Pía Tedesco: “La conexión directa con el público es fundamental”

Tiene una presencia tranquilizadora y una voz que invita a conversar durante horas. Mira a los ojos mientras habla y uno comprende al instante que Pía Tedesco, bajo esa serenidad que transmite, es una artista, una diva, pero de esas a las que no les importaría quitarse los tacones para bailar descalzas en cualquier club en el que pongan buena música. Una diva canalla, como la esencia del género que tantos logros le reportó estos últimos años, el cabaret. Entre otras cosas, es una de las cabezas pensantes detrás del maravilloso proyecto el Cabaret Flotante y directora del Festival Iberoamericano de Cabaret España, FICE.

De ascendencia española e italiana, la actriz y cantante argentina, se muestra cercana y risueña. Habla de su vida, de sus trabajos artísticos, de Bob Fosse, de Kurt Weill… y nos acaba confesando que el cabaret de antaño, el del París y Berlín de los años 20 y principios de los 30, el que bullía compinchándo con la semiclandestinidad no existe más y “es difícil que vuelva a brotar”. La corrección política pasa factura. Consciente de que hay que hacer una relectura del género, se muestra agradecida por la acogida de su monólogo musical, Envidia de la luz, por parte del Teatro Fernán Gómez de Madrid. Allí estará actuando con su compañía Pía Tedesco Ensemble del 24 al 28 de febrero. “Se agradece y es muy interesante que desde lo institucional haya espacio para pinchar un poco el globo”.

Nokton Magazine: Según la sinopsis Envidia de la luz va a ser como una sesión de terapia en la que el público ejerce de psicólogo. ¿El hecho de subirse al escenario no es ya de por sí una terapia?

Pía Tedesco: Creo que indirectamente si, porque lo bueno que tiene el escenario es que el actor puede hacer su propia catarsis…para convertirse en distintos personajes el actor indaga en sí mismo y se acaba conociendo más. A veces, toca poner el ojo sobre otro ser humano y eso también es muy enriquecedor. Al subirte al escenario de alguna manera estás exorcizando. No digo que sea una especie de terapia, porque no lo es, pero para mí y para muchos artistas, tanto actores como cantantes, es como un bautizo del que sales renovado y en el que has hecho algún tipo de trabajo personal.

NM: El nombre del show, Envidia de la luz, ¿tiene alguna explicación?

PT: La protagonista del espectáculo va al psicólogo porque básicamente odia todo…la realidad es que se siente sola porque, según ella, los demás le tienen mucha envidia. Se acaba dando cuenta de que la envidia es suya no de los demás. Ella sí que envidia y envidia la luz. La luz es como una imagen que representa todo aquello que es bello y que sentimos que no nos pertenece, que de alguna manera está fuera. La protagonista descubrirá que hay una parte de sí misma que se parece a algo a esa luz que tanto envidia.

NM: ¿Y a qué tiene envidia Pía Tedesco?

PT: Me gustaría decir que a nada. No lo sé en realidad, porque tengo justamente muy currado lo de la envidia y no llega a convertirse nunca propiamente en envidia, pero hay alertas.

NM: ¿Es envidia sana entonces?

¡No! (risas), la envidia sana no existe, cuando te digan que te envidian tú corre…cuando no te alegre la felicidad de otro presta mucha atención porque es un indicador de que estás negando un deseo propio.

La actriz y cantante argentina presenta un nuevo monólogo musical lleno de humor ácido.

NM: Volviendo a Envidia de la luz, ¿hay algo que nos puedas desvelar del show?

PT: Estaré con Sebastián Chames al piano y Chema Saiz a la guitarra, dos musicazos increíbles que me arroparán durante todo el espectáculo. Además, el público se va a encontrar con que forma parte de una terapia de grupo. Esto es lo que le da el punto cabaretero, la interacción con el público, que participe, que esté ahí. Estos espectáculos sin cuarta pared son en el presente total. Es el aquí y el ahora y hay que aceptarlo.

Te puedes encontrar con cosas muy inesperadas y si no estás en el presente estás muerto, pierde energía todo lo que está sucediendo.

NM: Todos estos años has estado realizando muchos proyectos relacionados con el cabaret ¿Por qué te apasiona tanto?

PT: Tiene el punto de la conexión directa con el público que es para mí fundamental. El público está activo y casi dentro del espectáculo. Me gusta también porque se puede jugar mucho, provocar, y hay un feedback muy fuerte y muy claro. Otra cosa que me encanta es que siempre hay música ¡y yo soy músico!, y el humor ácido y negro. Nos reímos pero ¿de qué nos reímos? Nos reímos justamente por no llorar. El cabaret critica y va muy a fondo.

NM: Hablando de humor ácido, estamos en una época un poco extraña en la que hay que andarse con cuidado según que chistes o bromas se hagan, ¿qué papel juega el cabaret en estos tiempos en los que parece predominar lo políticamente correcto? ¿Es más necesario que nunca?

PT: Yo creo que es muy necesario que espabilemos… es fundamental que seamos muy listos y que empecemos a filtrar. Antes el problema era la falta de información y ahora el problema es donde encuentro esa información, hay tanta cosa…hay que ser críticos y el cabaret ayuda mucho en este sentido.

NM: Impartes también cursos de cabaret, ¿se puede enseñar?

PT: A ser cabaretero no se enseña. Por ejemplo, a mis alumnos de canto les digo que yo no los enseño a cantar, yo les muestro las herramientas pero los que aprenden a cantar son ellos, ellos tienen que estar trabajando y yo los acompaño con todo mi amor y conocimiento…yo descubro, no creo.

Puedo enseñar a que una persona aprenda a mirarse, que aprenda a buscarse, para que después ya lo pueda hacer por sí misma.

 

NM: Nelson Quinteiro, director del festival de Cabaret de Galicia, contó una vez en una entrevista que se hizo fan del cabaret de pequeño, cuando descubrió a santa Liza Minnelli, ¿cuáles son tus santos patrones del cabaret?

PT: (Risas) Mira, me acabo de dar cuenta ahora de algo increíble. Tres de las películas que más me marcaron de pequeña eran de Bob Fosse, pero yo de aquella ni sabía quién era el director. La primera que ví fue Cabaret… de pequeña también me marcaron mucho las películas que veía mi madre en la tele en blanco y negro del Hollywod de los años cuarenta y de tango, mucho tango: Libertad Lamarque, Gardel, Hugo del carril. Veía aquellos tuburios tangueros y me parecía mágico. Luego, a los 17 años, una chica de la que me hice amiga me puso un disco con canciones de cabaret de Kurt Weill y me quedé loca…descubrí que Weill le había dado una forma como más estructurada y teatral al concierto de cabaret y empecé a tirar por ahí, fui investigando todo lo que se hacía en Francia y en otros países y ahí comenzó un poco todo.

NM: Hace unos 15 años, aproximadamente, decidiste saltar a esta parte del charco. Los inicios en Madrid ¿fueron duros?

PT: Durísimos. ¡Oliver Twist! (risas). Queriendo vivir de la música y sin conocer a nadie aquí…. había venido a visitar a mi madre que vivía en Ávila.

NM: Pero parece que te fue muy bien, como se suele decir de Madrid al cielo…

PT: ¡Claro!, por eso estoy muy agradecida a las personas de Madrid y a toda la gente que me acogió, también en Ávila, en la Sierra de Gredos.

Ella quiere a Madrid y parece que es un sentimiento correspondido. Si queréis quererla un poco más de lo que ya la queréis o empezar a quererla por primera vez, dejaos envolver por la atmósfera cabaretera de Envidia de la luz, del 24 al 28 de enero en el Teatro Fernán Gómez de Madrid. Más información sobre precios y horarios en la web del teatro.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

Comments

comments