Las asignaturas que distraen

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Un momento del documental 'Five days to dance'.

En su defensa de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Educación (LOMCE) en Educación Secundaria y Bachillerato, el ministro de Educación José Ignacio Wert, a través de su Secretaría de Estado, clasificaba en el año 2012 las asignaturas académicas en materias instrumentales, es decir, inglés, matemáticas, ciencias y lengua, y “las que distraen”, a saber: artes, humanidades y ciencias sociales.

Ahora, casi tres años después, la implantación de la LOMCE es ya una realidad polémica que ha marcado el curso escolar 2014-2015 y que no deja de sacar a la calle a miles de estudiantes, padres y docentes españoles para protestar contra lo que consideran una ley clasista que empobrece el modelo de educación pública de calidad.

Empleando la lógica de Wert, todos estos padres y profesores preocupados y los alumnos indignados que se manifiestan en contra de su reforma educativa, quienes creen que la asignatura de Música no debe relegarse a una hora optativa a la semana (y solo si nos dejan las Matemáticas), están apostando por un modelo educativo que distraiga, que no prepare a nuestros jóvenes para el mundo laboral despiadado que les espera tras sus estudios. Para el ministro, gritar consignas a favor de la educación artística nos convertirá en ovejitas que esperan pacientes y en rebaño al lobo empresario que se nos coma hasta las patas. Y puede ser.

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Manifestación contra la LOMCE en Barcelona. Foto: Dídac Balanzó.

Quién sabe si Wert tiene más razón que un santo y los demás estamos haciendo el canelo con tanto baile, tanta corchea y tanto festival de teatro. Puede incluso que este mismo pensamiento se le cruzara por la cabeza hace unos dos años a alguno de los profesores del instituto donostiarra Larramendi, cuando un día, de buena mañana, se les presentó la dirección del centro y les explicó que sus alumnos, aquellos que llevaban desde 2010 arrastrando el Euskera y cateando las derivadas, iban a participar en una actividad académica de danza-teatro. Y si a ellos, en un primer momento, les hizo poquita gracia, los alumnos de 3º y 4º de la ESO que participarían en el proyecto solo le vieron una cosa positiva: iban a estar cinco días sin pasar por el aula ni tocar un solo libro.

En esas se encontraban todos cuando, efectivamente, un lunes de septiembre llegaron de Bremen Wilfried Van Poppel y Amaya Lubeigt, una pareja de coreógrafos que, un poco a desmano del modelo inglés educacional al que parece aspirar Wert, comulgaban con algo llamado ‘inteligencias múltiples’. Este término responde a una teoría desarrollada por el profesor Howard Gardner por la cual nuestro desarrollo intelectual no tiene que pasar por la A para llegar a la B y a la C, sino que es mucho más plural y se ramifica de forma muy interesante.

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‘Five days to dance’, de Rafa Molés y Pepe Andreu.

Como dicta su método, puesto en práctica anteriormente en otros institutos alemanes, Wilfried y Amaya estuvieron en Larramendi cinco días. El proceso de enseñanza y los vínculos que establecieron con los alumnos y docentes del centro ha quedado grabado en un documental que lleva por título Five days to dance (2014), de SUICAfilms y REC estudio, un proyecto que fue posible gracias a una campaña de crowdfunding y que hoy es una cinta imprescindible para entender qué nos mueve a superarnos. Solo para los próximos Premios Goya, Five days to dance, de Rafa Molés y Pepe Andreu, fue preseleccionada en nueve candidaturas. Entre los galardones que tiene en su haber, el Premio Canal Plus en MiradasDoc, además del inmenso mérito de haber logrado proyectarse en las salas de más de 60 ciudades españolas tras debutar en la pasada edición del Festival de San Sebastián.

En medio del debate sobre si las nuevas generaciones tienen que brillar por su currículo, destacar por su sensibilidad o sentarse a esperar a que alguien les saque a bailar, el documental de Molés y Andreu se cuela en los corazones adolescentes de un grupo de estudiantes con otras preocupaciones mucho más mundanas y a la vez más elevadas. Five days to dance es un agujero por el que mirar cómo los miedos y las ilusiones salen de la piel de unos para calar en la de otros, en una danza ancestral que nos sigue recordando a la misma vida.

Five days to dance puede verse en Filmin por 2,95€.

Fotos: SUICAfilms / Dídac Balanzó (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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