Pequeña y dulce historia de amor con la radio (cultural)

Aunque parezca mentira, el invento de Nikola Tesla (o Guillermo Marconi, según la teoría) no ha cambiado demasiado, además de los sintonizadores automáticos y la estética del aparato. La emisión y recepción del sonido a través de ondas electromagnéticas que se convierten en la banda sonora de nuestras casas, coches y espacio de trabajo con música, política, fútbol, teatro… Desde Radio Pirenaica hasta los 40 Principales, pasando por los podcasts o los concursos radiofónicos, la radio forma parte de la historia de nuestro país.

Audición para una obra de radioteatro en 1944.

Centrándonos en la influencia que ha tenido, tiene y tendrá el periodismo radiofónico en la cultura, no podemos olvidar su utilidad como plataforma de difusión y prescripción de todas las disciplinas culturales, pero principalmente para el teatro y la música. En el primer caso, el teatro y su aplicación radiofónica, el radio-teatro, se ha convertido casi en un subgénero. En el mundo anglosajón sigue teniendo una vigencia extraordinaria y las emisoras de radio, sobre todo las públicas como la BBC inglesa, apoyan la creación de textos específicos para el medio como lo hicieron Samuel Beckett y Bertolt Brecht. Aunque hace unos años, la Fundación Autor hizo un esfuerzo para recuperar el género en España con firmas como Alfredo Sanzol, Juan Mayorga o Sanchis Sinisterra, otrora nombres como los hermanos Machado, Gómez de la Serna, firmaron textos específicos para ese misterio en el que el auténtico teatro es el que se va sucediendo en la mente del espectador, del oyente, del lector. Y el mundo se paraba cuando empezaba la función para congregarse en torno al transistor.

En cuanto a la música, su vinculación viene casi desde el nacimiento. Una vez consolidada la radio como medio de comunicación en sentido estricto, el siguiente objetivo, por lógica aplastante, fue incorporar la música a los programas de emisiones. La difusión de los músicos alcanzaba cotas inimaginables antes en un ejercicio de quid pro quo puro en el que todos salen beneficiados. En 1904 se iniciaron las emisiones de EAJ-1 Radio Barcelona, la música, las dramatizaciones de radio-teatro, los concursos y la información se intercalaban en los horarios de emisión y así ha seguido siendo desde entonces.

Nuestro país siempre fue algo más lento, pero con la llegada del pop en la década de los 60, el concepto de las radiofórmulas en España empezó a ganar peso específico con nombres como Raúl Matas y el programa Discomanía en la Cadena SER, el primer programa con una lista de éxitos votada por los oyentes. Después vendrían Joaquín Luqui y Pepe Domingo Castaño, dos figuras claves en la historia del periodismo musical, con El gran musical que servía de plataforma para figuras emergentes, conectar a los oyentes con la modernidad cultural y darle una vuelta a la industria discográfica el país.

Con la diferenciación entre la onda media y la frecuencia modulada nacen los 40 principales en 1966, responsable de llegar a las orejas de jóvenes de varias generaciones con la música más comercial. Pero no es hasta finales de los 70 cuando se consigue la implicación de la radio pública española en la promoción musical, no solamente del pop, el rock y demás ritmos modernos a través del Tercer Canal (hoy Radio 3), sino también de la música clásica, con un claro compromiso incluso en su producción.

Y es aquí donde se destaca la figura de la radio pública española, la única que realmente sigue trabajando por el periodismo cultural radiofónico más allá de las píldoras a horarios intempestivos, cuñas en programas generalistas o podcasts. España no ha regulado las radios culturales sin ánimo de lucro (educativas, asociativas y libres) y esto ha derivado en muchas ocasiones en una situación de alegalidad, consentida por parte de las diferentes administraciones, pero que, por el contrario, les conduce a un estado de inestabilidad permanente.

Fue España la que promovió la celebración del Día Mundial de la Radio, y en su día, desde un medio escrito, queremos hacer un alegato por esas plataformas radiofónicas culturales que buscan los recovecos para hacernos llegar la mejor información, libre y con toda la pasión que tuvo desde el principio este medio. Porque sería terrible vivir sin cultura, y sin radios que nos la cuenten.

Fotos de Alan Levine (cc) / wacky stuff (cc) / Cristian Matus

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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