Ellos no querían pero sobrevivieron a los 27 (I)

Hay unas edades más complicadas que otras. La adolescencia es una putada, entre los cambios hormonales, los males de amores y aquello llamado “construcción personal de uno mismo”, uno no sabe para dónde tirar, pero lo peor es que no se sabe cuándo termina. Luego está la crisis de los 30, de los 40, de los 50 y así sucesivamente, cada una con sus caprichos y su idiosincrasia. Lo curioso es que, si hablamos del mundo de la música, hay una edad muchísimo más crítica que cualquier otra: los 27 años. Y, si no, que se lo pregunten a Jimi Hendrix, Janis Joplin o Amy Winehouse. Pero queremos mandar un mensaje positivo y sano, aunque quizás no lo seamos tanto: se puede superar el punto fatídico (por mucho que te resistas).

petePete Doherty, también conocido, sobre todo por su sufridora madre, como Peter Daniell Doherty nació el 12 de marzo de 1979. Compañero de correrías durante un tiempo de la malograda Amy. Cantante de Babyshambles después de que The Libertines, su primera banda, lo invitaran a retirarse para desintoxicarse y dejar su adicción a la heroína y el crack. No hace falta recordar sus escarceos lisérgicos amorosos con alguna mega top model, pero parece que empieza a salir de la espiral de sexo, drogas y rock & roll.

Iggy Pop ya lo dice en su última incursión en el mundo publicitario: “Uno no se convierte en una leyenda del rock sin probar un par de cosas” . James Newell Osterberg, 21 de abril de 1947, ha superado de largo los 27 y parece que “La Iguana” se ha curtido un buen cuerpo atlético con sus brutales directos y no preguntemos con qué más.

David Bowie, 8 de enero de 1947, el señor Ziggy Stardust, conoció al cantante de The Stooges en su primer salto al otro lado del Atlántico, y las fiestas, bebidas espirituosas y ayudas extras hicieron lo demás. Una amistad forjada en pleno proceso de desintoxicación de la heroína del americano y con una dieta muy nutritiva del Duque Blanco a base de cocaína, leche y pimienta. Todo lo necesario para tener el cerebro “agujereado como un queso gruyere”.

Keith Richards, 18 de diciembre de 1943, tiene más de siete vidas. Es capaz de sobrevivir a la caída de un cocotero convertida en leyenda urbana (quien dice cocotero, dice libro de una estantería, pero eso es mucho menos de la línea de una estrella del rock). Sería inútil indagar si aquello fue verdad o no y en qué estado de lucidez lo hizo, nos basta con saber que el guitarrista de The Rolling Stones afirma haber esnifado las cenizas de su difunto padre mezcladas con otro polvo blanco en una fiesta de las habituales de su casa.keith

El digno padre espiritual de Jack Sparrow hizo una bonita descripción de otro superviviente.Axl Rose está siguiendo el mismo camino que alguna vez siguió Jim Morrison. Es como de segunda mano, lo percibí con Morrison y ahora lo percibo con Axl”. Nacido el 6 de febrero del 62, el líder de Guns n’ Roses combinaba su diagnosticada bipolaridad con el consumo sin medida. Violencia contra lo que le rodea y contra sí mismo, rozando la autodestrucción y colocándolo al nivel vital del Rey Lagarto.

 

Debe de ser que comer murciélagos sobre un escenario con Black Sabbath aporta unos nutrientes que acaban siendo necesarios para sobrevivir a todo tipo de desmadres. Deberían ponerlos para merendar en los pubs ingleses a la hora del té. Ozzy Osbourne, 3 de diciembre de 1948, reconoce pérdidas de memoria por culpa de todo lo que se metió (y lo sigue haciendo). Tres décadas dedicadas a la música y al cultivo de la politoxicomanía. No pasa nada, puedes usar un reality sobre tu vida doméstica como fuente externa de recuerdos.

Pero no existe sustancia más potente que el amor (momento cursi, sí, ¿qué pasa?) y eso es lo que salvó a la profunda voz de Johnny Cash (26 de febrero del 32 / 12 de septiembre de 2003). Creció en una familia complicada y eso siempre marca. La vida del rock & roll y el country de esa América de los 50 era en la carretera, con una competitividad desmedida que dormía bajo tu almohada y las únicas vías de escape parecían ser unas pastillitas o cualquiera de esas cosas que te ofrecían los managers para relajarte. El Hombre de negro graba y triunfa  en el 56 con el ya mítico disco Folsom Prison Blues, pero le resulta cada vez más complicado compaginar su vida personal y musical. Tras el divorcio de su primera mujer, las muchas noches que durmió en calabozos, altercados barbitúricos varios, su vida parecía un ejercicio ensayado de rencor. Y en ese preciso momento su pasado volvió y June Carter lo rescató. La muchacha con la que había girado cuando ella tocaba con su banda familiar y con la que ganó un Grammy en el 67 como dúo. Desde entonces dedicó su vida a los derechos civiles, a las acciones correctas y al buen camino. Perdió en canallesca pero ganó en largos años de futuro musical y nos regaló para la historia de la música dos discos que marcan: At Folsom Prison y At San Quentin, grabados en directo desde dichas cárceles. Murió de pena sólo cuatro meses después de que le faltara su June, pero de una manera u otra él siempre caminó sobre la cuerda floja.

Fotos: GanMed64 (cc) / Yeti vert (cc) / Siebby (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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