayamos visto en Qué difícil es ser una perraotros artistas sin emitir tantos aspavientos. Eso que hace con la lengua, por ejemplo, no dista tanto de los lametones al aire de los Kiss, y, en cuanto a la apología de las drogas… qué decir, desde The Doors hasta Chemical Brothers, las ha habido, y las seguirá habiendo para todos los gustos. Si de vanguardia musical se trata, está claro, para muchos de nosotros, quién lleva las de ganar, pero ¿quién habla, ahora mismo, de la calidad de las canciones de Cyrus? Por otra parte, si nos centramos en los vestuarios y bailes escandalosos, los traseros femeninos llevan años bamboleándose embutidos en lycra alrededor de estrellas de hip-hop y reggaetón sin que ello provoque las reacciones de terror vistas en los VMA cuando la intérprete se subió al escenario. Lo que ha hecho la ex estrella Disney o, más bien, su equipo de productores, es tomar todos esos elementos y mezclarlos en un cóctel explosivo que incluye otro ingrediente clave: el de ex estrella infantil, y que garantizará, como ella misma explicaba en el documental que la MTV le dedicó hace poco, que la gente hablará de ella dos semanas en vez de dos segundos. 

Qué difícil es ser una perra

Cyrus, antes del ‘twerking’.

Dunham, esa maldita hipster

Por utilizar otro tipo de referencia cultural, a la protagonista y guionista de la serie Girls, la actriz neoyorquina Lena Dunham, también le han llovido las críticas: por lo que dice en la ficción, por lo que dice en la realidad, por moderna de mierda, por egocéntrica, por inmadura, y, cómo no, por exhibirse desnuda en más episodios de la cuenta.

Todas ellas pueden ser válidas y, sin embargo, muchos de esos pecados han sido cometidos antes por hombres sin que sean sometidos a juicios tan severos. ¿Era Jerry Seinfeld un egocéntrico al interpretarse a sí mismo en su brillante telecomedia? Demonios, ¿no será, en ese caso, Woody Allen un egocéntrico colosal al que, de vez en cuando, se le escapan grandes películas? David Duchovny encarna en Californication a un escritor inmaduro que utiliza el sexo y la farra como vía de escape; sin embargo, en su caso, muchos coinciden en que se trata de un acertado rasgo del personaje, y no, como sucede con Dunham, de un defecto de su personalidad. No se trata de discutir si es mejor el trabajo de Dunham o el de Allen, Seinfeld y Duchovny, sino de por qué lo que en unos constituye un acierto es, en otras, un fallo imperdonable. Y, en el hipotético caso de que fuera un fallo, si el mismo constituye un error inocente o una descomunal operación de marketing de un negocio que nos conoce mejor que nuestra madre.

Lily Allen tiene “el chocho caído”

Qué difícil es ser una perraDe Lily Allen también se han reído mucho. Ha sido, también, juzgada, por un lado, con dureza y, por otro, con ‘preocupación’, sentimiento, éste último, que atañe con frecuencia a los veredictos sobre las mujeres del espectáculo. Britney Spears y Miley Cyrus preocupaban mucho más que Pete Doherty. Y Lily Allen también. Por reconocer abiertamente que traficó con éxtasis cuando era adolescente, y que experimentó con esa y otras drogas. Por sus borracheras, tan cotizadas en las portadas del tabloide sensacionalista The Sun. Por posar desnuda para la revista GQ. Por asomarse en top less al balcón de su hotel en Venecia mientras su novio (también sin camiseta) le tapaba, pudoroso, los pechos con las manos.

El caso es que la cantante y compositora, ahora madre de dos niños, baila el robot en su último videoclip delante de unas letras plateadas que dicen ‘Lily Allen has a baggy pussy’, lo cual viene a significar, hablando pronto y mal: “Lily Allen tiene el chocho caído”. El mensaje parodia, incluso en la tipografía usada, el mostrado en el clip de Blurred Lines, un éxito del “galán” Robin Thicke, en el que una bailarina brinca frente a un mural en el que está escrito “Robin Thicke tiene la polla grande”.

Además de alardear del tamaño de sus genitales y de rodearse, en el mencionado clip, de chicas uniformadas con tan solo minúsculos tangas de color carne, Thicke compartió escenario y baile explícito con Miley Cyrus la noche de los VMA. Pero no se ha hablado tantísimo (ni tan mal) de él. Porque Thicke es un fucker en traje de chaqueta, mientras que Cyrus es vista como una payasa en ropa interior. Forma parte tanto del guión como de la reacción.

Bueno, pensarán algunos, existían terceras vías para Hannah Montana, como el camino más discreto y “decente” de la joven estrella de country Taylor Swift. Meeec, error. Ni la elegante rubia está a salvo: a ella también se la ha puesto en tela de juicio porque suma un historial de finales de relaciones de pareja demasiado largo para el gusto de los medios. George Clooney, en cambio, ha sido siempre un soltero de oro.

Qué difícil es ser una perra

Taylor Swift.

Las excentricidades de Cyrus y muchas de sus compañeras son hábiles operaciones financieras, que se sostienen en la certeza de que el altavoz del público las amplificará, porque parece que una mujer extravagante sigue eclipsando al más extravagante de los hombres. Y tal eclipse oculta otros aspectos, como la validez –o invalidez- artística o profesional de lo que la mencionada haga. La industria del espectáculo conoce muy bien los prejuicios de la audiencia, y los excita y maneja como lo que son: una gigantesca máquina de hacer ‘clic’ y dinero. Probablemente, seguiremos picando; como canta Lily Allen, existe un techo de cristal que romper, pero todavía queda mucho dinero por ganar.

Fotos: Joe Bielawa (cc) / ♥Karen♥-celebfan-lz215✿ (cc) / sonedesigns (cc) / playstationblogeurope (cc) / Eva Rinaldi Celebrity and Live Music Photographer (cc) / Chris Boland (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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