De cuando fuimos hippies y bebíamos Coca-cola: ‘Mad Men’ dice adiós

Alerta, ¡contiene trazas de spoilers!

Esto no es una reseña al uso de un final de temporada de una serie cualquiera que echan los martes en la tele, tampoco es una oda a los publicistas de los años 60, aunque no me importaría que lo fuese. Es, más que nada, un texto para hablar de lo que han supuesto siete temporadas de Mad Men. El domingo llegó a su fin en Estados Unidos, ayer la pudimos ver en España y su final, como era (o no) de esperar ha sido un cierre muy acorde a la historia de la serie: algo sorprendente (y decepcionante para los que nos esperábamos ver a un Don de 80 años, con el pelo blanco y barriga, pero, sinceramente, hubiera sido muy, muy raro), con Don como protagonista, pero dejando espacio a otros personajes que han sido igual de importantes para las tramas y el desarrollo del drama de AMC.

No nos gustaba la teoría en la que Don se tiraba de su ventana neoyorquina simulando la imagen de la cabecera y tampoco la de que era D.B. Cooper; estas teorías locas podían ser viables, pero nunca factibles. Demos las gracias al creador de la serie, Mathew Weiner (¿Dónde le ponemos un altar a este señor?)

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El antihéroe

Los finales nunca son a gusto de nadie pero siempre generan expectativas como los inicios, pero, al contrario que estos, pueden decepcionar a mucha gente.  Mad Men ha sabido terminar de la misma forma que vivió durante todas sus temporadas y con las mismas preguntas que cuando empezamos a verla, solo que ahora los conocemos mejor, sabemos cómo actúan, conocemos sus historias… Pero Don sigue siendo un tipo que está perdido, con una fachada de la que sólo enseña su parte buena, aunque por dentro sepamos que nada va bien y en Don es, precisamente, donde el final queda más ambiguo. Un retiro espiritual y ver sus problemas reflejados en otra persona le ayudan a encontrarse a sí mismo dentro de esa enorme comuna hippie, y de ahí surge el anuncio para Coca-cola. No es raro que un anuncio real salga en la serie, ya lo vimos con Lucky Strike y su It’s toasted, esta vez lo han llevado mucho más allá puesto que ha cerrado siete temporadas de una serie. Se supone que Don vuelve a McCann… Et voilá! Cocacola add!

Roger Sterling se da un homenaje a sí mismo, a lo que ha sido su personaje durante toda la serie y nos da varias escenas para reír junto a Marie, la madre de Megan. No sabemos si ha dejado McCann o si está de vacaciones pero esa escena con Marie en un café de Quebec nos recuerda mucho a todo lo que ha sido Roger.

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Y llegaron ellas

Joan, Peggy, Betty, Megan, Sally… Las mujeres de Mad Men han sido importantes desde el inicio de la serie, las conversaciones que tiene Don con tres de ellas así lo evidencian, su hija, su ex-mujer y Peggy han sido pilares fundamentales en la vida del protagonista y esas llamadas quedan como símbolo de ello. Joan y Peggy además, viven un momento en el que las dos están reconduciendo sus carreras (Joan creando desde cero su empresa como productora) y haciéndose hueco en ese mundo dominado por hombres. Por supuesto, el machismo queda reflejado en numerosas escenas de la serie, pero Matthew Weiner ha creado a dos personajes de los que sentirnos especialmente orgullosas. No podemos dejar de mencionar la escena de Peggy patinando junto a Roger en la antigua oficina y su posterior entrada en el edificio de MacCann, una imagen que quedará tatuada en nuestras retinas para siempre.

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Peggy, además, recibe una llamada telefónica que la deja en shock, la de su compañero Stan diciéndole I love you, Peggy. De esta manera, cierra el círculo que inició con Pete Campbell, un círculo en el que el binomio trabajo + relación sí queda reflejado. Joan, por su parte, se da cuenta de que la soledad no está tan mal cuando te vas a lanzar a tu propia aventura. En el otro lado vemos a Sally cuidando de una Betty que no para de fumar en todas sus escenas del episodio, y nos deja para el recuerdo la conversación entre Betty y Don en la que hemos gastado algún que otro pañuelo cuando se dicen honey birdie

Mad Men pasará a la historia de la televisión, trascendiendo y dejando un legado audiovisual en forma de obra de arte, porque es imposible concebirla de otra manera, por eso pagaríamos por ver más episodios o haríamos un crowdfunding para que tuviese más temporadas. Ha llegado el fin de una era, ha llegado el final de Mad Men

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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