‘Berserker’: posthumor en el thriller

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Una cabeza aparece atada con cinta aislante al volante de un coche. Una cabeza, sangrante, violentamente arrancada de su cuerpo. Este planteamiento, que podría pertenecer a Se7en (David Fincher, 1995) o cualquier otro thriller de Hollywood, es el que desencadena toda la trama de Berserker (Pablo Hernando, 2015). Un escritor pobre, de vida desnortada y carente de empatía, oye de pasada esta historia y se obsesiona por los motivos que han podido provocar esta reacción. No le importa el suceso en sí, ni el estado mental o emocional de la persona que lo haya causado, ni el de nadie a su alrededor; él se obsesiona por lo insólito de una cabeza pegada a un volante.

Así que se pone a investigar. Novelista estancado en un proyecto que le han encargado y que le impide desarrollar su potencial, por fin encuentra la salida a su situación al tratar de desentrañar este misterio para posteriormente parasitarlo en forma de reconstrucción literaria. Un caso estrambótico que esconde toda la oscuridad de un mundo implacable, opaco y en el que entrar supone poner en peligro la vida.

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Julián Génisson.

Una vez expuesto el planteamiento, cabría preguntarse por qué la última película en solitario de Pablo Hernando es un refrito del género, en el que aparecen personajes prototípicos y la historia es un lugar común de conspiraciones y organizaciones de corte sectario. La respuesta es sencilla: porque la verdadera clave del cine está en la forma, en el manejo del contenido; a fin de cuentas, en el cómo, y no tanto en el qué. Hernando estrenaba hace unos meses Esa sensación (2015), dirigida a seis manos junto a Juan Cavestany y Julián Génisson. No se trata de un director al uso, en sus manos, un thriller-pastiche se convierte en una poética arma del desconcierto.

Para ello cuenta con Julián Génisson, íntimamente relacionado con él. Aparte de ser integrante del trío Canódromo Abandonado –junto a la actriz Lorena Iglesias–, es uno de los tres directores de la película grupal mencionada, en la que interpreta un pequeño papel, y es el protagonista de Berserker –en estas dos últimas películas mencionadas, la propia Lorena Iglesias también actúa–. Demasiada gente outsider como para que proyecto aparentemente convencional finalmente lo sea. Por suerte, la virtuosa rareza se impone sobre los caminos marcados. El resultado es una de las películas más estimulantes del panorama actual, y una de las mejores que ha seleccionado el Atlántida Film Fest, certamen online organizado por la plataforma de VOD Filmin, que desde el 27 de junio al 27 de julio ofrece un total de 60 títulos, entre los que se encuentra la cinta de Hernando, en la categoría Generación.

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Lorena Iglesias.

En la historia no aparecerá nada que no se haya visto antes. Un protagonista desastroso, con dificultades para pagar el alquiler pero ninguna para drogarse con sustancias legales, que vive en una nube de humo de tabaco y aplaca su delicada situación con una total apatía frente a las personas que lo rodean. Frente a él, una trama conspiranoica, en la que el público sabe tan poco como su protagonista, cada vez más turbia y que pondrá en peligro a este y a sus allegados.

Entre ellos, destaca una siempre sensacional Ingrid García-Jonsson, quien en sus pocos minutos de metraje deslumbra con su lenguaje gestual y confirma que sus verdaderas intenciones están en hacer un cine arriesgado y personal. Esta trama, tantas veces vista, es sólo el pretexto para desarrollar el juego que le interesa a Pablo Hernando. Un juego que implica que los códigos se mantengan inamovibles. Al director le interesa reformular los estándares del género y aplicar su habitual tono existencialista, en el que la tragicomedia es tan voluntariamente indefinida que es la audiencia la que debe decidir cómo reaccionar ante lo que se le ofrece –como tan buen resultado le ha dado a otro de su generación, Carlos Vermut–.

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Ingrid García-Jonsson.

El enfoque es pretendidamente anticlimático y la risa es incómoda, sibilina. Una atmósfera frialdad que se apoya en una fotografía blanquecina, de tonos pálidos, que encuadra no-lugares como escenarios en los que ambientar las escenas. Esta investigación de andar por casa no es otra cosa que una continua búsqueda frustrada, el intento de alcanzar la verdad que empieza a palparse con la yema de los dedos pero nunca llega a agarrarse a puño cerrado.

Lo que late con fuerza es la esencia de un cine muy personal, tan profundo que no necesita esforzarse en demostrarlo.

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Julián Génisson y Rocío León.

La manera de filmar de esta hornada de cineastas, entre los que el más conocido es el anteriormente citado Juan Cavestany, destaca por una puesta en escena voluntariamente descuidada, con una precariedad de medios que es parte del estilo, aunque no queda claro si es causa o consecuencia de hacer este tipo de cine en España –Berserker sólo ha sido posible gracias a una campaña de crowdfunding–. Sea como sea, lo que destaca en esta manera de entender la narración en imágenes es una mirada existencialista, alejada de todo exceso melodramático y con un poso que cala con el paso del tiempo, cuando la película ya ha terminado, y nunca por avasallamiento o subrayados a lo largo del metraje.

Fotos: Berserker, página oficial de fans de Facebook

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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