Fe de etarras: el patetismo unirá España

'Fe de erratas' está disponible en Netflix.
'Fe de erratas' está disponible en Netflix.

Fe de etarras, la nueva película de Borja Cobeaga y Diego San José, no podía haber llegado en un mejor momento. La campaña publicitaria de Netflix -la famosa lona con el “yo soy español, español, español” tachado en rojo- ya consiguió sacar lo peor de las raíces nacionalistas españolas, ridículo espantoso del Ministro del Interior mediante.

Tras un 1-O grabado a sangre en el imaginario colectivo, la nueva obra del dúo de guionistas cómicos se ha estrenado nada menos que el 12 de Octubre, día de la Hispanidad. Fecha señalada en el calendario de la nación, jornada en la que se trata de explicar qué significa ser español.

Provocaciones mediáticas aparte, Fe de etarras llega en el momento perfecto porque, aunque trate un conflicto diferente al que se vive actualmente en el seno de la españolidad, en el fondo habla de lo mismo. La trama condensa en menos de 90 minutos las peripecias de un comando etarra en un piso franco de Madrid, a la espera de dar un golpe que reviva la llama de una ETA a punto de entregar las armas.

San José y Cobeaga, viejos zorros en esto de llevar el conflicto vasco a la pantalla –Vaya Semanita, Ocho apellidos vascos, o Negociador en el caso de este último-, nunca han dado una visión complaciente del asunto. Ni siquiera, dentro de lo que cabe, en la blanda comedia blanca que protagonizaron Dani Rovira y Clara Lago, por lo que quizás el español de bien que acuda a la plataforma de streaming a ver Fe de etarras se llevará una desagradable sorpresa.

Si espera encontrar una simple caricatura de los terroristas, que no lo confronte a ningún reto y subraye sus convicciones ideológicas, se llevará las manos a la cabeza. Ante él surgirá un espejo que refleja unas miserias humanas que también son suyas.

fe de etarras crítica

Aunque Fe de etarras trate un tema tan concreto, y aunque sea una parodia de un tema muy serio, uno de los aspectos más destacables del filme es la humanidad que transpira en cada fotograma. Lo patético es inherente al ser humano. La diferencia reside en el tratamiento cinematográfico del mismo, y a este respecto cuesta imaginar una cinta con mayor amor hacia personajes que lo ponen tan difícil para recibir afecto.

Pero la obra va mucho más allá, pues, no conforme con incomodar a buena parte del público al no retratar a los terroristas como demonios, la clave de la historia consiste en trazar constantes paralelismos entre ambos bandos. Miserias compartidas, sentimientos comunes y aspiraciones similares hermanan a españolistas y etarras en una trama que no por no dejar títere con cabeza deja de comprender las necesidades de cada uno de sus personajes. Desde un albaceteño que quiere ser más etarra que nadie hasta un españolista orgulloso de su país a pesar de que se sienta solo rodeado de aparentes iguales.

En el fondo, de lo que realmente habla Fe de etarras es de todos los aspectos que nos unen, en comparación con lo que nos diferencia.

Desde discursos maniqueos que se basan en el victimismo -”si elimináramos a España de la Historia, no existirían los gordos” es el otro lado de la moneda que porta el mantra patriotero “están rompiendo España”- hasta las bondades de acomodarse en el beneficio a corto plazo. No es casual que el comando etarra acabe encontrando tentadores ingresos económicos en una de las señas de identidad de lo español: el ladrillo. Fe de etarras deja con el culo al aire a todos los implicados y se establece como el gesto más unionista que se ha visto a lo largo de todo 2017.

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Fotografías: Filmaffinity.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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