‘Oliver´s Deal (La deuda)’: Te quitarán la tierra

El cortometrajista Barney Elliott tenía un amigo que trabajaba en el sector financiero. Un día le habló sobre unos bonos que estaba adquiriendo. Elliot se interesó y se puso a investigar. Se trataba de antiguos bonos que el Gobierno peruano había entregado en los años sesenta a los campesinos en compensación a las tierras expropiadas. A la caza de aquellos bonos impagados andaban años después poderosos estamentos financieros y uno de aquellos extorsionadores que ofrecía cantidades míseras a los aldeanos para comprárselos era su amigo. Una deuda que luego requerían al gobierno de turno y que renegociaban para arreglo de ambas partes. El director americano decidió que debía escribir una película sobre el tema y, al tiempo, fue elegido para entrar junto a otros seis realizadores en la célebre Residencia de Cannes. Allí nació el guión de su primera cinta larga, Oliver´s Deal (La deuda), ganadora en la última edición del Festival de Málaga de la Biznaga de Plata al Mejor Guión y a la Mejor Actriz de Reparto (Nidia Bermejo).

“Hablamos de Perú, pero podría estar enclavada en cualquier país del mundo, incluso España – comienza señalando Elliot -. Yo quería mostrar que, aunque lo que están haciendo las empresas es legal según leyes internacionales, se están aprovechando. Las entidades financieras lo controlan todo y me imagino que la gente elegida para protegernos, tiene intereses o está metida dentro de este tipo de negocios que perviven en nuestro sistema, al que si no tienes dinero no perteneces” explica apesadumbrado.

Quien pone las reglas está muy claro. “Los gobiernos no están diciendo la última palabra porque en ese caso ayudarían a su gente. Son los negocios, los bancos… El poder financiero mueve el mundo hasta límites insospechados. No controlamos nuestra propia vida. Es triste, pero debemos saber que es así”.

La película, que se estrena el 15 de mayo en España, funciona como un microcosmos de la globalidad. Enmarca el funcionamiento de un tablón de juego, en el que unas pocas fuerzas sostienen las riendas de los mercados y deciden sobre los factores económicos que de la macro-economía saltarán al desarrollo y pervivencia de la economía casera.

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Coproducida entre EEUU, España y Perú, toma la forma de un intenso drama político abierto a varios personajes que divagan entre el bien y el mal (algunos ya tienen escogido su bando de antemano) y que terminan haciendo daño al prójimo por alcanzar su objetivo. En su internacional reparto Stephen Dorf como Oliver, intermediado entre un fondo de inversores de Wall Street y Latinoamérica; Alberto Ammann, amigo de Oliver y alter ego de Barney Elliot en la ficción; y Carlos Bardem, interpretando a un codicioso y manipulador hacendado.

“La película es muy valiosa por cómo cuenta el que dos tipos desde su despacho decidan hacer un negocio y que eso acabe por destruir la vida de una familia en un Valle de los Andes. Realidades sociales separadas por miles de kilómetros y absolutamente distintas que parecen no tener conexión. Sin embargo, una decisión legal e inmoral de unos altera la vida humilde de los otros” explica Bardem. Su personaje, Caravedo, se encuentra en el proceso intermedio. “Los peces gordos siempre necesitan cómplices locales para convertir a las personas en apuntes contables”, señala.

Carlos Bardem

La cinta se rodó en Nueva York, Lima y Huaraz (Perú), población situada a más de 4.000 metros de altitud. A esta última circunstancia se refiere Alberto Ammann cuando nos habla de su papel en la cinta. “La falta de oxígeno nos producía un gran cansancio. Arrastraba mi cuerpo mientras intentaba mostrar la energía y decisión que me pedía Ricardo, un tipo de clase media que se mueve entre la justicia y la ambición”.

Sobre la codicia, baluarte de gran parte de las decisiones tomadas en la historia, le preguntamos y Amman nos contesta sin pensárselo dos veces. “Es un peligroso mal que no entiende de estamentos. Está fundada en un modelo social bien visto y aprobado por una gran campaña de marketing: Hay que ser competitivo y mejor que el otro. El valor central es el capital y todo lo demás es secundario, incluso las personas. No importa maltratarlas”.

Hay otro factor, sin embargo, que le preocupa aún más: la ingenuidad. “En mi personaje está muy presente, la misma que ha caracterizado a una amplia parte de la clase media trabajadora y clase baja. ‘No pueden ser tan malos; son empresarios y quieren hacer dinero, pero no son asesinos’ y lo que estamos viendo con y sin crisis es que por enriquecerse vale cualquier cosa”. Y sentencia, bajo el asentimiento de Bardem y la atenta mirada de un Barney Elliot que sólo aspira a generar un minuto de reflexión con su cinta: “El gran reto de nuestra sociedad es empezar a mirar los problemas que tenemos cara a cara”.

rdp

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