El minuto del payaso o la obra que puede salvarte la vida

Os propongo un ejercicio de memoria. Cuando erais pequeños y os preguntaban qué querías ser de mayores ¿qué contestabais? Puede que unos dijeran médicos, otros profesores, granjeros, ¿políticos?, o, incluso, astronautas. Pero, ¿alguno se planteó ser payaso? De ser artista, puestos a elegir, uno prefiere ser bailarín, funámbulo o estrella del rock. Pocos son los que eligen la nariz roja como parte imprescindible de su uniforme, aunque los hay. ¿Locos? ¿extravagantes? Puede que ambas cosas. Son personas que creen en el poder de la risa como motor del mundo. Algo a lo que no se le da importancia, pero que la tiene, como se empeña en recordarnos con éxito Luis Bermejo en la obra El minuto del payaso.

Bermejo, conocido entre el gran público por su papel en Magical Girl de Carlos Vermut, se mete en la piel de Amaro Junior, un payaso Augusto que ha mamado la profesión desde la cuna, y que, sin embargo, siempre soñó con ser domador de circo. La función nos muestra la espera de Amaro antes de salir a escena en una función benéfica. Está en el foso de un circo y por megafonía se escucha una voz de un presentador italiano (¿o era de Pontevedra?) que va dando paso a los diversos artistas circenses. Mientras aguarda su momento, Amaro va desempolvando el baúl de sus recuerdos entre los que se encuentran la relación con su padre o su amor hacia una bella écuyère.  Todas son anécdotas de una existencia y una profesión con las que se ha ido reconciliando con el paso de los años.

Luis Bermejo interpreta a Amaro, un payaso Augusto que siempre ha soñado con ser domador

La obra, que ya se representó en Kubik Fabrik en el 2014, es un auténtico homenaje a la figura de los grandes clowns, como Charlie Rivel, y, por consiguiente, a los grandes hombres que les dan vida. Nada más empezar, un grito de guerra: “el payaso también se juega la vida”. Y lo hace. Si os cuesta creerlo, recordad aquel juego en el que te ponían delante de todos tus amigos con el objetivo de hacerlos reír. Sudores fríos le entrarán a más de uno sólo con pensarlo. Y es que despertar el sentido del humor de los espectadores, adormecido por el día a día, es muy difícil; ¡ya no os digo conseguir que explosionen en carcajadas! Bermejo esta vez se la juega y gana alcanzando momentos geniales, uno de ellos con alguna fruta de por medio. Se arriesga sólo ante el público, interpretando un rol en el que es difícil discernir dónde acaba el hombre y empieza el payaso o viceversa.

Como dice Sabina, “amores que matan nunca mueren” y aquello que te hace reír tampoco se marchita nunca, sino que deja poso. Porque aunque exista la expresión morir de risa, la verdad es que la risa no mata. La risa salva, sana e invita a la vida; y ¿qué mejor manera de reírse y olvidarse de los problemas cotidianos que dejando que un payaso coja su corazón y lo ponga en tu mano para que respires?

El minuto del payaso, de José ramón Fernández y dirigida por Fernando Soto, puede verse en la sala Margarita Xirgu del Teatro Español hasta el 11 de octubre. De martes a sábado a las 20.30h, Domingos a las 19.30h. La entrada cuesta 18€ pero martes, miércoles y jueves hay un 25% de descuento.

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