¿Por qué lo llaman movilidad externa cuando quieren decir exilio?

Españoles en el exilio. Rubén Hornillo

 

Desde que arrancara en  la campaña de crowdfunding para financiar su documental, Españoles en el exilio, el cineasta Rubén Hornillo ha recibido cerca de un centenar de mensajes de jóvenes que querían contar cómo ellos también habían tenido que hacer, frustrados, las maletas para buscarse la vida lejos de España. En el primer intento, el proyecto no alcanzó su presupuesto meta, pero su director decidió no rendirse y sigue adelante con su idea: la de retratar a una generación no aventurera ni emprendedora, sino exiliada.

Rubén HornilloSegún la RAE, el exilio es la migración por motivos políticos. Sin embargo, señala Hornillo (en la imagen de la izquierda) a Nokton Magazine, los motivos políticos no solo son los motivos ideológicos. “En España todavía no hay exilios por persecuciones ideológicas, pero sí que es cierto que hay un sistema político que no acepta la participación ciudadana, que es altamente hermético y difícil de influenciar externamente, a no ser que seas banquero alemán. Para la clase política española, las presiones de las naciones del Norte de Europa tienen más fuerza que las presiones de la sociedad española”, lamenta.

Hornillo recuerda que, cuando lanzó el teaser del proyecto en abril, en el que aparecen, vía Skype, varios testimonios de jóvenes expatriados, fue “de los primeros en utilizar la palabra exilio”. Al realizador el término le resulta familiar, y nunca mejor dicho. “Mi madre es cubana, así que estoy muy familiarizado con ese tema, con ayudar a miembros de tu familia a que salgan de un país y se muden a otro”, nos explica por correo electrónico desde Los Ángeles, donde reside actualmente. En su grupo de amigos, él fue de los primeros que se marcharon, a Corea del Sur. “Vi que a España no podía volver, así que decidí hacer una solicitud para estudiar un máster de producción en Los Ángeles y me aceptaron. Hace ya un año que lo terminé, y aquí sigo”.

La actuación policial que colmó el vaso

Neptuno, el 25SEn 2011 y 2012, Hornillos empezó a observar, a través de Facebook, que muchos de sus amigos empezaban a abandonar España. “Especialmente compañeros de carrera que, ante el colapso de los medios de comunicación iban de beca en beca (cobrando una miseria en el mejor de los casos) o de posgrado en posgrado. También aumentó el número de personas a las que no conocía que se ponían en contacto con él porque se estaban planteando mudarse a Los Ángeles.

“Empecé a ver un paralelismo entre lo que había visto con los cubanos toda mi vida y lo que estaba viendo ahora en la gente de mi generación”, relata. Las imágenes de la violencia policial durante las manifestaciones del 25S en Madrid funcionaron como un mecanismo que detonó en Hornillo “la necesidad de hacer algo”. “En ese momento, me di cuenta de que el Estado no nos permitía ni quejarnos, y de que, básicamente, nos estaban tirando del país con una patada en el trasero”.

Exilio vs. idilio

No nos vamos, nos echanEspañoles en el Exilio es, como su propio nombre indica, un claro desafío al panorama que dibuja el archiconocido programa de televisión Españoles en el mundo. Hornillo así lo planteó desde el principio, y considera un acierto esa decisión. “Creo que ha calado mucho entre la gente, ya que muchos de ellos se encontraban en un estado de fatiga con ese formato (el de Españoles en el mundo)”, apunta. “La gente sabe que ese programa no representa la realidad, ya que todos conocen a alguien que se ha tenido que ir y que lo está pasando mal, trabajando sin contrato, con papeles falsos, viviendo en pisos patera…”, agrega.

Juventud sin futuroSi tuviera que hacer un retrato robot del exiliado español actual, Hornillo dibujaría a un joven de 25 a 35 años, que buscó trabajo durante un año después de terminar la carrera y, al fracasar, decidió estudiar un posgrado, “solo para darse cuenta de que tampoco le serviría de nada”. Es alguien que “se siente frustrado en su propio país y sin ningún tipo de futuro profesional”, sentencia. Alguien a quien España le genera tal desconfianza a la hora de encontrar una buena forma de subsistir “que decide sacrificar todo lo bueno que allí tiene –amigos, familia, pareja, calidad de vida- para encontrar algo en el extranjero”.

Este perfil, piensa el cineasta, ampliará su horquilla de edad a partir de ahora y se situará en un rango de 23 a 40 años, “a medida que personas de más edad vayan perdiendo su trabajo y los más jóvenes, ante la falta de oportunidades al terminar su formación, ni lo intenten en España y se vayan fuera directamente”.

Hornillo opina que, a pesar de que a los políticos les guste “que se mantenga la idea de que el que se va lo hace por poco tiempo y porque es aventurero”, se están dando cuenta de que “si siguen negando tanto la realidad, van a generar oposición”. De ahí, piensa el director, que, ahora, “ciertas personas del PP estén empezando a mostrar cierta empatía”. “Pero no nos engañemos: esto es solo manipulación”, denuncia.

Estos mismos sectores, nos especifica, son los que intentan mostrar “un perfil de español que se va a Alemania o a Europa a trabajar de lo suyo y enseguida, para quitarle hierro al asunto”. Pero para Hornillo, la realidad es bien distinta: “Cada vez más gente se va a hacer las Américas, a Australia o a Asia, y emigrar a esos destinos es mucho más dramático. La gente que se marcha a otro continente solo puede volver a España una vez al año, y eso con suerte”.

Perfiles con corazón

A la hora de rodar su documental, a Hornillo le interesa más mostrar los retos que plantea vivir lejos de casa que un catálogo de perfiles profesionales. “Por ahora”, enumera, “tengo el caso de una pareja que acaba de tener un hijo y comienza una familia en el extranjero; el de alguien que vive en una punta del mundo y tiene a su pareja, también española, en otra punta del mundo, pero los dos fuera de España; personas que se han casado con un ciudadano del país en el que viven; personas que llevan meses buscando trabajo y no encuentran nada que no sea precario; personas altamente cualificadas que tienen que lidiar con cierto rechazo hacia los trabajadores extranjeros…”.

Por el momento, sus planes de rodaje lo llevarán a Alemania, Corea del Sur, Sidney, Santiago de Chile y San Francisco. Pretende que la filmación no dure más de un mes –“más seria muy caro”, confiesa-, durante el que volará a un destino, rodará lo máximo durante dos o tres días, se subirá a otro vuelo de ocho horas, seguirá rodando y repetirá este ciclo durante cinco veces, “sin morir”, desea, “de cansancio en el intento”.

Hornillo insiste

Aunque la primera campaña de crowdfunding no llegó a la meta de 33.000 euros establecida (antes de que terminase el plazo se obtuvieron 5.105 euros que han tenido que ser devueltos por no haber completado los objetivos, así funcionan estas cosas), Hornillo dice que la respuesta del público y los medios de comunicación a su proyecto ha sido “muy positiva”. Por eso, anunció que tendría lugar una segunda campaña de micromecenazgo más modesta y más larga, combinada con otros modos de financiación. “Creo que, como muy tarde, rodaremos el proyecto en febrero de 2014”, explica.

El joven cineasta cree que existen “varios caminos para redistribuir la riqueza”, pero que éstos no interesan a los políticos. “Esos políticos están protegidos de tal manera por la Constitución que parece que una revolución violenta es la única manera de conseguir que cambien de actitud”, reflexiona. Él, en cambio, sueña con llegar, con su documental, “a la parte de sus corazones que no está podrida”.

No nos vamos, nos echan

 

Fotos: Trixou (cc)/ Laura Tárraga (cc)/ Pinbol09 (cc)/ JAVIER.HERRERA (cc)/

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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