Cinco obras para entender el arte contemporáneo

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Según como miremos esta escultura tiene una forma geométrica distinta. Aquí, es un hexágono. Foto: Joaquín Cortes/Roman Lores.

Un museo dentro de un museo. Quizás esa sea la frase que mejor sintetiza lo que está pasando en el Museo Reina Sofía estos días. Desde el pasado mes de marzo, uno de sus edificios (Sabatini) se ha convertido en la residencia temporal de la colección del Kunstmuseum Basel, considerado el primer museo público de la historia del arte. Más de 166 obras repartidas en dos exposiciones (Fuego blanco y Coleccionismo y Modernidad) de las que tan sólo 12 habían sido expuestas alguna vez en España.

Pero más que la cantidad importa la calidad. Porque entre los autores de esas piezas hay nombres como Kandinsky, Picasso, Cézanne, Van Gogh, Gris, Giacometti, Klee, Mondrian, Ernst, Rothko, Léger, Munch, Chagall, Gauguin, Renoir, Pissarro, Braque, Manet, Monet, Warhol, Andre, Polke… Es decir, una auténtica concentración de iconos del arte que nos permitirá recorrer años de historia en tiempo récord (el que tardemos en ver las exposiciones).

Es a través de estos iconos desde los que también es fácil captar las claves de las corrientes artísticas contemporáneas, muchas veces difíciles de comprender. Analizamos cinco de ellos, para entender el porqué de su importancia y disfrutar (aún más) de las obras que hay en Fuego blanco:

Georges Braque

El pintor francés fue, junto a Picasso y Juan Gris, uno de los impulsores del cubismo. “Imagínate un puzzle cuyas piezas no están colocadas en el orden correcto”, comenta una guía del Museo Reina Sofía para explicar el movimiento artístico. Y, en realidad, de eso trata el cubismo, de una imagen que el artista descompone y luego rehace superponiendo planos y mostrando varios puntos de vista. A veces, como en el cuadro de abajo, se incluyen objetos para que identifiquemos mejor lo que se quiere representar.

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Wassily Kandinsky

Probablemente las lecciones de música que Kandinsky tomó de joven le llevaron a querer ‘musicalizar la pintura’. Quería que el público empatizara con las obras de arte, que la pintura transmitiera sensaciones del mismo modo que lo hace una canción. Por eso, se empezó a interesar por el arte abstracto, que él entendía como una liberación del hombre, puesto que se aleja totalmente de su realidad. En la abstracción no se representan figuras conocidas u objetos reales, sino imágenes nuevas que existen independientemente de nuestro mundo. Como este Rojo fuerte del artista ¿O acaso habéis visto algo así en vuestra ciudad?

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Mark Rothko

“Puede que te guste o no, pero el caso es que te paras a mirarlo”. Así explica la guía del museo la impresión que causa en el espectador el imponente óleo negro de Rothko que se exhibe en Fuego blanco. Encuadrado en el expresionismo abstracto, el artista mostraba con algunas de sus obras las más básicas emociones del hombre: alegría, tristeza, tragedia… Es fácil adivinar que lo que expresa en el cuadro no es para nada una emoción feliz. Rothko pintó estas grandes piezas de tonos oscuros al final de su vida, cuando estaba sumido en un estado depresivo que le llevó al suicidio.

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Alberto Giacometti

Algunas esculturas más conocidas de Giacometti pertenecen al llamado surrealismo temprano, marcado por una “tensión entre la abstracción y la figuración”. En una de las ‘cabezas’ que podemos ver en Fuego blanco, el artista aborda la figura humana de un modo romántico y creativo, no tal y como es en la realidad. Giacometti, nos muestra su punto de vista del hombre, al que le alarga las extremidades y moldea de un modo muy peculiar que ya todos reconocemos. Esculpe lo que imagina (él decía que tenía ‘proyecciones’), igual que Dalí pintaba sueños.

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Carl Andre

Aunque menos conocida que la obra de coetáneos como Donald Judd, esta pieza de Carl Andre es perfecta para comprender el minimalismo. En ella, vemos cómo el arte se reduce a lo esencial: el artista elimina todos los elementos sobrantes, todos de los que puede prescindir para mostrar lo que quiere. Elementos esenciales, que en el caso de esta pila de madera, hubo que volver a reconstruir. En el museo nos cuentan que cuando la obra estaba en el estudio de Andre alguien por error la arrojó a la chimenea, creyendo que era leña.  Seguro que al prender, las llamas eran del color del arte, puro fuego blanco.

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Fuego blanco. La colección moderna del Kunstmuseum Basel puede verse hasta el 14 de septiembre en el Museo Reina Sofía de Madrid. De lunes a sábado de 10:00 a 21:00h. y los domingos de 10:00 a 19:00h. (martes cerrado). La entrada cuesta 8€.

Fotos: Museo Reina Sofía

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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