Beberse el Festival de Málaga

“Todos los caminos van a Málaga”, pensé al aterrizar en la estación de Atocha y tropezar en el andén con Álex de la Iglesia y Carolina Bang. Cuando bajamos del tren en la estación María Zambrano, Alejandro Tous y Ruth Núñez se unían también al grupo de actores, directores y otros tantos profesionales del cine que eran recibidos por miembros del certamen. Del calor del público y el fenómeno fan malagueño supe segundos después cuando enfilando la salida tuve que sortear un comité de adolescentes que rodeaba y se hacía selfies con José Luis García Pérez mientras intentaba captar por la tangente a Pepón Nieto. Málaga en días de certamen es lo más parecido a la versión patria del Hollywood de las estrellas, con su paseo marítimo por Paseo de la Fama y el Teatro Cervantes haciendo sombra al Dolby Theatre.

En Larios, una peatonal prima hermana de la calle Fuencarral, una inmensa alfombra roja recibe a los recién llegados en un recorrido por imágenes en blanco y negro del vínculo cinematográfico de la ciudad. De la niña Marisol al guaperas en edad moza de Antonio Banderas. Las terrazas a rebosar, el sol inagotable, el espacio abierto al mar y una avanzadilla de la huella histórica (íberos, fenicios, griegos, cartagineses romanos y musulmanes) en su teatro romano y la Alcazaba, de postal al costado del clásico Cine Albéniz. Cuando te quieres dar cuenta, la cultura te ha rodeado con la placidez de estar en casa y te pide beberte a tragos largos la pantalla y lo que la trasciende.

Dado el pistoletazo de salida con la gala de inauguración y el coral plano secuencia de Hablar (Joaquín Oristrell), mi fin de semana festivalero tiene la estructura de un encaje de bolillos. La suerte de planificación muta según surgen entrevistas y se descubren otras posibilidades en la guía de programación. Abarcarlo todo es imposible por aquello de la inviabilidad de estar en dos sitios a la vez y, por cinefilia más que por deformación profesional, una quisiera: Catar todas las películas de Sección Oficial, no dejarse ni una propuesta en Zonacine, probar con Málaga Premiere, asistir a las jornadas sobre la mujer en el audiovisual, echarle un ojo a los documentales, pimplarse un pack de Cortometrajes Panorama, darse un voltio por la Carpa Fnac para escuchar a ese prodigio llamado Ángel Stanich… No me da el minutero ni para pisar Territorio Latinoamericano. Soy una acaparadora en sumo grado, lo admito, pero el certamen está felizmente copado por acaparadores y periodistas cinéfilos como yo y según nos cruzamos nos saludamos el tiempo suficiente para señalarnos nuestro próximo destino y, del anterior, el formato tapa de una crítica en proceso.

Los héroes del mal, la ópera prima de Zoe Berriatua, me deja huella. Una oscura trama sobre la justicia del ojo por ojo con un planteamiento coreográfico acorde a su sinfónica banda sonora y las sólidas actuaciones de su joven reparto. Me quedo con los nombres: Jorge Clemente, Beatriz Sánchez y Emilio Palacios. Sospecho que alguna nominación a Actor o Actriz Revelación caerá por aquí para los Goya del 2016.

En las entrevistas del absorbente drama Oliver´s Deal (La deuda), de Barney Elliot, converso con su director y los actores Alberto Amman y Carlos Bardem acerca de localismos frente a globalización, las mangas anchas de la legalidad en terrenos éticos y la deshumanización de las personas. “La película está situada en Perú, pero podría identificarse con cualquier país europeo o España” me dicen. La realidad desestabiliza desde la ficción.

Cambio de tercio. Cómo sobrevivir a una despedida, la ópera prima de Manuela Moreno, nos saca una sonrisa a las 9 de la mañana. Para la generación de los 90, las Spice Girls forman parte del harén de recuerdos intocables. Las féminas somos guerreras y su equipo lo trae de fábrica. Desparpajo y kilos de humor interactuando con la prensa.

LittleSecretFilm regresa al Festival para presentar dos nuevos retoños y los conocemos de primera mano. Pablo Maqueda, el creador de la iniciativa y director de uno de sus títulos de culto, nos hace de padrino y nos acompaña en la relajada charla con el dibujante Manuel Bartual, estrenado en la dirección, y los actores Ingrid García Jonsson, Rocío León, David Pareja, Cristina Gallego y Daniel Pérez Prada. Todos tus secretos equivale a un intrigante thriller multipantalla rodado con webcams con la amistad y su hipocresía en primer plano. Por no hablar del peligro de las redes sociales.

Sobre la verdad, lo imaginado y confidencias fuera de campo trata la segunda criatura, Todo el mundo lo sabe, de Miguel Larraya con Bárbara Santa-Cruz en su reparto. Escuchas, un caso de corrupción e información desconocida que incitan al espectador a tergiversar una respuesta a medida. Propuesta muy sugerente como la de Víctor Clavijo en Sicarius. Su interpretación de un asesino a sueldo en una carrera temporal por acabar con la vida de quienes perturbarán la suya por no obedecer un encargo cala hasta los huesos. Enigmática y construida al dente. Su director Javier Muñoz nos contaba como el vecino cívico, amable y de gesto servicial podría ser el peor enemigo, el mayor antihéroe, tu ejecutor. El silencio. La noche.

Nos despedimos del festival refrescando latinismos. Miriabilis, de Clara Martínez-Lázaro (¡sí, ya van dos mujeres directoras!) emplata una historia de amor en forma de fábula, donde el karma y la nebulosa de los sueños conforman una simpática y curiosa narración entre jardines botánicos con Roberto da Silva y Sara Martín como protagonistas y la intervención del cómico y actor Juanra Bonet de psiquiatra.

Los homenajes del Festival a Paco León y Antonio de la Torre propiciaron estampas inolvidables. El actor y director recibió el Premio Eloy de la Iglesia de manos de su tío y padre en la saga Carmina… bailando en tutú El lago de los cisnes. No hubo que requerir besos. Jon González y Aitor Luna se entregaban a la causa fotografiados por Manuela Velasco y la actriz Belén López se marcaba un cante para tocarle la fibra sensible al comediante. Por su parte, el camaleónico intérprete de Caníbal o Felices 140 fue reprendido en directo por el omnipresente Álex de la Iglesia por pedirle en el rodaje de Balada Triste de Trompeta que llamara a Daniel Sánchez Arévalo para que le dirigiera en una escena que no terminaba de cuajar. Se la tenía guardada, vaya. Anécdotas de libro que complementarían bien con las escenas de hordas fanáticas y fotos a quemarropa de la alfombra roja.

Tras diez días de cine español y repartiendo biznagas entre algunos participantes concluirá la 18 edición del Festival de Málaga. Quizás hablemos en la próxima edición que éste fue el año de Ben Temple, que ha presentado en el certamen Matar el tiempo y que tiene pendiente de estreno la serie de la BBC Refugiados y las nuevas películas de Isabel Coixet y Fernando León de Aranoa. La actriz Alicia Borrachero, dama interpretativa de raza y esposa del intérprete, nos contaba frente al Cervantes la carrera de fondo de un actor americano que se enamoró de una española en Nueva York y decidió mudarse.

Para todo ha habido hueco en el viaje. Hasta para regresar a Madrid con José Sacristán y Gemma Cuervo en sus asientos comentando aún emocionados el homenaje que rindieron a su amigo Fernando Fernán Gómez en la proyección El mundo sigue, su película maldita. Hasta para subir, sin soltar línea de tierra, en El Juan Sebastián de Elcano y de mano del crítico y director Alejo Moreno surcar los mares a vela, llueva y ventisque sobre el puente. El mundo sigue, ya lo decíamos, y el cine español también. Hasta el año que viene Málaga. A tu salud un Pedro Ximénez.

Fotos: Festival de Málaga / Mariasun Miquel

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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