París era un paseo. 50 años de Rayuela

Rayuela es más que una novela. Rayuela es un ensayo narrativo, una suerte de juego de salto y agilidad literaria. La obra de Julio Cortázar, este belga metido a argentino, fumador empedernido y de ojos saltones, es un antes y un después en el discurrir de la literatura en lengua castellana (hay quien dice que universal). Algunos sitúan la fecha de publicación de la novela como uno de los hitos fundacionales de lo que se llamó el boom literario hispanoamericano. Ahora podemos soplar las 50 velas de la tarta que conmemora el momento.

cortazarNo son pocos los estudiosos y especialistas que dicen que no es posible que conformen generación literaria aquellos que se agrupan bajo el membrete del “Boom hispanoamericano” (léase autores como Mario Vargas-Llosa, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez o el nombrado Julio Cortázar entre otros). Los vínculos estéticos que aúnan a esta serie de escritores pasan más por un sincretismo folklórico y cultural panamericano, sin olvidar el germen del realismo mágico sembrado por el cubano, a veces injustamente poco reconocido, Alejo Carpentier, que por aquellos rasgos que han de hilar obras y autores coetáneos para ser considerados como tal.

La influencia del imperio cultural norteamericano, así como su paso por la bohemia inquieta París de aquellos años, sin olvidar el silencio impuesto por la política en la literatura en castellano de este lado del Atlántico, permitió crear un campo de cultivo para estos creadores.  Sus relatos trajeron consigo la ampliación de temas, indistintamente rurales o urbanos, la integración de lo real y lo fantástico, la renovación de las técnicas narrativas y la frecuente experimentación con el lenguaje. Pero sobre todo, llegaron con un nuevo concepto de difusión.

El carácter periodístico predominante y, en cierto sentido, publicitario o al menos editorial, que se aplicó a la difusión exitosa y simultánea de un reducido grupo de escritores, en los años sesenta del pasado siglo, que no configuraron ningún grupo, tendencia o escuela artística, y cuya única seña de identidad en común era el uso de la lengua española y el hecho no ser nativos de España sino de diversos países del bloque hispanoamericano. Era la literatura arraigada en libertad en castellano que por fin era conocida por el mundo entero.Cortázar asomado

Y ya hemos dicho que París forma parte de la vida literaria de todos ellos, pero el recuerdo se nos va inmediatamente a los saltos de casillas de la Rayuela de Cortázar cuando pensamos en el míticamente literario Barrio Latino de la ciudad del Sena. Puedes pasear por las callejuelas del quartier en busca de los restos legendarios de la arena de playa de aquel mayo del 68 o cotillear los escaparates cuidadosamente colocados de las librerías que se nutren de los aires culturales que escapan de los muros de la Sorbona, espacios que recorrió tantas veces el autor hasta convertir a la ciudad en un personaje más.

Aunque el Instituto Cervantes de París ha planteado una ruta mucho más exhaustiva, desde estas líneas os animamos a recorrer esos adoquines impregnados de historias reales y ficticias que atraen a muchos cientos de visitantes con tu edición de la novela bajo el brazo.  Zapato cómodo, botella de agua (en las cafeterías de la capital francesa son más caras que un café con leche) y ganas de una vuelta al imaginario novelado.

Bienvenidos al escenario del encuentro imprevisto de Horacio Oliveria y la Maga. Romanticismo bohemio de un mundo que cumple 50 años.

1. Quai de Conti: “¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti […]”

2. Pont des Arts: “[…] ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de una lado a otro, a veces detenida en el petril de hierro, inclinada sobre el agua” .

3. Museo del Louvre: “[…] me había dado por recorrer vitrina por vitrina toda la sección egipcia del Louvre”.

4. Rue du Jour: “A las seis había una sopa caliente en la rue du Jour.”

5. Au chien qui fume (Rue du Pont Neuf): Café que incluye Horacio Oliveira en su listado de cafés históricos en el capítulo 132.

Pont neuf6. Pont Neuf: “-Para qué – contestaba la Maga, mirando correr las péniches desde el Pont Neuf – Toc, toc, tenés un pajarito en la cabeza…”

7. Rue Dauphine: “caminaron Boul’ Milch’ abajo y Boul’ Milch’ arriba antes de irse vagando lentamente hacia la rue Dauphine” .

8. Rue de la Huchette: Lugar de elucubraciones metafísicas/patafísicas de Oliveira.

9. Catedral de Notre Dame: Lugar donde una noche la casualidad hizo coincidir a la pareja.

10. Rue du Sommerard: Aquí vivía Horacio Oliveira.

11. Rue Valette: En un hotel de esta callecita la Maga y Horacio comparten lecho por primera vez.

12. Rue Monge:  “[…] Oliveira le había preguntado a Wong si era cierto que la Maga estaba viviendo en un mueblé de la rue Monge […]”

13. Rue Medicis: Escenario de la anécdota totémica del urinario en el capítulo 1 de la novela

14. Rue Monsieur Le Prince: “Y se orientaba hacia la rue Monsieur le Prince sin razón alguna, dejándose llevar hasta distinguirla de golpe”.

15. Carrefour de L’Odeon: “Comíamos hamburgers en el Carrefour de l’Odéon, y nos íbamos en bicicleta […] a cualquier hotel, a cualquier almohada.”

16. Rue Tournon: Punto de paso en el camino a la casa de Madame Trépat.Montparnasse

17. Rue Saint-Sulpice: “Entonces se tiraba contra él con gran sorpresa de un matrimonio que paseaba por la rue Saint Sulpice”.

18. Rue de Babylone: Se cree que aquí se ubica la sede del Club de la Serpiente.

19.  Cementerio de Montparnasse: El personaje de Oliveira tira en este mítico lugar un papel en el último salto de la novela y es en este camposanto donde los seguidores de Cortázar depositan recuerdos y homenajes en su tumba. También puedes encontrar la tumba de César Vallejo, Jean Paul Sartre, Samuel Beckett o Serge Gainsbourg.

 

Nota: Como acompañamientos al paseo parisino, queda recomendado la visita a la sede del Instituto Cervantes de la ciudad ( 7, Rue Quentin Bauchart) y a la exposición que han organizado con motivo del aniversario Rayuela: el París de Cortázar.

 

Fotos: Quin Drombrowski (cc) /Mondo Gasparotto (cc) / Philippe Poivre (cc) / Vegan warrior (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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