Ivanna Rossi: “Celia Gámez no se va”

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La casualidad no es frívola ni esquiva a la naturaleza de los acontecimientos. La historia se repite –para gozo de los nostálgicos e iniciación de los herederos-. Tuvo que venir una joven de aires porteños a principios del siglo pasado para reinventar y dotar de nuevos géneros el folclore español. Noventa años después de que aquella jovencita pisara la península, su compatriota, la artista Ivanna Rossi, devuelve a la revista, el chotis y al couplé –en un mismo espectáculo, La Celia– el aplauso del público de Madrid –que “de Madrid” significa decir de todas partes-.

Rossi reaviva “las vicisitudes de un mito” al que la paulatina desaparición de la revista -ese género simplificado a espectáculo frívolo- también ha postergado a una capa de silencio . Los transeúntes que descubren su nombre en la fachada de Teatros del Canal o han tropezado con él en los anuncios de las estaciones de Metro es probable que desconozcan su figura, pero no les resultará tan desconocida si escuchasen una estrofa de ‘Los nardos‘, de la copla ‘El Beso‘ o las andanzas del chulapo más castigador de la capital, ‘Pichi‘.

Si famosos fueron sus éxitos, también lo fueron en la época los rumores sobre sus posibles amantes -del rey Alfonso XIII y Alfonsito, su hijo hemofílico, hasta el militar Millán-Astray y rostros populares del toreo y las tablas-, sus sinsabores personales y su aguerrido carácter. “Eso no evitó que la conocieran como La Señora. Así la llamaban sus boys y vicetiples” nos cuenta Ivanna Rossi, quien sin haberla conocido, siente una profunda admiración. “Ella era distinta: atracción pura, precursora en estilo, fuerza desbordada. Nadie la podía imitar” contesta cuando le preguntamos por qué ejercía esa fascinación sobre la prensa, los espectadores y las compañías. “Se acomodaba donde le convenía estar, era muy viva y generosa, y por eso siempre la quisieron” subraya.

LA-CELIA-02La historia de Celia Gámez responde a una vida larga, digna de ser contada en pantalla, bebida a tragos largos, en un siglo de constantes cambios y viajes de ida y vuelta. La admiración que le dispensaba el público español no titubeó con las convulsiones políticas desde que la Marquesa de la Corona la escuchase cantar en el vagón contiguo al compartimento en el que viajaba y decidiera patrocinarla. La monarquía, la república y el franquismo fueron tomando la escena general, pero en el escenario siempre brillaba La Celia.

“Ella vivió en carne propia la llegada de la Guerra Civil. La gente quería verla actuar aún estallado el conflicto porque durante un rato se olvidaban de lo que estaba  pasando” explica Ivanna Rossi. Avanzada la contienda y tras el expolio al banco de España como medio de pago a los soviéticos –sí, ese misterioso botín denominado ‘Oro de moscú’-, la vedette perdió su valiosísima colección de joyas y sin una peseta tuvo que regresar a Argentina. “Pronto su nostalgia no la dejó vivir y puso rumbo en el 38, aún sin haber acabado la guerra, al país que tanto le había dado para ser plenamente su Celia” nos narra Rossi, como si de un relato novelado se tratara. Al contrario que la que se autroproclamara “la primera vedette”, nuestra interlocutora –virtuosa y arrolladora intérprete, hay que reseñar-, es un referente en su tierra. Conoce por de-formación profesional lo que significa ser una diva. Como el tango, la canción italiana la ha acompañado a lo largo de su carrera artística. En el escenario ha personificado a Rafaella Carrá, Mina y Rita Pavone.

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La Celia se estrenó en 2014 en Buenos Aires con una cálida acogida, en el teatro donde la Gámez tuvo sus comienzos, el Maipo Kabaret, y allí le ha conducido a su protagonista hasta el premio Hugo del Teatro Musical a Mejor Actriz y el ACE. Aunque Gámez nunca perdió su acento, no tuvo tiempo de calar en tierras gauchas. Su carrera estuvo estrechamente ligada a su país de acogida. “Pocos argentinos la recuerdan. Los que venían a ver el show y no la conocían me decían que su historia parecía de cuento o que habían recordado que su abuela o bisabuela cantaba esas canciones –y prosigue. Aquí es todo lo contrario. Cada historia que cuento o con cada canción que canto me acompañan con sus miradas y gestos. Veo sus caras de emoción con el recuerdo. Esperanza Roy y otros artistas me lo han dicho y también gente que me espera a la salida. Pienso igual, ojalá esto sirva para que vuelvan este tipo de espectáculos” cuenta la cantante, bailarina y actriz transatlántica.

La-Celia-33El tópico no la perturba. Siente debilidad por los “hermosos” tangos. Con A media luz prologa el espectáculo, y acompañada de cuatro vicetiples y tres músicos, guía a los presentes por la memoria de quien “siempre hizo lo que quería, una mujer moderna” a través de un repertorio plagado por los “caballitos de batalla” de la cantante.

La Señora, que dio la vez a Concha Velasco, Rocío Durcal o Lina Morgan, partió en edad octogenaria a su casa porteña para morir donde había nacido. El alzhéimer consintió que las letras de aquella canción de madurez -“vivir, vivir y olvidar, mañana y ayer… vivir, soñar…”- sonaran a añorante despedida.

“No te vayas” le espetan a Ivanna Rossi cuando lanza gallarda el ¿Me voy o no me voy? a la platea. La respuesta, espontánea, no es aislada. Tuvieron que agregar funciones en Madrid –lo que abre la puerta a un posible re-estreno- y visitarán el Arriaga de Bilbao en febrero. A Rossi, desde el interior, no le cabe la menor duda. “El alma de Celia siempre va a estar”.

La Celia se representa en la Sala Verde de Teatros del Canal hasta el 8 de noviembre. De miércoles a sábado a las 20h y los domingos a las 18h. El 7 de noviembre, doble función: 17:30h y 20h. Precios de 15 a 25 euros con descuentos para desempleados, estudiantes, jubilados y grupos.
 Fotos: Teatro Maipo/ Web Ivanna Rossi.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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