Optimismo Low-Cost

Back to the future. Weilah de las Montañas

Me hablas de lo de tu padre y sé lo de tu hermano porque me lo dijiste la semana pasada y si omites nombrarlo es que nada ha cambiado, quizás incluso haya ido a peor. Las bromas se acortan con la llegada del crepúsculo. Nos despedimos sin decir hasta luego. Creía a The Cure con aquello de que los chicos no lloran. Falso. Lloramos más cuando estamos solos, pero incluso entonces te lo digo: hay que vivir. Parece fácil y decirlo no va a cambiar nada, pero en serio, hazme caso: tenemos que sobrevivir. Y ya sabes que no hablo sólo de nosotros, ¿verdad?

Estar alerta. Optimismo Low-Cost, podría decirse. Dicen que los tiempos malos vienen y van, que la vida es una rueda como apuntaba Boecio, que nos subamos a su radio y que no nos quejemos cuando éstos nos conduzcan al abismo del asfalto frío. Pero es difícil mantenerse  erguido  en estas noches oscuras, en este invierno de desesperación que asola el país. Las nubes negras no se van y el futuro es  una supernova que tan sólo podemos distinguir en la lejanía de la noche. El blanco que destella tardará años luz en venir a rescatarlos.

Estar alerta. Y aún así, no seáis cínicos. No caigáis en movimientos anti-sistema que agitan viejos fantasmas, no os riáis de las desgracias ajenas ni tampoco os sintáis defraudados. Optimismo low-cost. El único que podemos permitirnos ahora. El único que puede sacarnos de aquí.

Crear aunque os dé miedo publicar vuestros pensamientos o peor, creáis que no hacen mella en una red saturada por idénticos discursos. No temáis replicar, temer copiar, fingir. Procurad que con cada palabra vuestra haya una voz , que con cada fotografía no imitéis a Instagram sino que capturéis un irrepetible universo de matices y formas. Hacer temblar los cimientos del cielo. Trabajar duro, luchar por ser optimistas aunque todo os indique lo contrario. Enfrentaros al cáncer que asola a vuestros familiares y amigos de la misma manera que la enfermedad terminal que asola estas tierras. Cada mañana cuando os levantéis y el corazón os ahogue en el desencanto de la cuesta debajo de todo un mundo, no caigáis. Ser fuertes.

Control, (Anton Corbijn, 2007)

Tratar de detener el tiempo. Es vuestro. Amar todo lo que hagáis como si fuera algo nuevo, cualquier detalle horrible y mecánico, desde recoger el billete del metro hasta pasar la hoja de un libro usado. Amar esas pequeñas cosas que os hacen fuertes. Recordad que “love will tear us apart” a menos que pongamos todo nuestro empeño en lo contrario. Recordad que el mejor beso es el que aún no hemos dado, la mejor mañana la que nos aguarda en algún momento cercano. Que vuestra inteligencia no os haga sentir inferiores, no sintáis vergüenza por ser de dónde somos, mediocres y paletos, brillantes y geniales.  Desgraciada  y afortunadamente únicos.

Que vuestros mayores no os impongan sus fracasos como suyos. No leáis los periódicos como diagnósticos de la realidad sino como epitafios de un mundo caído. Que no os engañen viejas canciones sobre tiempos mejores que ninguno ha llegado a conocer. Somos más de lo que fuimos en nuestro pasado.

Por eso te escribo esta carta, hermano. No desistas. Que la rabia y el desánimo no nublen tus sentidos. Dame un abrazo, descansa, mañana nos levantamos temprano. Los dioses esperan iluminarnos, que decía  Bukowksi.

No los defraudemos.

Foto: Weilah de las Montañas (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

Comments

comments