Gente mirando a gente

Gente observando 'The Observer' en la National Gallery de Londres
Gente observando 'The Observer' en la National Gallery de Londres. Foto: José Manuel Ríos Valiente.

“Me gustan los catalanes. Los catalanes hacen cosas”. Es una de esas frases del presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, que merecen una segunda lectura. Porque lo que parece una obviedad -que los catalanes hacen cosas, como los manchegos, los gallegos o los aragoneses, por nombrar solo a algunos otros pueblos que también hacen cosas- podría no ser tal. Especialmente en una época, la nuestra, en la que nos gusta tanto mirar a los demás que somos capaces de dejar de hacer cosas solo para mirarlos.

Bueno, vale, no es algo exclusivo de esta época. A las personas siempre nos ha gustado mirarnos las unas a las otras; por eso inventamos el teatro, el circo, la pintura, el cine, la televisión, los conciertos, los anteojos, los peep-shows, Facebook. Por eso sacamos la silla plegable a la calle en verano. De hecho, todo ese voyeurismo se convirtió hace mucho tiempo en ‘hacer cosas’: voy al teatro, voy al cine, voy a un concierto. “Voy a ver si espío un rato a mis vecinos”. La carrera cinematográfica de Quentin Tarantino se gestó en aquel videoclub en el que decía trabajar para poder ingerir grandes cantidades de películas. Lo que sí parece muy contemporáneo y llamativo es que nos guste tanto mirar a los demás que incluso seamos capaces de mirarlos cuando no están haciendo nada excepto mirar, a su vez, a otra gente y/o cosas.

Parece un trabalenguas, pero en realidad se ha convertido en un género, que además afecta, de manera transversal, a mundos en teoría tan diferentes como los programas de televisión generalista o la web social. No hace falta rebuscar: España es el único país en el que el reality show Gran Hermano supera ya 16 ediciones, sin contar las de formato VIP, como la que ahora misma emite Telecinco. Y, tras aquella primera entrega, en la que nadie sabía qué podría suceder al encerrar a un grupo de sujetos en una casa videovigilada, Gran Hermano se convirtió en una pecera de intrigas, donde -simplificando mucho- un grupo de gente en un sofá observa con recelo a otro grupo de gente en una cama que a su vez mira por el rabillo del ojo a los que cuchichean en el jardín.

Lo explicó con mucha claridad la actriz Toni Acosta este fin de semana en el programa de radio A vivir Madrid, que emite la Cadena SER en la capital. Dijo que los reality le aburrían soberanamente, y en concreto parecía referirse a Gran Hermano. ¿Por qué? “No puedo entenderlo como fenómeno sociológico. No me interesa ver a gente sentada en sofás sin hacer nada y hablando de nada. No tengo nada que ver con la gente a la que le van ese tipo de programas”, zanjó.

Belén Esteban, concursante de GH VIP, en un ataque de hiperactividad.

Belén Esteban, concursante de GH VIP, en un ataque de hiperactividad.

Frente a otros reality cuyos concursantes se dedican a buscar pareja, a recorrer Asia, a enfrentarse a los fogones o a intentar sacar un disco con el que puedan torturarnos el próximo verano, Gran Hermano no es, precisamente, un hervidero de actividad . Pero resiste, longevo e imbatible, en los índices de audiencia, una cuestión digna de estudio y de unas cuantas preguntas. Y, además, parece haber creado escuela.

Desde 2013, el británico Channel 4 emite Gogglebox, un exitoso reality show en el que los protagonistas son distintas familias, parejas y grupos de amigos que… se sientan en un sofá a ver la televisión y comentar lo que en ella aparece. Es decir, es un programa de televisión que ve la gente para ver a otra gente viendo programas de televisión. Es como colgar un espejo enfrente de otro y contemplar lo que sucede. ¡Es una locura! Pero es hipnótico. Y se llevó un BAFTA en 2014 y un National Television Award en 2015, lo cual, junto a sus fervientes seguidores, disipa cualquier duda de la calidad del formato. Por supuesto, Gogglebox también cuenta con su versión VIP, Celebrity Gogglebox, en la que hemos podido ver a gente como Noel Gallagher, de Oasis, y las supermodelos Kate Moss y Naomi Campbell viendo la versión british de Factor X.

La responsable de All3Media, la distribuidora del formato, Farah Ramzan Golant, ha negado que Gogglebox sea simplemente un programa de gente viendo la televisión. “Trata sobre las vidas de las personas, sus relaciones, sus salones, la manera en la que los hijos hablan con sus padres […] Capta la respuesta cultural a lo que está pasando en el mundo […] Es una reflexión sobre el papel crucial que ejerce la televisión en la vida de la gente”.

Gente mirando a gente mirando cosas

El fenómeno no es exclusivo de la pequeña pantalla, al menos no de ésa. En Internet existe todo un submundo de gente que mira a gente mirando cosas, que ha encontrado la horma de su zapato en plataformas donde la imagen es protagonista, como el servicio de microblogging Tumblr, propiedad de Yahoo.

El voyeurismo en Tumblr no se reduce a los blogs de contenido erótico, con los que, por cierto, la compañía que dirige Marissa Mayer ha tenido sus tiras y aflojas. También creó una categoría, que podríamos bautizar como looking at things (mirando cosas), que se coló en otros servicios como Blogger y WordPress. Además de páginas como Esperanza Aguirre haciendo cosas, Ana Rosa Quintana haciendo cosas y Carmona haciendo cosas, buscadoras de tesoros gráficos que tanto nos han ayudado a superar días torcidos, existen otras que están especializadas en imágenes de personajes célebres limitándose a contemplar algo. Si se introduce en el cajón de búsquedas de Google ‘looking at things’, hay dos claros ganadores: Kim Jong-Il y Kim Jong-Un, queridos o más bien temidos opresores de Corea del Norte y, pese a ello, personajes de comedia negra y surrealista para la parte del mundo que vive alejada de los campos de trabajo.

Parece que el género siente especial predilección por las figuras autoritarias; el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, también cuenta con su propio looking at things. Al igual que el que fuera presidente de Egipto, Hosni Mubarak.

Gente que mira a Kim Jong-Il mientras él mira un ordenador.

Gente que mira a Kim Jong-Il mientras él mira un ordenador.

En una imagen publicada hace tres años, el ya fallecido Kim Jong-Il contempla el monitor de un ordenador, ataviado con gafas de sol y un gorro de pelo. Al frente de la computadora, con la vista fija en ella, se encuentra un súbdito de mandíbula algo tensa (no es para menos en una dictadura cuando el aliento del dictador roza tu nuca). Detrás del amado líder, una especie de corte que observa atentamente la escena. Y a este lado de la pantalla, nosotros, y todos los que hicieron clic y lograron que, entre ‘me gusta’ y compartidos, la fotografía cosechase 972 interacciones. Un espejo frente a otro. Sigue siendo igual de hipnótico.

Fotos: Foros.vogue.es / Kim Jong-Il looking at things / José Manuel Ríos Valiente (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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