‘Los brillantes empeños’ de Grumelot por mantener la palabra viva

Tras haber visto cómo en Sobre Julieta la compañía Grumelot se sumergía más allá del texto clásico de Shakespeare y nos presentaba un espectáculo contemporáneo y transgresor capaz de integrar al espectador y conseguir emocionarle, no podíamos esperar menos de su nueva puesta en escena.

Con Pablo Messiez en la dirección, regresan a Nave 73, con los que han colaborado en el montaje, para mostrarnos su particular estudio sobre los clásicos del Siglo de Oro Español: Los brillantes empeños. Una investigación propia que nos hace partícipes de un texto original donde hilvanan retazos sueltos de Calderón de la Barca, Cervantes, Lope de Vega o Teresa de Ávila. Todo ello para presentarnos una manta tejida a base de palabras con la que poder taparnos del frío, protegernos de la soledad y donde acurrucarnos para preguntarnos por el sentido de la vida.

Sin un hilo argumental definido, porque no es necesario, Los brillantes empeños consigue embaucarnos durante casi dos horas en una historia pasional, de sentimientos desgarradores y de incertidumbre amenazante por todo aquello que viene de fuera. Las palabras son las que dotan de significado a una realidad tan ajena e incomprensible para nosotros como para los protagonistas.

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José Juan Rodríguez al inicio de la representación.

Sobre un escenario extremadamente minimalista, seis hermanos, una olla hirviendo rodeada de patatas, una bañera y un ventilador, y libros, muchos libros, quizás los verdaderos protagonistas.

El hermano pequeño aparece en escena recitando a Calderón de la Barca (Hipogrifo violento, que corriste parejas con el viento…). El día que él nació fue el último que los hermanos hicieron algo juntos. “Había un silencio muy bonito”. Junto a él, el resto de actores nos muestra que cada uno tiene su propio papel: en la familia, en la vida y en la obra.

Con un universo asfixiante de fondo, el público es capaz de sentir el calor aplastante del ambiente, resultado en muchas ocasiones de sus propias pasiones. ¿Pero cuál ha sido el desencadenante para llevar a esta familia a encerrarse entre cuatro paredes, a protegerse del mundo exterior? No se verbaliza, pero se teme. Un futuro indeterminado que les ha pillado desprevenidos y al que deben enfrentarse con la única arma del poder de los clásicos. Unos textos que les dejó su padre en herencia. Un padre desaparecido, “que no es lo mismo que muerto. Lo desaparecido no vuelve, lo muerto vive para siempre“.

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José Juan Rodríguez, Carlota Gaviño, Javier Lara, Rebeca Hernando, Mikele Urroz e Íñigo Rodríguez-Claro durante un ensayo de ‘Los brillantes empeños’.

José Juan Rodríguez, Carlota Gaviño, Javier Lara, Rebeca Hernando, Mikele Urroz e Íñigo Rodríguez-Claro hacen gala de una interpretación tan textual como gestual que es capaz de encogernos el estómago y hacernos sentir. Como si de los hombres libro de Farenheit 451 se tratara, el reparto nos hechiza hasta hacernos partícipes de la representación.

Frente a las pasiones que se forjan entre estas peculiares relaciones familiares, la importancia de cubrir las necesidades básicas para traernos de vuelta al mundo de la lógica y la coherencia. Una obra sobre palabras, donde, curiosamente, lo que sobran son las mismas. El resultado: una emoción amarga al ver recreado un texto tan arriesgado como indispensable, con el lenguaje como salvavidas para la supervivencia.

Los clásicos vuelven a la vida en esta obra contemporánea que se recrea en el placer de la lectura y que nos presenta el Siglo de Oro del Teatro Español como un amigo y un ayudante para luchar contra el vacío existencial. Tras su paso por el Festival de Teatro Clásico de Almagro, Los brillantes empeños regresa ahora a Nave 73 para llenar sus butacas de poesía. Próximas funciones: sábados 29 de noviembre y 6 de diciembre a las 20:00h. y domingos 30 de noviembre y 7 de diciembre a las 19.00h. Desde 12€.

 

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