Buena Vista Social Club, cuando el mundo se puso a bailar

La música cubana llegó lejos, lejos, lejos...

Dicen que con un buen ron en la mano, la brisa marina acariciando nuestra cara y los mejores amigos y cómplices a nuestro lado solamente pueden salir bien las cosas. Estamos seguras de que muchos discos de la Roca Madre salieron (y saldrán) de una situación similar a la descrita, pero si hay un sitio en el que estos ingredientes se combinan a la perfección es en La Habana. La ciudad cubana que fue cuna de Buena Vista Social Club, mucho más que un disco que, ahora hace 20 años, volvió a poner a la música cubana a la vista de propios y profanos.

Pero la historia empieza muchos antes de que el director de cine Wim Wenders se fijara en ese grupo de músicos cubanos. El origen del Buena Vista Social Club es una asociación lúdica y cultural del popular barrio de Buena Vista de la capital cubana fundada en 1932, en la que se reunían la gran mayoría de las personas de raza negra de la ciudad. Por el día se habilitaba un ring de boxeo en el patio del establecimiento, se jugaba al dominó y a las cartas. Cuando caía el sol, las reuniones se establecían en torno a la música y el baile. Para los varones era obligado vestir traje o guayabera, con zapatos de dos colores. Las damas también deberían acudir a la cita con sus mejores galas. Tal fama alcanzó como punto de encuentro e intercambio de ideas que incluso inspiró temas de guaguancó o de danzón de la mano de Arsenio Rodríguez o Israel López, ‘Cachao’.

Juan de Marcos González, artífice real de este resurgimiento musical, aprovechó el talento creativo que se reunía entre las paredes del Club Social Buena Vista antes de su cierre tras la Revolución Cubana, para formar una banda, la Afro Cuba All Stars. Aquí el destino y sus contrariedades jugaron a favor de la historia de la música. La orquesta con la que quería grabar Juan de Marcos González, en colaboración con el productor norteamericano Nick Gold y el guitarrista Ry Cooder, conjugaba músicos de la tierra con africanos, pero estos últimos se quedaron en tierra por motivos burocráticos. Finalmente, en el estudio de grabación se pusieron a crear Cooder acompañado de Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Eliades Ochoa, Rubén González, Orlando ‘Cachaíto’ López, Manuel Guajiro Mirabal y Omara Portuondo. Pura magia fluyendo por voces, instrumentos e improvisaciones para crear un disco único.

Puesto en circulación, el disco Buena Vista Social Club logró un Premio Grammy en la categoría de música tradicional un par de años después. Este galardón sirvió como impulso para un renacimiento del son y la trova tradicional de la isla. También provocó que este grupo de músicos, que entre todos acumulaban un buen carro de años, salieran de La Habana para hacer gira de conciertos por medio mundo, cosechando mucho tiempo después el éxito y el reconocimiento que merecían aquellos ritmos.

Aunque pronto faltaron algunas de las caras más conocidas de la formación original, como Manuel Licea, ‘Puntillita’ muerto en 2000, Compay Segundo o Ibrahim Ferrer muertos en 2003 y 2005 respectivamente, a los músicos más veteranos, los que cuidaban con mimo aquella ‘vieja trova’, se les unieron algunos mucho más jóvenes que querían rendir homenaje a sus raíces musicales. En 2015 se realizó el ‘Adiós Tour’ con el que se despedían definitivamente de los escenarios con la misión más que cumplida.

Cuba es música en cada calle, en cada escalera y en cada rincón. La isla es ritmo y raíces, bailes y mezcla de culturas, desde las influencias esclavistas negras hasta la imperante cultura norteamericana que se filtraba en el malecón a través de los cubanos que miran la isla desde La Florida. Buena Vista Social Club fue solamente una plasmación de cara al mundo de la esencia de un país y su cultura.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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