Israel Elejalde y ‘La fiebre’ de la conciencia occidental

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El FMI alertaba esta primavera del crecimiento del nicho de la desigualdad en los países occidentales. Un problema que se torna feroz si la vara de medir sirve de puente entre los países capitalistas y aquellos llamados ‘tercemundistas’, en los que la pobreza y la violencia superan las cotas estimadas por los estudios de la ONU. El actor, autor y guionista Wallace Shawn (reconocible para el público por interpretar a Vizzini en La princesa prometida y dotar de voz a Rex en la trilogía Toy Story) viajó por Centroamérica a finales de los ochenta. Su toma de tierra en Guatemala, cocción de paisajes de estremecedora belleza y poblaciones asediadas por la miseria, superó la simple y distante concepción del turista occidental que recala curioso y olvida el mal ajeno a su regreso al confortable y hogareño status.

El impacto le atravesó el hipotálamo y le alcanzó una matriz invisible que no responde a tratamientos farmacológicos, su conciencia. En los noventa dotó de palabras a la enfermedad moral que le había cercado a preguntas y removido creencias. La fiebre subió la temperatura de los salones de las casas de sus amigos ricos de Nueva York y se expandió a los teatros hasta inocularse en las tablas de medio mundo.

Por tercera vez desde su estreno en 2013 y agotando localidades día sí y día también, Israel Elejalde ha llevado a su terreno este último mes el fibroso monólogo de Shawn en la madrileña Sala Cuarta Pared. Su ejercicio, un viaje delirante, catártico y revelador, arrastra a los espectadores hacia el gaznate de sus contradicciones como ciudadanos de una realidad en la que el alto poder adquisitivo disfraza los deseos de necesidad y reparte las migajas con los que no tuvieron la suerte de nacer en el escalafón de una tierra fértil. A lo largo de una noche, iluminada por los fuegos artificiales de unos disparos lejanos, un hombre en viaje de placer recuerda su infancia, sus gustos, aspiraciones, motivaciones y superfluos debates mojados en gin-tonic con su “yuppie” grupo de amigos. En la destartalada habitación de hotel de un país pobre cualquiera sus tripas se revuelven ante la injusta desigualdad. Está bien, unos tienen mucho, no es ningún pecado pero, ¿por qué otros no tienen nada? El protagonista no eligió nacer en una familia acomodada, no es perverso por tener el talante de un filantrópico amante de la ópera y del arte. Sin embargo, se siente turbado por elegir una vida de cultura ególatra, de defensa de un orden natural darwiniano y justificando que sólo los pesos pesados que mueven los mercados y encabezan los gobiernos pueden cambiar algo. La lástima no mueve el mundo, la pasividad tampoco.

Elejalde

            “Que yo sienta profundamente, de corazón, una empatía con los pobres, no cambia la vida de los pobres. Creer fervientemente en el cambio gradual no cambia la vida de los pobres. Los padres que educan a sus hijos con buenos valores no cambian la vida de los pobres. Los artistas que crean obras de arte para inspirar simpatía y buenos valores no cambian la vida de los pobres. Los ciudadanos inspirados por artistas y padres para tener buenos valores y sentir empatía con los pobres, y votar por los políticos sinceros que creen fervientemente en el cambio gradual no cambian la vida de los pobres, porque los políticos sinceros que creen fervientemente en el cambio gradual no cambian la vida de los pobres”.

Elejalde, que también coproduce junto a Kamikaze Producciones el montaje dirigido por Carlos Aladro, se mueve como pez en el agua entre los subterfugios de la reflexión. Aullada y musitada, acuciada por la calma y tempestad del chelo de Alba Celma e Irene Rouco, la representación cuenta con la baza del humor ácido para torpedear de cuajo al espectador, huyendo de indicar facilones sentimientos de culpa y el confort de una hoja de ruta. El espejo empuja a asumir la cuerda floja. Salir de la cueva y abandonar la ceguera depende del valioso acto de cada individuo. Últimas funciones y La fiebre destila su refulgente despliegue de efectos secundarios.

Hasta el 27 de junio a las 21h en la Sala Cuarta Pared. Las entradas pueden comprarse en www.cuartapared.es por 14€.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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