Lip dub o el karaoke del siglo XXI

 

Tiremos de Wikipedia: “Un lipdub o lip dub (“doblaje de labios”) es un vídeo musical realizado por un grupo de personas que sincronizan sus labios, gestos y movimientos con una canción popular o cualquier otra fuente musical.

Se realizan en una sola toma (plano secuencia), en la que los participantes hacen playback (sincronización de labios) mientras suena la música en un reproductor móvil. No importa la calidad del sonido de la toma porque es en la edición posterior cuando se incorpora la canción como banda sonora. El hecho de que se trate de un plano secuencia hace muy fácil el proceso. Con estos vídeos, sus autores, además de realizar de forma colectiva una experiencia creativa, muy divertida y sin complicaciones técnicas, suelen tratar de mostrar el buen ambiente en una institución determinada: universidad, empresa, etcétera. Han adquirido gran popularidad gracias a las páginas de almacenamiento de vídeos como YouTube.”

En definitiva, el lip dub es hijo del karaoke casero frente al espejo y nació como una buena excusa para hacer un poco el tonto con tus amigos delante de una cámara al ritmo de una canción que os convenciera a todos, pero hemos llegado a una nueva realidad. Y eso que hay quien dice que están pasados de moda.

El último bombazo en Youtube lo ha dado un astronauta que ya era una celebridad en Twitter (las redes sociales son las reinas). El canadiense Chris Hadfield ha jugado sobre seguro: un buen tema como es el Space Oddity de David Bowie, recursos estéticos que le da la ingravidez de la Estación Espacial Internacional y una vis cómica potente. Una manera perfecta de volver a la tierra.

Otra variedad de movimiento acompasado de labios y música es aquella que sirve para demostrar lo guapo, lustroso y simpático que eres. Eso hicieron los chavales de la selección olímpica norteamericana de natación en las semanas previas a los Juegos Olímpicos de verano de 2012 en Londres. Gorros que sólo a ellos y ellas les sientan bien, gafas de buceo, cuerpazos, muchas mechas rubias de cloro y una canción pegadiza. ¡Hasta Michael Phelps se animó!

Con más o menos gracia quizás puedes aportar tu granito de arena a una buena causa: desde conseguir fondos para avanzar en la investigación de la lucha contra el cáncer hasta pagarte el viaje fin de carrera.

Los hay con más ingenio aún y no sólo se atreven a hacer el pseudokaraoke sino que además lo hacen sobre una canción inventada por ellos mismos. Una manera diferente de venderte o hacer llegar a la gente cual es la realidad de tu situación. Si la investigación no nos da para retirarnos y vivir felices, siempre nos quedará el mundo de la música. O no.

Pero no hay mejor opción que usar la creatividad para luchar por el futuro y conseguir implicar a todas las partes en la consecución del objetivo. Niños, un músico comprometido y una buena producción. Un bello paseo musical que dulcifica una cruda realidad.

Así que ya sabéis, tengáis una buena causa que conseguir o sea simplemente por pasarlo bien, quizás este tipo de quince minutos de fama no esté tan pasado de moda como se piensa.

Foto: Farlane (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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