Diario de un foodie low cost

A pesar de tener que acudir a los anglicismos… la Wikipedia lo traduce como “cocinillas”; no queda del todo claro que sea la definición perfecta. El foodie ama la comida y conoce todo lo que puede de su entorno sin caer en la alta cocina o los productos selectos de los gourmets. El foodie quiere probar y para ello hay que informarse, dedicar tiempo y paladear; no es precisa una visa oro. El término que los define y su actitud se popularizó en Estados Unidos en la década de los ´80 con el comienzo de un nuevo movimiento de publicaciones culinarias y de determinados restaurantes que hoy parecen resurgir. De hecho el término proviene del libro El manual oficial para los foodies. Su rutina es fácil de conocer y permite un acceso low cost.

Lunes. Es el día de la compra semanal y un mundo de fantasías culinarias se apodera de su mente. El buen gusto por la comida no es enemigo de las ofertas ni de las tarjetas de grandes supermercados. Imprescindible alguna aplicación para el móvil (gratuita) de la lista de la compra aunque siempre se pueden dejar llevar por la vista, incluso quienes compran online. De comparar los establecimientos más baratos ya se encarga la OCU.

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Martes. Entre semana su vida es más tranquila y se centrará en la búsqueda de información para el fin de semana. Rastrear webs de descuentos en restaurantes y críticas de los mismos es fundamental para no gastar dinero a lo tonto. Un buen foodie recibe información diaria sobre descuentos, tendencias y nuevas aperturas.

Miércoles. Puede ser un buen día para buscar recetas. La red es el punto de encuentro para todo tipo de foodies que buscan y muestran sus creaciones. El número de blogs originales de recetas crece por momentos y también el de sus usuarios. Pero no es el único medio al que actualmente prestan atención los foodies, la televisión y sus programas con chefs son una constante fuente de inspiración.

Jueves. Mediante los procesos de rastreo ya descritos el foodie hoy tiene plan. Es posible que comience una ruta de la tapa, con precios por tapa y consumición menores a tres euros, que además le permita votar por sus favoritas. Si no, el plan puede ser asistir a una cata, durante las ferias suelen ser económicas, o aprovechar alguna de las semanas gastronómicas que se celebran a lo largo y ancho del país para degustar platos a buen precio.

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Viernes. Es fin de semana también para el foodie, que tendrá reserva en un restaurante de cualquier tipo sabiendo que la cocina de fusión y la internacional son grandes apuestas. Durante la cena el mecanismo es sencillo; fotografiar todo plato que sirvan en la mesa y subirlo a Instagram o derivados. El foodie low cost ya tiene instaladas todas las aplicaciones gratuitas de fotografía y no duda en usarlas.

Sábado. Día de mercado. Algunos recorren toda la ciudad en busca de su favorito y otros se acercan al de su barrio. La comida del sábado se va a basar en lo adquirido en el mercado pudiendo también detenerse a picar algo si el bolsillo lo permite, o a participar en alguna degustación/cata que se celebre en el recinto.

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Domingo. Tiempo para la repostería. Las horas libres son momento de horno y creatividad, pero no deja de ser un día para probar nuevas recetas en familia o para la cita semanal con los amigos, de esas de “cada uno tiene que traer algo hecho por si mismo”.

Cualquier actividad que implique saborear y disfrutar de la gastronomía está entre las posibilidades del foodie, conocer nuevos alimentos y creaciones culinarias aprendiendo cada día sobre nuestra alimentación es su máxima.

Foto: Tucano (cc) / marthax (cc) / Ayto. Fuenlabrada (cc) / Ratamala (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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