Citas en verso: Valeria Román

Los versos de Valeria Román cruzan océanos.

Las “citas en verso” no cesan, y esta vez nos quedamos al otro lado del charco, concretamente en Perú, con Valeria Román Marroquín (Arequipa, 1999). Estudia Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y es miembro del colectivo sanmarquino de Poesía Sub 25. Fue publicada por primera vez en la revista Mutantres (Perú) y posteriormente en la antología física y virtual de poesía joven de Luna Miguel, Estabanlocos (España), así como en las antologías virtuales de La Tribu de Frida, Los Muchachos Ebrios Pasarás de Moda, antología de poesía joven iberoamericana. Ha aparecido en otras revistas físicas y blogs virtuales como Transtierros, Caleidoscopio, Hologramma, Círculo de Poesía (México) y COlombia LITeratura Alterntiva, entre otros. Está a punto de publicar su primer libro y respondió a nuestras preguntas con una mezcla de compromiso y optimismo vivaz.

Nokton Magazine: Tus textos están publicados en diversos medios digitales, así, ¿cuál es tu relación con las redes sociales y el mundo cibernético?

Valeria Román: No se puede negar el impacto de Internet con respecto a la literatura. Es imposible. Creo que hablar de mi propia relación con las redes sociales y el ciberespacio es, al fin y al cabo, hablar sobre cómo las últimas promociones de poetas han recibido esta ola. Internet ha abierto muchas posibilidades, tanto para escritores como para consumidores de literatura. Me explico puntualmente. Uno de los impactos más notables es la auto-publicación, o la difusión en general: ahora es mucho más fácil publicar. Un caso notable es J. Estiven Medina Ortiz, de Andahuaylas, el cual sacó un libro en PDF el año pasado.

Además, es mucho más fácil llegar a la gente, cualquiera que tiene acceso a Internet puede acceder a estas páginas. Partiendo de esto, encontramos otro punto que también es importante: la dinámica de Internet ha cambiado la idea del canon, o la de una tradición oficial. La cantidad de libros en PDF que existen en la red es impresionante, uno puede encontrar diferentes lecturas. Y todo esto es gratis. La tradición nacional ya no es imperante. Lo que señalé anteriormente es apenas la punta del iceberg. Existe también un tipo de literatura que aprovecha el soporte de Internet. Y solamente es posible en Internet. Está la narrativa hipertextual, por ejemplo: un tipo de novela escrita de manera no-lineal, donde el lector hace click en distintos links y navega por el texto, sin saber si ha acabado el libro o ha leído todas las páginas. Está también el uso del multimedia, como lo hace el colectivo Ánima Lisa. Se está aprovechando muy bien lo que nos ha ofrecido internet. Y espero que siga siendo así.

valeria-roman-lecturaNM: Para ti, ¿la poesía es un hobbie o una forma de vida?

VR: Francamente no sabría qué responder. No lo considero un hobbie, porque debo reconocer que escribir es algo que me ha acompañado por mucho tiempo y que me tomo en serio la cuestión. (…) Y a qué podríamos traducir eso de “vivir la poesía”: no lo sé. Es lamentable, de ahí nace este paradigma del poeta (mejor dicho, esta pose) que hace que sea extraño y vergonzoso adoptar el título. A veces ser un poeta significa amar a las mujeres y tomar una chela de vez en cuando (es decir, siempre).

Imágenes prohibidas, hace tiempo escuché algo así. Me parece una tontería. Es otra forma de no tomar en serio todo este asunto. Debo reconocer que alguna vez pensé que la poesía era una catarsis, ahora ya no lo veo así. Si fuera una catarsis, pues sería mejor que me dedicara a escribir un diario. No quiero que esto se entienda como si fuera malo escribir sobre lo íntimo. La mayoría de personas que escriben comienzan viéndose al ombligo, y creo que dentro de cada historia, o poema, existen algunas cosas que son de la vida del autor. El punto está en que cuando te dedicas a esto, ya comienzas escribiendo para otros. Eso debe ser tomado en serio. Pero sin olvidar nunca que sigue siendo un juego. Porque al fin y al cabo la poesía es una cosa muy juguetona, pero que tiene cierta carga de seriedad (un poco tácita, claro).

NM: En el poema ‘Pequeña reunión de promesas que todavía no están en vídeo’ leemos “cuando aprendí a mentir me olvidé de llorar”. ¿Podemos entender ‘mentir’ como una metáfora de la escritura?

VR: No lo había visto así, realmente cuando escribí esa línea no le vi ese sentido. ¿Cuando se escribe se miente? La ficción es ficción, punto. Claro, si tomamos en cuenta el hecho de que a través de la escritura contamos historias ficticias, inventadas, etcétera, pues sí, podríamos decir que cuando se escribe, se miente. El hecho está en que la escritura no asume ese peso. Hay un contrato por parte del lector y el autor al momento de leer. No niego el hecho de que la literatura pueda ser espacio de reflexión, pero el arte no tiene la responsabilidad de reflejar fielmente la realidad. Mucho menos tiene la tarea de confrontar directamente la problemática de la realidad.

NM: Se aprecia en tus textos una ruptura con el orden establecido a partir del distanciamiento de los elementos cotidianos. ¿Podemos considerar esto como una influencia de la poesía confesional?

VR: Sí, claro que lo es. Lo que he publicado en Internet es –en muchas ocasiones– de tono confesional. Normalmente lo confesional está ligado a la poesía juvenil, y admito que me siento orgullosa de ello porque creo que representa un tiempo de transición entre mis primeros textos hasta lo que estoy escribiendo ahora. Obviamente, a lo nuevo lo considero mucho más maduro. Pero he disfrutado escribir lo que está en Internet porque me he tomado la licencia de experimentar con otros registros y con otras formas. Eso es, justamente, lo que todo poeta joven debe hacer: experimentar. Tengo la impresión de que últimamente a muchos poetas les da vergüenza ese proceso y prefieren quedarse en un espacio cómodo o fácil. Es más fácil o cómodo que te aplaudan. No creo que se debería rechazar esa “poesía niña”. La adolescencia es normal. Es una época linda, pero con granos. Igual las escrituras jóvenes. Arriesgarse es necesario.

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Proceso de composición.

NM: ¿Tienes un hábito de escritura o lo haces cuando te asalta la inspiración?

VR: Antes lo hacía en cualquier momento. Ahora lo hago periódicamente. No soy de armar horarios y cronogramas, pero muchas veces es necesario. Y es así con la escritura. Uno no puede dejar de escribir, pero tampoco es saludable empujarnos a escribir todos los días. Es desgastador. Este ejercicio involucra también inteligencia y técnica. Es necesario también leer bastante. La inspiración es solamente una parte del proceso. Y esos procesos demoran, esos procesos son así.

NM: ¿Qué te hace elegir el género lírico y no el narrativo para la creación artística?

VR: No me gusta hablar de géneros: creo que la poesía tiene esta cosa tan bonita de ser todoterreno, y muchas veces forma un diálogo continuo con otras disciplinas. Es más, siento que la poesía muchas veces se diluye entre los límites de otros géneros. Ya no podemos decir que la línea divisoria entre poesía y narrativa es notoria. No sería sensato: esas barreras ahora son tenues y bastante ambiguas. Ya no hablamos de sonetos o de un texto alineado a la izquierda (si se quiere innovar, a la derecha): ¿realmente alguien podría decirme la diferencia entre poesía y narrativa hoy en día? Lo dudo.


NM: ¿Crees que las posibilidades para los poetas son similares en ambos lados del Atlántico?

VR: No estoy segura de cómo será la situación en España, pero tengo buenas referencias. Incluso una de mis poetas favoritas de todos los tiempos es española: Berta García Faet. Aun así creo que la movida en Latinoamérica está más adelantada. Creo que uno de los países más notables es México. Chile, Argentina y Brasil también son muy relevantes. Perú, por su lado, es un país que recién ha entrado a la cancha luego de tanto tiempo, y es que hay autores muy interesantes que están formándose o que ya han publicado sus primeros libros en lo que va de la década. Es importante replantearnos como poetas cuál es la tradición que estamos releyendo . Qué clase de compromisos asumimos y a qué responden los proyectos con los que nos comprometemos, no solamente como individuos, sino como colectivos. La labor de colectivo me parece muy importante.

En los años setenta, Hora Zero, por ejemplo, era un colectivo que estaba formado a modo de partido político. Ahora los colectivos han quedado relegados a meros canales de difusión. Y una difusión de sillón (¿alguien podría decirme qué tan relevante puede ser un colectivo si lo único que hace es copipastear ese poema de Vallejo que todo el mundo conoce o colgar una foto de algún verso de Blanca Varela?). Ya no se piensa en manada. Vamos, no es mera coincidencia que una vez llegada la posmodernidad y muertas las grandes convicciones filosóficas y políticas, la poesía peruana atraviese un tipo de “crisis” o decaimiento hasta la última década. Y es que estos colectivos han elegido cierto nihilismo como posición. Y es cierto, el nihilismo y la ironía son buenas armas para criticar o denunciar, pero apretar la herida no sirve cuando lo haces por demasiado tiempo. La denuncia es buena, pero la denuncia no implica una literatura comprometida. Por ningún lado. La posmodernidad también tiene mucho qué ver con este estereotipo (o pose, como se le quiera llamar) del poeta en la cima del mundo del que ya hablé. Queda mucho por hacer, pero no pierdo el optimismo todavía.

NM: ¿Piensas en un posible lector o te guías únicamente por lo que te interesa comunicar?

VR: Cuando uno piensa en lo que quiere decir, finalmente piensa en el tipo de personas que podrían estar leyéndote. Esa es una de las grandes odiseas del escritor: la posibilidad de comunicarse. Es difícil subsanar la distancia entre lector y poeta, porque entre ellos dos está la palabra. Y es que la palabra es una máquina rara que nos ha servido tan bien para llegar hasta donde estamos como especie, pero a la vez tiene fallos inimaginables al momento de ser usada para comunicarnos. Nos es difícil comunicar exactamente lo que queremos decir a otros. El poeta vive de estos fallos, pero también es un poco víctima de ellos.

NM: ¿Una influencia fundamental para ti?

VR: Mi papá. San Marcos (mi universidad) y todo lo que ocurre en ella. Mario Montalbetti. También Ludwig Wittgenstein.

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