Canciones para una generación y una ¿nueva? lucha

Música para una lucha

Una mala noticia: 2015 va a ser un año electoral. Entre las elecciones municipales y autonómicas de la primavera y las generales que se anuncian para finales de año o principios del próximo, nos vamos a hartar de mítines, frases vacías y cancioncitas. Porque hace ya muchas décadas que aquellos que se dedican a las campañas electorales y a la propaganda saben que la música es un elemento clave para poder dar difusión a sus ideas. Que levante la mano aquel que no recuerde cómo suena el ritmillo que acompaña cada mensaje que lanza a los cuatro vientos el partido azul de las gaviotas. Seguro que muchos la estáis tarareando ahora mismo. ¿Quién puede hacer lo mismo con la música del partido de la rosa (y no la Díez)? Menos, ¿verdad? ¿Será por eso por lo que sus mensajes parece que calan menos? ¿Tendrá que ver con su descenso en número de votantes? Seguramente no, pero a nivel del imaginario colectivo tiene su peso.5742276863_8e5f5b7e74_z

Las canciones protesta nos identifican. Parece que hay tendencias políticas que están más en la línea de unos géneros musicales que de otros, sólo hay que recordar el ligero revuelo que se montón cuando Lourdes Hernández (aka Russian Red) reconoció en una entrevista de qué pie político cojeaba. Eso no le quita valor a su música ni a su estilo, pero algunos empezaron a mirarla de otra manera. Por otro lado, nadie que conozca su música dudaría del color de las papeletas con las que vota Ismael Serrano, por no hablar de Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel o Paco Ibáñez cantando en el Olympia para los exiliados españoles en Francia, aquellos que recuperaron musicalmente a poetas condenados al olvido por la cultura franquista cantando a la libertad y a enterrarlos en el mar. Aquellos que cantaban en las lenguas cooficiales, que estuvieron tantos años prohibidas, también hacen gala de su posicionamiento político, como Mikel Laboa o Lluis Llach, que para muestra sirva cómo los miembros de Podemos, reunidos en el Palacio de Vistalegre de Madrid en un mitin fundacional, se abrazaban y cantaban a voz en grito, con algún que otro puño izquierdo levantado, ‘L’estaca’ del cantautor catalán. Meses después agradecía emocionado ese gesto de la nueva agrupación política en un programa de televisión nacional.

Canciones pasadas, antiguas, que sirven muchas veces como reivindicación nostálgica pero que muchas veces no nos identifican como generación. La generación de los que nacieron (nacimos) en los ochenta, en el seno de familias con ciertas inquietudes políticas, perdieran o ganaran sus abuelos la terrible guerra del 36, son capaces de tararear coplillas populares que se cantaban cerca de los frentes de combate. Muchas veces no acabamos de saber de qué color eran los compositores de las cancioncillas, aunque algunos himnos no tienen margen de error y son los que pervivieron durante décadas de dictadura. A los del bando republicano los intentaron callar con el exilio exterior o interior y perdimos una parte importante de la cultura popular de nuestro país. Pero gracias a algunos soldados de las Brigadas 2743385817_f31c382673_mInternacionales, aquellos que vinieron a España a luchar contra el fascismo y por la democracia, algunas de las canciones que cantaban en sus momentos de descanso no se han perdido. Ahora el sello alemán Bear Family lanza un disco recopilando grabaciones de canciones republicanas de la Guerra Civil. Una visión parcial de la realidad histórica que puede ser criticable, pero esta parte del conflicto quedó a la sombra durante demasiado tiempo y los responsables del sello no querían incorporar a aquellos que no defendieron la democracia. Versiones de el Himno de Riego, ‘¡Ay, Carmela!’ o la canción de la batalla del Jarama se mezclan con una aparente carencia de conocimiento histórico con canciones que compartían las trincheras de ambos bandos como la triste, guerrera (y con versiones sublevadas o republicanas) ‘Si me quieres escribir’, porque a veces que lucharas por un color u otro dependía de algo totalmente aleatorio cuando se era un simple peón en el tablero de la batalla. A pesar de todo, es una de las selecciones más completas de himnos de liberación que identificaron a una serie de generaciones a las que les tocó luchar contra la opresión de un sistema dictatorial que utilizaba la brutalidad y el miedo para intentar controlar a la población.

Han pasado los años, los ciclos políticos y/o económicos, hasta hay quien dice que hemos pasado una transición que nos ha llevado a una democracia de pleno derecho. Muchos ven esos cánticos pasados contra el poder que aplasta al pueblo como unas melodías evocadoras que pueden inspirar a las nuevas generaciones en su lucha, porque todavía queda mucho por lo que batallar. Lo que no está tan claro es que sirvan como himnos propios. Algunos de los músicos más interesantes de la escena actual han recuperado varias de esas viejas canciones, como Javier Vielba, El Meister, con la versión del ‘Gallo rojo, gallo negro’ en su Bestiario, pero ¿hemos de tomarlo como una recuperación del tema para que vuelva a tener el mismo sentido que tenía en el 78 cuando Chicho Sánchez Ferlosio la colocó al nivel de ‘La Internacional’? El espíritu combativo aparece en algunos temas de rap o de ska, géneros aparentemente más pegados a la calle, como en las rimas de Calle 13 o en los saltos lúdico/festivos de Ska-p, pero da la sensación de que no acaban de conseguir esa unidad estética y social que consiguieron otros en otro tiempo.

Aunque con paralelismos, se nos antoja que las luchas actuales no son las mismas que las de entonces y que cada nueva liza generacional requiere de unos códigos propios expresivos y discursivos. En una sociedad globalizada, plural, con fuentes culturales y estéticas de lo más diversas, ¿es posible elegir un único símbolo que abarque las necesidades de reivindicación y rebeldía de todos? En la música, como en el arte, la literatura o cualquier expresión cultural, que elegimos para que nos acompañe en lo que tenemos que seguir peleando se dice mucho más de lo que parece, quizás porque será algo que identifique esta parte de la historia de cara al futuro.

Fotos: Jorge Mexicano (cc) / Esperanza Aguirre Gil de Biedma (cc) / ed ed (cc)

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