En defensa del Ukelele: el elemento hipster por antonomasia

A medida que el ukelele ha crecido en popularidad en la última década, más o menos, el instrumento se ha convertido, al mismo tiempo, en un sustituto de las cosas que mucha gente parece que no puede tolerar – inconformistas, sensibleros, gente cuqui – cuando lo único que se pretendía con él era hacer que sonara bien. En el 99 los Magnetic Fields situaron, con su 69 Love Songs (un álbum indie que terminó siendo muy influyente), en un lugar destacado al ukelele, asociado hoy con los hipsters, las barbas, los vaqueros ajustados, y demás.

Zooey Deschanel se ha convertido, quizá sin pretenderlo, en una especie de icono de todo lo que tiene que ver con lo hipster de un tiempo a esta parte y a la misma vez, también, en un imán para todo tipo de desdenes por usar el ukelele con She & Him (su grupo de música) a pesar de que ella no fue de las primeras en abrazar esta moda. El instrumento, querido y odiado a partes iguales, se ha disparado en popularidad y es que las ventas aumentaron de 581.000 a más de un millón entre 2010 y 2012, y esto solo en Estados Unidos. ¿Estamos ante un arma pequeñita de destrucción masiva?

La principal defensa del ukulele es la más directa: todo suena increíble en él. Un instrumento sólo tiene que sonar bien y el ukelele lo hace con creces y si no, aquí lo demuestra Ryan Gosling cantando y tocando junto con Michelle Williams en Blue Valentine (¿quién se puede resistir?).

Más allá de que suene agradable, los ukeleles se definen por su pequeñez. Para algunos, su tamaño es lo que lo hace tan cuco y tan mono, pero hay que señalar cómo esto nos lleva a su beneficio más tangible: que se puede llevar en cualquier lugar. El personaje de Ryan Gosling puede ir con un ukelele encima todo el tiempo en Blue Valentine y, mejor aún, su pequeñez se traduce en que el ukelele es un instrumento increíblemente tranquilo, esto quiere decir que si tocas sólo puedes ser escuchado por ti mismo y por alguien que haya cerca de ti (los vecinos no te odiarán).

Aunque, aparentemente, el odio venga del mismo lugar, es más fácil desgranarlo por géneros. Primero, el odio hacia los hombres que tocan el ukelele: se trata simplemente de un malestar cultural con la sensibilidad masculina. A películas como Her, donde podemos ver a Joaquin Phoenix disfrutando del instrumento en sí y haciendo una apología de la melancolía, o la citada anteriormente Blue Valentine se las tacha de “rollo sensiblero”, sin saber, quizá, que esto tiene el efecto de avergonzar a los hombres por atreverse a tener sentimientos.

Lo mismo ocurre con el género femenino; para muchos, la visión de una mujer con este pequeño instrumento en la mano hace convocar a todos los haters para hablar de la inmadurez de la persona en cuestión. Vivimos en un panorama de los medios que tan increíblemente bien celebra y se beneficia de los placeres infantiles de los niños (tanto si se trata de videojuegos como de cómics o deportes); sin embargo, hay veces en las que, si algunas chicas abrazan lo naif, se las tacha de resultar demasiado cursis. A pesar de que, obviamente, hay un mercado de tamaño decente para las cosas cursis. Esto acompaña siempre a Zooey Deschanel y todo lo relacionado con su alrededor, como dijo en su personaje de Jess en New Girl en respuesta a la abogada a la que daba vida Lizzy Caplan: “Estoy hasta arriba de purpurina por todo el cuerpo y eso no significa que no sea lista o fuerte” 

Foto (cc): F.Cuntented

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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