Películas para no echar de menos la playa

Y decía el poeta en sus versos que “tu piel morena sobre la arena, nada es igual que una sirena. Tu pelo suelto moldea el viento, cuando te miro me pongo contento”. Como todo lo que sueltan esos literatos por sus letras, versos mentirosos porque no hay nada más incómodo que posar en la arena de la playa. Entre la crema, las algas, los granitos de sílice que se incrustan en las toallas y en cada prenda de ropa que llevamos es un sinvivir. Esa ola traicionera que te revuelca y te coloca el bikini por montera, sin contar con las peleas por colocar la sombrilla y las quemaduras solares por esas desafortunadas siestas a deshoras. Pero uno de los mayores enemigos son esos infames bichos marinos criminales, que son las avanzadilla de los más abisales seres que habitan los océanos, las medusas. Desde aquí, sin ni un poquito de envidia (mentira podrida) hacia aquellos que estáis remojándoos en playas de mar y agua dulce, os vamos a demostrar que esas aguas están infestadas de seres malignos, porque el cine siempre tiene razón. Ilusos que sonríen felices en sus días de playa…  ¡Y allá se os quede la marca del bañador donde no queríais!

Tiburón  fantasma (2013)

Sentado en la toalla, con una hamaca bajita, ligera. La crema bien echada y absorbiéndose lentamente para conseguir un moreno 10. Una playa familiar con poca profundidad, de esas que casi no cubren más allá de la rodilla. Tal que así disfrutaban la playa ese 4 de julio yanqui los bañistas de Tiburón fantasma, peliculón en la que el escualo que se comió a un chaval borracho, y que fue pescado posteriormente como condena, vuelve a vengarse cada Día de la Independencia. No se está tranquilo ni en la ducha de después.

Deep Rising (1998)

En un barquito, mecido por las olas, con un cóctel en la mano. El capitán con su gorra otea el horizonte y el viento mece la melena de los pasajeros que sonríen viendo el atardecer…  Y para fastidiar la bella estampa , el bicharraco de turno rompiendo la cubierta, tirando a la banda por la borda y dejando hecho unos zorros. Es que nunca sabemos qué nos puede estropear la plácida travesía. Luego todo se liaría y tendrían que venir los geos a pillar a la alimaña. Más o menos así se desarrolla esta película, menos mal que es en el mar de China y aquí de esas cosas no hay, ¿no?

Mega Shark vs Giant Octopus (2009)

Las gafas, las aletas, el tubo y quizás un neopreno para dar la imagen de profesionalidad con la que nos veíamos comprando el equipo en el Carrefour o en el Decathlon. El plan no tiene fallos: mirar pececillos, seres dulces que nadan al compás de las olas, descubrir alguna estrella de mar con bellos colores. Idílico fondo marino hasta que de pronto estalla la guerra entre los seres prehistóricos que dominan los océanos. ¿Se puede nadar tan rápido como para que no te enganche la pierna un mega pulpo y te lleve a lo más profundo?

La isla de los hombres peces (1979)

Bellos cuerpos recostados en la orilla, con el agua golpeando graciosamente sus pies, sus piernas, a cada golpe de ola. El sol va a coloreando de dorado sus pieles. Algún granito de arena traicionero se coloca en una parte pudorosa y desencadena las bromas y chistes del grupo de acompañantes. Todo sería ideal si se tratara de una playa virgen y limpia, pero sabemos los vertidos indefinibles que sufren las playas urbanas… No sería descabellado pensar que, de tantas horas en la orillas y en contacto con el agua, esos bellos cuerpos fueran mutando a peces con ovas y lamas.

Anaconda (1997)

Quizás las inclinaciones de los gustos de cada cual o el dinero presupuestado para las vacaciones no dan para ir más allá que a la playa del pantano o el río del pueblo de los abuelos. Puede que tu aspiración no llegue a más que una escapada puntual a la sierra con chorreras más cercana a tu ciudad. El sonido que en ese contexto acompaña es el de los pájaros y las torrenteras. En la soledad se podría observar a un pequeño roedor acercándose a beber del río. Y algo se acerca sinuoso por entre las rocas. Se confunde con el verdín del fondo de la poza y ataca. Su cabeza es tan grande que podría haber devorado a docena y media de ratones y haberse llevado de un bocado tu pierna y la cesta de picnic.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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