‘La Lengua madre’: Juan Diego y el poder del lenguaje

“Vas a cobrar antes de tiempo por lo de maestro” le dice burlón Juan Diego a su socio Jorge de las Heras, uno de los promotores de los Teatros Luchana, al escuchar las palabras aduladoras que éste le dirige antes de empezar el pase gráfico y posterior rueda de prensa. El motivo del evento, el regreso a los escenarios madrileños (en una de las grandes del espacio multiescénico del número 38 de la Calle de Luchana, inaugurado en mayo 2015) de La lengua madre. Un monólogo del reputado escritor y periodista valenciano Juan José Millás en el que, a través de toda una declaración de amor al lenguaje y la importancia de las palabras, se reflexiona sobre la vida y la sociedad.

juan-diego-lengua-madre-teatros-luchana-2Acomodados en el patio de butacas, los periodistas esperamos a que el actor sevillano inicie su juego. Y éste comienza. Representa unos minutos de la función para fotógrafos y cámaras. Lo observamos desde la oscuridad. Entra y sale de su personaje regalando guiños cómicos a los allí presentes, haciendo más llevadero ese paripé mediático en el que nos vemos envueltos. Su breve representación nos sabe a poco. Percibimos cómo se desenvuelve dentro de la piel de ese profesor de instituto ideado junto a Juan José Millás, y queremos más. Lamentablemente, no es posible. Somos esclavos del tiempo y el minutero nos precipita hacia la rueda de prensa. “Si queréis pasamos a las entrevistas individuales porque en las ruedas de prensa no preguntáis nada”, bromea Juan Diego. Contra el pronóstico burlón del intérprete alguna pregunta que otra cae. Cuatro o cinco cuestiones que sirven para que el actor y el escritor nos vayan desvelando los orígenes de la obra y su intención. Millás explica que partieron “de una posibilidad increíble: que desaparezca el orden alfabético…¡Ni Franco se atrevió a tocarlo!”.

El monólogo “intenta reflexionar sobre hasta qué punto somos instrumentos del lenguaje”, comenta Millás, que habla, también, del largo camino recorrido hasta el resultado final, “dos años”, y de como, con el tiempo, la función fue evolucionando, “el texto que se va a presentar -en los Teatros Luchana- está muy peinado”. También surge la curiosidad sobre el personaje, ese “erudito local” -en palabras de Millás-  que “fue saliendo de forma natural…poco a poco elaboramos un traje a la medida” del actor. “Es un personaje muy reflexivo, con mucho deseo de transformar su realidad, de alzar la voz”, explica Juan Diego. Una descripción que, en cierta medida, podría describirlo a él mismo, dada su naturaleza comprometida y reivindicativa -en la memoria de todos está su participación en la huelga de actores de 1975; un ejemplo de tantos otros-. Y esta obra, La lengua madre, es todo un compromiso hacia el lenguaje y sus palabras, una crítica al poder y una advertencia sobre cómo los poderosos manipulan el lenguaje. “Hoy todo son trampas verbales al servicio de oscuros intereses”, comentaba el intérprete al principio del encuentro.

juan-diego-teatros-luchana-primer-plano“A ver, ¿quién va”?, pregunta Juan Diego. Tras la rueda de prensa llega el turno de las entrevistas individuales. La jerarquía de los medios comienza. Las televisiones primero. Los medios digitales y prensa escrita después. En todo momento, el artista prosigue con sus gracias, mostrándose cercano y manejando la situación. Se sabe el centro de atención y parece no resultarle incómodo, más bien lo disfruta. Durante la espera, frases sueltas de los dos protagonistas llegan a los oídos de los que ya nos empezamos a impacientar por tener un cara a cara con el actor. “En el momento que Juan Diego sale a escena a la gente se le corta la respiración, es un milagro que cuando acaba la función no estén muertos”, “es imposible adivinar la frontera entre la persona y el personaje”, se le escucha decir a Millás.

Por fin me toca. Me pongo nerviosa. ¿Qué preguntarle a un actor como él? Su trayectoria habla por sí sola. La Medalla de Oro concedida por la Academia de cine, tres Goyas, sus participaciones en el emblemático programa de Estudio 1 y el habernos regalado personajes tan inolvidables como el señorito Iván de Los Santos Inocentes (1984), San Juan de la Cruz en La noche oscura (1989) o el mismísimo Franco en Dragon Rapide ( 1986). Me acerco a él y nada más sentarnos para comenzar la entrevista empieza a imitar mi acento gallego. El hielo se ha roto. Me relajo. Y comenzamos una breve pero interesante charla.

Adela Bértolo: Juan José Millás ha dicho, según se recoge en la sinopsis de La lengua madre, que “hay palabras que curan y palabras que matan”. ¿Qué palabra te cura a ti?

Juan Diego:  A mí la palabra resistir.

AB: ¿Cuál te mata?

JD:  Lo que deben hacer, lo que ustedes deben hacer, eso me mata desde pequeño… no lo puedo soportar, el mandato ese familiar, que me manden.

AB: Una palabra que definiría tu trayectoria como actor…

JD: Sí, una palabra que defina mi trayectoria como actor…amor, amor al oficio.

AB: ¿Te queda algo por hacer?

JD: Hacerlo como a mí me gustaría, infinitamente mejor de cómo lo hago ahora…eso de decir ¡aaah, qué bien!…De hecho, las películas en las que salgo las veo una vez o dos y no más porque no me gusta verme, porque no me gusto en el cine. Eso sí, como actor de teatro no hay mejor actor que yo. ¿Por qué? Porque no me veo –bromea-. En el cine me veo y entonces me horrorizo.

AB: ¿Teatro o cine?

JD: Ambas cosas, y televisión y teatro de barrio… todo lo que me guste y todo lo que sea bueno y tenga tiempo para hacerlo, pero el orden sería teatro, cine y televisión.

AB: Leía en El País una declaración en la que decías que la película de Los santos inocentes “abrió la puerta a un cine que ya no existe” ¿Por qué crees esto?

JD: Bueno, hay que pensar que nuestro cine es uno de los más importantes en Europa… estamos viendo que cada dos por tres nos premian películas en todas partes. No tenemos ninguna puta ayuda, nos cargan el 21% en todo, pero bueno… Ese tipo de películas, como Los Santos Inocentes, tienen que tener un tejido industrial potente que las sustente, y ya no hay nada que lo permita porque este gobierno ha decidido que desaparezca esta industria. Supongo que resurgirá de nuevo porque son muchos puestos de trabajo, porque no sólo son actores, son técnicos, maquilladores, peluqueras, gente que hace trajes, piezas de teatro de las máquinas de cine… Llegará un momento en que esto, que es parte de la cultura, les interese algo a estos señores.

AB: Existen voces a favor de los actores, pero, también, en contra. En cuanto se publica una noticia sobre el IVA cultural y las protestas de los intérpretes se pueden escuchar las quejas de algunas personas llamándoos “cultujetas”, recriminándoos que sólo vivís de las subvenciones, etc. ¿Qué les dirías?

JD: Les diría que, simplemente, reflexionen sobre lo que han dicho… yo sólo les voy a decir: ¿Podéis reflexionar? ¿Conocéis a fondo nuestra problemática para llamarnos de esa manera? Pues entonces a partir de ahí podríamos decir algo más, pero no quiero ofender a nadie. Si lo dicen, pues que reflexionen, y si no quieren reflexionar, pues muy bien, pues encantado.

Acaba mi tiempo con este conversador nato al que, dada la hora que es, se adivina ya un poco cansado de atender a los periodistas. Ha sido una jornada larga, pero el gran carnaval mediático debe continuar y con él las entrevistas. “¿Quién queda? ¿Cuántos quedan?”

El complejo multiescénico de los Teatros Luchana inaugura esta tarde su sala grande con La lengua madre. El monólogo interpretado por Juan Diego se podrá ver hasta el 16 de enero. Más información sobre precios y horarios en la web de los Teatros.

Fotos: Teatros Luchana

úsameCreative Commons Nokton Magazine

Comments

comments